
Expertos revelan secretos para conservar la carne fresca y evitar riesgos en el hogar
Actualidad20/07/2026
REDACCIÓNUn especialista frigorífico compartió guía de tiempos en heladera y freezer, y métodos de almacenamiento para asegurar la calidad y salubridad de la carne.

Un especialista del sector frigorífico brindó una guía para manipular la carne con el rigor y el cuidado que merece, destacando que «ante la menor duda, no se consume». Esta recomendación profesional subraya que la seguridad alimentaria no depende exclusivamente de la vista o el olfato, ya que existen bacterias que no alteran el aspecto del producto. Las señales prácticas de una carne en mal estado incluyen un olor agrio o rancio, una textura pegajosa y colores verdosos o grises apagados.
Es fundamental comprender que la seguridad alimentaria va más allá de lo evidente a simple vista, requiriendo atención a los detalles. Aunque la carne puede oscurecerse naturalmente por oxidación, la presencia de tonos inusuales o manchas extrañas representa una alerta ineludible. La manipulación posterior a la compra y su correcto aislamiento en la zona más fría de la heladera resultan determinantes para su conservación.


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Los tiempos de conservación de la carne cruda en la heladera varían considerablemente según el corte y su manipulación. Un corte entero de carne vacuna, como un bife o un lomo, puede permanecer refrigerado entre 3 y 5 días si está correctamente protegido. La carne picada, en cambio, tiene un margen mucho menor y debe consumirse dentro de las 24 a 48 horas posteriores a su compra, debido a que su proceso aumenta la superficie de contacto y distribuye posibles bacterias.
En el freezer, los cortes enteros de carne vacuna pueden conservarse entre 6 y 12 meses, aunque un tiempo prolongado puede llevar a la pérdida de textura o quemaduras por frío. Es crucial congelar la carne el mismo día de la compra si no se consumirá pronto, evitando interrumpir la cadena de frío. El frío únicamente detiene el deterioro, por lo que solo debe freezarse carne que esté fresca desde un inicio.
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Para almacenar la carne de forma óptima, es indispensable mantenerla protegida, limpia, separada y adecuadamente refrigerada. Si el producto viene envasado al vacío y su empaque está intacto, lo mejor es mantenerlo así para reducir el contacto con el oxígeno. Para cortes sueltos, se recomienda trasladarlos a un recipiente limpio con tapa o a una bolsa apta para alimentos, eliminando todo el aire posible. El papel de carnicería y el papel aluminio no son recomendables para un almacenamiento prolongado, ya que no sellan herméticamente y facilitan la contaminación cruzada.
Por regla general, todos los cortes de carne vacuna pueden congelarse crudos, siempre que la carne esté fresca al momento de la congelación. Se aconseja fraccionar la carne en porciones familiares antes de freezar para evitar descongelar bloques grandes de manera innecesaria. Los cortes de cocción prolongada, como el osobuco o el roast beef, toleran el freezer de manera excelente, mientras que para cortes más delicados como el lomo es preferible el consumo fresco. Las preparaciones con carne cocida también son aptas para el freezer, siempre que se enfríen rápidamente y se guarden en recipientes rotulados.
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El término «abombada» hace referencia a una carne alterada, con signos claros de descomposición, incluyendo un olor putrefacto y una textura viscosa. En el caso de productos al vacío, la hinchazón del envase por acumulación de gas microbiano es una señal inequívoca de este estado. Es un error fundamental intentar lavar la carne para eliminar el mal olor, ya que un producto en mal estado no se recupera y debe ser descartado. Es crucial distinguir esto del olor concentrado y suavemente ácido que la carne al vacío puede desprender al abrirse, el cual se disipa en pocos minutos.
Los recipientes plásticos aptos para alimentos, higienizados y con cierre hermético, son una buena opción para conservar sobras de carne y achuras. No obstante, la separación de los alimentos es innegociable, evitando mezclar carne cruda con achuras crudas o con alimentos listos para el consumo. Las achuras como los chinchulines o las mollejas presentan mayor humedad y requieren extremo cuidado, por lo que deben guardarse en recipientes independientes. Las sobras de carne cocida deben consumirse en un plazo de 2 a 3 días, asegurándose de recalentarlas a una temperatura elevada.
Para garantizar una correcta conservación de la carne en el hogar, es indispensable adoptar hábitos sencillos pero efectivos en la cocina. Un consejo fundamental es rotular siempre los envases con las fechas de compra o congelamiento para llevar un control estricto de su vida útil. Asimismo, utilizar tablas y cuchillos diferenciados para carnes crudas y alimentos cocidos previene de forma efectiva la contaminación cruzada en el ambiente doméstico. La seguridad alimentaria es un trabajo continuo que se inicia en la industria y se consolida con el cuidado de cada familia en su cocina.
Fuente: LA NACION.















