
La fonoaudióloga María Florencia García explicó en #LA17 por qué los acúfenos y la audición fluctuante requieren observar también la mandíbula y la postura.

Un zumbido persistente, una sensación de oído tapado o la impresión de escuchar diferente según el momento del día pueden revelar algo más que un problema auditivo aislado. El estrés, el bruxismo, la inflamación mandibular y la postura corporal pueden intensificar síntomas que ya existían o volverlos perceptibles. Por eso, la respuesta no siempre se encuentra únicamente en un audífono o dentro del consultorio de otorrinolaringología.
La licenciada María Florencia García abordó esta relación durante su columna de salud por #LA17. La profesional explicó que algunas personas conviven durante años con una hipoacusia leve sin advertir señales importantes, hasta que una etapa de tensión modifica la percepción. “Vino el amigo estrés y aparecieron otros síntomas”, señaló al mencionar acúfenos y cuadros vertiginosos.


Los acúfenos son sonidos que una persona percibe sin que exista una fuente externa que los produzca. Pueden presentarse como zumbidos, silbidos o ruidos constantes, y en algunos casos acompañan una disminución auditiva. García indicó que el estrés probablemente no sea el origen único, pero puede aumentar la intensidad con la que el paciente los registra.
La atención permanente sobre el síntoma también influye en la experiencia cotidiana. Cuanto más preocupa el ruido, más espacio ocupa y mayor puede resultar la molestia, especialmente durante momentos de silencio o descanso. “Cuanto más relevancia le demos a esto, más intensidad va a tener”, explicó la fonoaudióloga.
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Algunos pacientes describen una audición fluctuante y aseguran que escuchan mejor en ciertos horarios. Otros se levantan con una sensación de bloqueo que disminuye a medida que transcurre la mañana. Ese cambio puede relacionarse con la tensión acumulada durante el sueño y no necesariamente con una variación real de la capacidad auditiva.
García recordó el caso de una persona que escuchaba poco al despertar y recuperaba progresivamente su percepción durante las horas siguientes. Al ampliar la consulta, supo que el paciente había roto su placa para el bruxismo y tenía pendiente un tratamiento odontológico. La inflamación producida al apretar los dientes durante la noche era la causa probable de esa diferencia matinal.
La articulación temporomandibular se encuentra muy cerca del oído y comparte músculos, tensiones y estructuras con otras zonas de la cara y el cuello. Cuando una persona aprieta los dientes, mantiene rígida la mandíbula o duerme con una postura incómoda, puede levantarse con dolor, presión o una percepción auditiva diferente. “Se levantaba con todo inflamado de tanto que había bruxado”, describió la profesional.
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Por ese motivo, una consulta por acúfenos puede incluir preguntas que inicialmente parecen alejadas del oído. La posición de la lengua, el contacto entre los dientes, la postura de los hombros, el descanso y el estado emocional aportan información relevante. García contó que algunos pacientes se sorprenden cuando les pregunta cómo se sientan o cómo relajan el maxilar.
El tratamiento puede requerir la participación de distintas especialidades. La fonoaudióloga mencionó derivaciones a otorrinolaringología, odontología, kinesiología y psicología, además de evaluaciones posturales y controles auditivos. “Hay que realmente entendernos como seres integrales, no somos partes”, resumió.
El audífono puede mejorar la calidad de vida cuando existe una pérdida auditiva, pero no siempre resuelve por sí solo las tensiones asociadas. Una placa odontológica, el tratamiento de una pieza dental, la reeducación postural o el acompañamiento psicológico pueden completar el abordaje. La posibilidad de obtener mejores resultados aumenta cuando cada profesional observa el mismo cuadro desde su especialidad.
García también propuso un ejercicio sencillo para realizar antes de dormir. La lengua debe colocarse sobre el paladar, sin apoyarse contra los dientes superiores, y generar un pequeño vacío similar al movimiento previo al sonido del “caballito”. La posición debe sostenerse con la boca cerrada, respiración nasal y los hombros relajados.
El objetivo es disminuir la carga sobre el maxilar y favorecer la relajación de los músculos que intervienen en la articulación temporomandibular. Si una persona se despierta con dolor o descubre que volvió a apretar los dientes, puede repetir conscientemente la posición antes de retomar el sueño. “Vas a lograr que el maxilar esté relajado”, aseguró la especialista durante la demostración radial.
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La práctica no reemplaza una evaluación profesional ni resuelve todos los cuadros de bruxismo, acúfenos o hipoacusia. Sirve como una herramienta inicial de conciencia corporal que puede acompañar un tratamiento indicado según cada paciente. El dato central está en observar cómo duerme, respira y sostiene la mandíbula, en lugar de esperar a que el síntoma desaparezca sin conocer su origen.
Los controles permiten detectar pérdidas auditivas leves y descubrir conexiones con problemas odontológicos, musculares o emocionales. García recomendó contar al profesional todos los cambios, aunque parezcan poco relacionados con la consulta principal. Una muela pendiente, una placa rota o semanas de tensión pueden aportar la información que falta para comprender por qué el oído comenzó a molestar.
Las consultas con Audiología Madryn pueden coordinarse al 280-505-4777 y también mediante la cuenta de Instagram @audiologia.madryn. La evaluación deberá definir qué especialidades necesita cada caso y qué tratamiento resulta adecuado. El síntoma puede sentirse en el oído, pero su abordaje exige revisar el cuerpo y las condiciones que lo rodean.
















