Cuatro de cada diez prendas informan una composición distinta a la real

PODCASTS Radio Francia Internacional23/07/2026REDACCIÓNREDACCIÓN

Un estudio europeo detectó fallas en el 37% de 132 prendas: las compras online mostraron más incumplimientos y las bufandas encabezaron los casos.

Etiquetas en la ropa. Foto Home Healthy Home
Etiquetas en la ropa. Foto Home Healthy Home

Elegir una prenda por su contenido de algodón, lana, viscosa o poliéster implica confiar en una información que no siempre coincide con el producto. El podcast Mundo Ciencia, de Radio Francia Internacional, reveló que el 37% de las prendas examinadas por la Unión Europea tenía etiquetas inexactas sobre las fibras utilizadas, sus proporciones o su denominación. La diferencia puede convertir una compra aparentemente conveniente en la adquisición de un artículo fabricado con materiales distintos o más baratos que los prometidos.

La inspección abarcó 132 productos seleccionados en ocho países europeos, desde Finlandia hasta Chipre, con muestras obtenidas tanto en comercios tradicionales como a través de internet. Las prendas fueron reunidas por autoridades nacionales y enviadas a un único laboratorio acreditado en Italia, una modalidad que permitió compartir recursos y aplicar el mismo criterio técnico. El análisis incluyó bufandas, camisetas, blusas, suéteres, ropa deportiva, prendas para dormir y artículos destinados a bebés.

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Las diferencias entre categorías mostraron que el problema no se distribuye de manera uniforme. Las bufandas registraron un 80% de incumplimiento, las prendas para la parte superior del cuerpo llegaron al 54% y la ropa para bebés alcanzó el 25%. A esa desigualdad se sumó el canal de venta: el 46% de los productos comprados por internet presentó fallas, frente al 36% de los obtenidos en locales físicos. Los datos indican que la imposibilidad de revisar la prenda antes de pagar aumenta el riesgo para quienes compran desde una plataforma.


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Las irregularidades detectadas no respondieron a una sola maniobra. Algunas etiquetas nombraban correctamente las fibras, pero declaraban porcentajes distintos de los comprobados en el laboratorio; otras ocultaban componentes más baratos o utilizaban nombres que no correspondían con el material real. En las mezclas de fibras naturales y artificiales, la tasa de incumplimiento llegó al 64%. El problema afecta tanto el precio como las cualidades que el consumidor busca, entre ellas la textura, el abrigo, la resistencia o el origen natural de la tela.

Victoria Piedrafita, jefa adjunta de la unidad de vigilancia del mercado de la Dirección General de Mercado Interior de la Comisión Europea, explicó que la investigación formó parte de las Acciones Conjuntas sobre Conformidad de los Productos, conocidas como JACOP. “Había un incumplimiento bastante alto de un 37 por 100 de esas etiquetas, respecto a lo que se pide en la legislación europea.” El programa reúne a los organismos de control de varios Estados para realizar inspecciones coordinadas y detectar mercadería que no respeta las normas comunitarias.


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Los resultados activaron respuestas diferentes según la gravedad de cada caso. Algunos artículos tuvieron que ser retirados del mercado, mientras que otros pudieron continuar a la venta luego de que sus fabricantes corrigieran la información consignada. Las autoridades también iniciaron acciones para recordar a las empresas sus obligaciones e informar a los compradores sobre las señales que pueden ayudar a identificar una prenda poco confiable. La presencia de una etiqueta no alcanza por sí sola: también importa que incluya datos precisos y verificables sobre quién produjo o comercializó el artículo.

La investigación encontró un porcentaje mayor de incumplimientos entre productos procedentes de países externos a la Unión Europea, especialmente dentro de las ventas digitales, aunque la entrevistada evitó identificar plataformas o empresas. “Las pruebas revelaron es que la tasa de incumplimiento de las compras en línea era mayor que las de los artículos en tiendas físicas.” Frente a esa dificultad, Piedrafita recomendó comprobar si la etiqueta contiene el nombre del productor, una dirección, un contacto o un sitio web que permita determinar quién responde por la mercadería.


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La Comisión Europea trabaja ahora en una actualización normativa que incorporaría un pasaporte digital para ampliar la información disponible sobre cada producto. El sistema permitiría escanear un código y consultar datos que hoy pueden quedar ausentes, resultar ilegibles o no entrar en una etiqueta convencional. “Ahí sí que los consumidores podrán escanear un código, un cuadradito de estos que no sé cómo se dice en español, y allí sí que habrá más información sobre los productos.” Hasta que esa herramienta entre en funcionamiento, las correcciones, los retiros del mercado y las nuevas inspecciones seguirán siendo los mecanismos concretos para reducir las diferencias entre lo que promete una prenda y lo que realmente contiene.

Material publicado por gentileza Radio Francia Internacional

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