Adultos mayores: las señales de riesgo frente a bajas temperaturas y cómo prevenirlas

Actualidad31/07/2026REDACCIÓNREDACCIÓN

Especialistas advierten sobre la vulnerabilidad de las personas de más de 65 años ante el frío y la importancia de la detección temprana de síntomas.

Abuelos
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Las complicaciones de salud en adultos mayores por bajas temperaturas no siempre se manifiestan con síntomas evidentes como fiebre o escalofríos intensos. Es fundamental estar atento a señales tempranas como confusión, somnolencia, cansancio excesivo o pérdida del equilibrio, que pueden indicar un problema subyacente.

Frente a cualquiera de estas manifestaciones, se recomienda consultar rápidamente con un profesional de la salud. Otras señales de alarma incluyen debilidad marcada o dificultad para caminar, escalofríos persistentes, dificultad para respirar, dolor u opresión en el pecho, tos intensa o fiebre, así como labios o dedos muy fríos o con coloración violácea y cambios repentinos en el comportamiento habitual.


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Los adultos mayores constituyen uno de los grupos más vulnerables ante el descenso de las temperaturas que se registra en diversas regiones de la Argentina. Con el envejecimiento, el organismo pierde parte de su capacidad natural para conservar el calor y responder de forma adecuada a los cambios térmicos.

Las personas mayores de 65 años presentan un riesgo elevado de sufrir complicaciones durante las jornadas frías, especialmente si tienen antecedentes de enfermedades cardiovasculares, respiratorias o metabólicas. El doctor Washington Burgos, médico clínico del CMC Santiago del Estero de Boreal Salud (M.P. 1.529), explicó: «Con el paso de los años, el cuerpo pierde eficiencia para regular su temperatura. A esto se suma que muchas personas mayores padecen enfermedades crónicas o toman medicación que puede influir en la respuesta del organismo al frío».


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En este contexto, el especialista enfatizó la necesidad de tomar precauciones específicas. «Por eso, las bajas temperaturas no deben tomarse como una simple incomodidad, sino como una situación que requiere cuidados especiales», agregó el doctor Burgos.

Las bajas temperaturas pueden provocar una contracción de los vasos sanguíneos, lo que a su vez eleva la presión arterial y exige un mayor esfuerzo al corazón. En paralelo, este cuadro puede favorecer la aparición o el agravamiento de diversas infecciones respiratorias en este grupo etario.


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En invierno también es común que disminuya la sensación de sed, lo que aumenta el riesgo de deshidratación en adultos mayores. Esta situación es particularmente preocupante entre quienes toman determinados medicamentos, presentan dificultades para movilizarse o dependen de otros para acceder a líquidos y alimentos de forma regular.

Para reducir los riesgos, es importante mantener una temperatura adecuada en el hogar y usar ropa abrigada en capas. Además, se recomienda que los adultos mayores sostengan hábitos saludables durante el invierno, evitando reducir excesivamente la actividad física o aislarse.

En ese marco, es fundamental consumir líquidos con frecuencia, incluso sin tener sed, y mantener una alimentación saludable, variada y suficiente. Siempre que las condiciones lo permitan, se aconseja sostener una rutina de movimiento adaptada a las posibilidades de cada persona para evitar el deterioro del estado general.

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