El 44,4% de la población de América Latina padece de hígado graso

Enfoques03/08/2026REDACCIÓNREDACCIÓN

Enfermedad silenciosa que puede derivar en cirrosis y cáncer hepático. Especialistas resaltan la detección temprana con métodos no invasivos.

Hígado graso
Hígado graso

En América Latina, la enfermedad hepática grasa asociada a disfunción metabólica (MASLD) se ha convertido en un desafío creciente para la salud pública. Se estima que alrededor del 44,4% de la población en la región vive con esta condición, lo que representa la prevalencia más alta a nivel global.

Este trastorno, que actualmente afecta a cerca del 30% de la población mundial, es una de las principales causas de daño hepático crónico. Los especialistas indican que entre un 20% y un 30% de los pacientes con MASLD puede desarrollar una inflamación del hígado, conocida como MASH, y una parte de ellos progresará a fibrosis, una etapa que determina el riesgo de complicaciones graves.


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La MASLD se desarrolla cuando el hígado acumula grasa, lo cual está generalmente asociado a factores como una alimentación inadecuada, el sedentarismo o la genética. Esta condición puede progresar a una etapa inflamatoria que, de persistir, provoca que el organismo genere tejido cicatricial o fibrosis, comprometiendo la función del órgano.

Entre las posibles complicaciones derivadas de la fibrosis hepática se encuentran la cirrosis, la hipertensión portal, que implica la formación de várices en esófago y estómago, e incluso el cáncer de hígado. La enfermedad puede evolucionar de forma silenciosa sin presentar síntomas evidentes en sus fases iniciales.


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Durante muchos años, la biopsia hepática fue el método principal para evaluar el grado de daño en el órgano. Sin embargo, en la actualidad existen alternativas no invasivas que permiten obtener información clínica relevante de manera más segura y accesible para los pacientes.

A través de análisis de sangre especializados, es posible identificar biomarcadores asociados al proceso de fibrosis, lo que ayuda a estratificar el riesgo de progresión de la enfermedad. Por otro lado, tecnologías avanzadas de ultrasonido permiten evaluar tanto el porcentaje de grasa en el hígado como la rigidez del tejido hepático.


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Estos estudios de ultrasonido generan datos precisos y medibles a partir de cómo se comportan las ondas sonoras al pasar por el hígado. La información obtenida es semejante a la de una resonancia magnética y ayuda a identificar cambios en la estructura del órgano desde etapas tempranas.

Carlos Rojas, director de Ultrasonido de Siemens Healthineers para Latinoamérica, se refirió a estos avances. «Frente a una condición que impacta de manera silenciosa a una gran parte de nuestra población, la tecnología debe ser el puente hacia una medicina más proactiva», aseguró.

Promover revisiones periódicas y adoptar un estilo de vida más saludable, como realizar ejercicios de resistencia y sobrecarga, puede marcar una diferencia significativa. Los especialistas recomiendan que personas con factores de riesgo como sobrepeso, obesidad, diabetes o síndrome metabólico consideren someterse a evaluaciones periódicas para prevenir la progresión del cuadro.

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