El sueño alemán que terminó en ruinas: la colonia que fracasó en Neuquén

Mi Archivo23/08/2026Sergio BustosSergio Bustos

A comienzos del siglo XX, cuando Europa aún intentaba recomponerse tras la Primera Guerra Mundial, miles de personas buscaban escapar del hambre, la violencia política y el colapso económico. En ese contexto surgió un ambicioso proyecto de emigración hacia la Patagonia argentina que prometía prosperidad y una nueva vida. La iniciativa terminó convertida en uno de los episodios más oscuros de la historia migratoria en el sur del país.

inmigrantes alemanes
Inmigrantes alemanes en la Patagonia.

La experiencia estuvo ligada a la sociedad cooperativa de colonización “La Patagonia”, fundada el 4 de mayo de 1919 en la ciudad alemana de Kiel. Sus impulsores —un grupo de exoficiales navales, comerciantes y empresarios— afirmaban que su objetivo era organizar la emigración alemana hacia Argentina mediante la creación de una colonia agrícola autosuficiente.

El proyecto se presentó como una solución para miles de europeos afectados por la crisis de posguerra. Tras la derrota alemana en 1918 y la caída del Imperio, el país atravesaba una profunda inestabilidad política y social. En ciudades industriales el hambre era frecuente y el temor a nuevas revueltas impulsaba a muchos a buscar un destino fuera de Europa.

Argentina aparecía entonces como una oportunidad. Neutral durante la guerra y beneficiada por la exportación de alimentos, el país mantenía una política migratoria abierta y proyectaba la imagen de una tierra fértil y próspera. Ese escenario alimentó el interés de quienes buscaban empezar de nuevo al otro lado del Atlántico.


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La sociedad “La Patagonia” prometía tierras, viviendas, herramientas y asistencia técnica para los colonos. El capital mínimo se fijó en 100.000 pesos, dividido en acciones nominales de mil pesos. En teoría, el dinero serviría para comprar campos, equiparlos y repartir parcelas productivas entre los socios.

Sin embargo, desde el inicio el proyecto presentaba desequilibrios. El poder dentro de la sociedad estaba concentrado en el directorio, especialmente en Arnulf Fuhrmann y Albert Strauch, quienes manejaban la administración y los recursos de la empresa. Mientras los colonos aportaban sus ahorros, los directores se asignaban sueldos elevados y sostenían una red de oficinas y sucursales en Alemania.

El campo elegido para fundar la colonia estaba ubicado cerca del río Covunco, en la provincia de Neuquén, y tenía unas 10.700 hectáreas. Sobre el papel parecía una zona con potencial agrícola, pero la realidad era mucho más dura. El clima era seco, los vientos intensos y las heladas frecuentes incluso en verano.

El aislamiento complicaba todavía más la vida en la colonia. La estación ferroviaria más cercana era Ramón M. Castro, ubicada entre 40 y 52 kilómetros del asentamiento, y el transporte de mercaderías podía tardar hasta dos días en carros tirados por caballos.


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Para volver productivas esas tierras se necesitaba un sistema de riego artificial cuyo costo se estimaba en un millón de pesos, una inversión que la sociedad nunca estuvo en condiciones de realizar.

A pesar de las dificultades, en 1920 la colonia reunía 131 socios, de los cuales 51 vivían en el campo. El perfil de los inmigrantes reflejaba otro problema: la mayoría no tenía experiencia agrícola. Había militares retirados, ingenieros, arquitectos y profesionales, pero solo 11 eran agricultores.

Las tensiones internas y la falta de conocimientos prácticos agravaron la situación. En poco tiempo varios colonos abandonaron el proyecto, lo que dejó a un pequeño grupo a cargo del trabajo cotidiano.

Mientras tanto, la situación financiera de la sociedad se deterioraba. La fuerte devaluación del marco alemán reducía el valor real de los aportes que llegaban desde Europa. A esto se sumaban irregularidades en la administración.

Investigaciones posteriores revelaron que Arnulf Fuhrmann utilizó fondos de la sociedad para comprar una estancia privada, en lugar de invertir en el desarrollo de la colonia. También se detectaron facturas infladas, gastos de propaganda excesivos y bienes declarados como enviados que nunca llegaron al país.

La prensa germano-argentina comenzó a publicar denuncias en 1920, especialmente en diarios como el Argentinisches Tageblatt y la Deutsche La Plata Zeitung. La presión pública obligó a Fuhrmann a renunciar el 13 de agosto de 1920, cuando el proyecto ya estaba prácticamente en ruinas.

Una auditoría reveló que la sociedad acumulaba deudas por unos 23.000 pesos, y según los estatutos los propios colonos debían responder por ellas. Muchos quedaron atrapados en una situación económica desesperante.

Para septiembre de 1920, apenas 14 personas seguían viviendo en Covunco. La comunidad alemana en Buenos Aires intentó ayudarlos con colectas que reunieron alrededor de 600 pesos, pero el proyecto ya era imposible de sostener.

La colonia “La Patagonia” duró poco más de un año. Lo que comenzó como una promesa de prosperidad terminó en abandono, deudas y desilusión para las familias que habían apostado todo a una nueva vida en la Patagonia.

Hoy casi no quedan rastros de aquella experiencia en la región de Covunco, pero su historia permanece como una advertencia sobre uno de los episodios más dramáticos de la emigración europea hacia el sur argentino.

Fuente: Désirée Rottwinke – XIV Jornadas de Historia de la Universidad Nacional de Cuyo (UNC)

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