
Disputa por Huawei en Neuquén expone la nueva Doctrina Monroe de Estados Unidos
Política28/08/2026
REDACCIÓNWashington actualizó su política exterior para competir con China en tecnología, datos e infraestructura, generando tensión en Argentina.


Una delegación de la cooperativa CALF de Neuquén viajó en abril a la sede de Huawei en Shenzhen para analizar soluciones tecnológicas destinadas a modernizar sus redes. Este hecho generó una respuesta directa del embajador de Estados Unidos en Argentina, Peter Lamelas. El diplomático cuestionó la posible participación de empresas regidas por las leyes de inteligencia y seguridad chinas y sugirió optar por proveedores estadounidenses.
La advertencia del embajador se enmarca en una política más amplia de Washington. El subsecretario de Estado para Asuntos del Hemisferio Occidental, Juan Pablo Segura, identificó a Huawei, ZTE, Hikvision, Hytera, Dahua y DJI como proveedores tecnológicos de alto riesgo. La preocupación estadounidense se centra en el acceso a datos, la seguridad de las redes y posibles interferencias atribuidas a la relación entre estas empresas y el Gobierno chino.


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Por su parte, Beijing interpretó estas acciones como una interferencia en las decisiones soberanas de los países de la región. El vocero del Ministerio de Relaciones Exteriores chino, Lin Jian, acusó a Estados Unidos de ejercer «acoso tecnológico». Además, reclamó que se respete la libertad de los gobiernos latinoamericanos para seleccionar a sus socios comerciales y tecnológicos.
Esta tensión es una manifestación de la reactivación de la Doctrina Monroe, que fue explícitamente mencionada en la Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos de noviembre de 2025. El documento, que incluye el llamado “Corolario Trump”, plantea la necesidad de “reafirmar y hacer cumplir” dicha doctrina. El objetivo es impedir que competidores externos controlen activos considerados estratégicamente vitales dentro del hemisferio.
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Originalmente, la doctrina fue concebida en 1823 bajo la presidencia de James Monroe para frenar posibles intervenciones coloniales de potencias europeas en América. Con el tiempo, se convirtió en un pilar de la política exterior estadounidense hacia el continente. La misma lógica resurgió con fuerza durante la Guerra Fría frente a la expansión soviética en lugares como Cuba y Centroamérica.
En la actualidad, el concepto de activo estratégico se ha expandido más allá de territorios, puertos o bases militares. La disputa ahora incluye el control de telecomunicaciones, centros de datos, inteligencia artificial y sistemas de vigilancia. Una empresa tecnológica puede ocupar un rol estratégico sin necesidad de desplegar fuerzas militares ni adquirir territorio físico.
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En medio de esta competencia, los países de América Latina buscan equilibrar sus relaciones. Brasil, por ejemplo, destinó cerca de US$444 millones a infraestructura de inteligencia artificial y distribuyó las inversiones entre compañías tanto chinas como estadounidenses. Otros gobiernos intentan utilizar la rivalidad entre las dos potencias para fortalecer sus propias capacidades.
El caso de Argentina refleja una situación similar de equilibrio. Aunque el Gobierno de Javier Milei ha profundizado su alineamiento político con Washington, el país mantiene una relación comercial y financiera crucial con China. Un ejemplo concreto de esto es la reciente renovación por cinco años del swap de monedas por un valor aproximado de US$19.000 millones.
La presencia económica de China en la región es significativa y creciente. Según datos del Banco Interamericano de Desarrollo, durante el primer trimestre de 2026, las exportaciones latinoamericanas hacia China experimentaron un crecimiento interanual del 25%. En el mismo período, las importaciones desde el país asiático aumentaron un 29%.















