
La hipoacusia en la vejez impulsa el deterioro cognitivo y el aislamiento social
Enfoques29/08/2026
REDACCIÓNUn especialista advirtió que la dificultad para escuchar, a menudo atribuida a la edad, genera un sobreesfuerzo cerebral y afecta gravemente la vida social.


Cuando el oído deja de mandar la información completa, el cerebro se pone a adivinar lo que falta, y ese esfuerzo permanente le saca energía a la memoria y a la atención. Además, un cerebro con pocos sonidos alrededor se desentrena, como un músculo que no se usa y lleva al aislamiento.
El otorrinolaringólogo argentino Fernando Diamante (M.N. 93.626) explicó que los pacientes llegan a la consulta cuando ya llevan años escuchando mal. Es común que sean traídos por un hijo o la pareja, habiendo perdido mucho más que la audición en ese tiempo.


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Este esfuerzo permanente del cerebro tiene un tercer efecto, que suele ser más silencioso, por el cual la persona empieza a correrse de las charlas. Va menos a los encuentros y habla menos, lo cual impacta negativamente en la vida social que mantiene la cabeza en movimiento.
La evidencia científica respalda esta preocupación, ya que un informe de la comisión de The Lancet publicado en 2020 ubicó a la hipoacusia entre los principales factores de riesgo modificables de demencia. Según este estudio, la pérdida auditiva explica el 8% de los casos de demencia en la población.
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En ese marco, la Organización Mundial de la Salud (OMS) registra que cada año se diagnostican casi 10 millones de casos nuevos de hipoacusia en todo el mundo. El especialista señaló que, al principio, quienes pierden la audición de a poco pueden dejar de entender los dobles sentidos y el verdadero significado de algunas frases.
El doctor Diamante detalló que las primeras frecuencias que se pierden son las agudas, aquellas que permiten distinguir consonantes, por lo que la persona escucha palabras parecidas y contesta de forma incoherente. El entorno suele interpretar esto como olvido o mal carácter, cuando en realidad es un problema de oído.
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Por otra parte, la pérdida auditiva puede derivar en depresión, aislamiento y un mayor riesgo de caídas. También compromete la seguridad al manejar, al no escuchar bocinas o sirenas, elevando el riesgo de accidentes.
El especialista subrayó la importancia de prestar atención a señales como la dificultad para seguir una charla en un restaurante, pedir seguido que repitan lo dicho o la presencia de zumbidos persistentes. También es un indicador importante el hecho de quedarse callado en encuentros sociales donde antes se participaba activamente.
El camino ante cualquiera de estas señales comienza con un examen audiológico, que permite conocer el nivel de audición y el tamaño del canal de cada oído para elegir el dispositivo adecuado. Fernando Diamante concluyó que «Un audífono no es una prótesis de la vejez ni una rendición. Es un tratamiento, y cuanto antes se indica, mejor se adapta el paciente».















