Detrás del silencio también puede haber un pedido de ayuda

Enfoques15/09/2026REDACCIÓNREDACCIÓN

Las cifras muestran la dimensión del suicidio en Argentina, pero detrás de cada caso hay vínculos, señales y entornos que pueden ayudar a detectar el sufrimiento.

Hablemos de suicidio
Hablemos de suicidio

El suicidio dejó de ser una palabra que muchos medios evitaban pronunciar y empezó a ocupar un lugar más visible en las conversaciones sociales. Ese cambio no resuelve una problemática compleja, pero permite incorporar información, reconocer señales y pensar formas de acompañamiento. En Puerto Madryn, una mesa integrada por referentes de educación, salud mental y familiares puso el foco en una pregunta concreta: qué puede hacer el entorno cuando alguien está sufriendo.


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La discusión adquiere especial relevancia frente a las cifras mencionadas durante la entrevista. Según los registros oficiales citados, 5.209 personas murieron por suicidio en Argentina durante 2025, mientras que la tasa alcanzó 11,8 cada 100.000 habitantes. También se señaló que el suicidio constituye la principal causa de muerte violenta entre adolescentes y jóvenes, dentro del rango etario de 9 a 34 años.

Para Vanina Botta, médica psiquiatra, esos números no pueden analizarse solamente desde una perspectiva individual o biológica. La especialista remarcó que "el suicidio es multicausal y que intervienen factores vinculados con la salud mental, las condiciones sociales, familiares y económicas, además del contexto en el que cada persona desarrolla su vida". Durante la charla también señaló que cerca del 80% de las muertes por suicidio corresponden a varones, situación que relacionó con las dificultades culturales que todavía existen para expresar el malestar y pedir ayuda.


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El acceso a la atención aparece como otra de las dificultades señaladas durante la conversación. La falta de turnos, los tiempos de espera y la disponibilidad desigual de profesionales pueden convertirse en obstáculos para quienes necesitan asistencia. Botta planteó que hablar de prevención exige considerar también esas condiciones y sostuvo que “la pobreza enloquece y la locura empobrece”, una frase que utilizó para describir la relación entre las condiciones de vida y el sufrimiento psíquico.

En ese escenario, la escuela ocupa un lugar particular porque permite observar a los adolescentes dentro de un espacio cotidiano y de pertenencia. Pablo Zappa, docente y subsecretario de Educación de la Municipalidad de Puerto Madryn, explicó que los cambios propios de esa etapa pueden dificultar la identificación de determinadas señales. Aun así, consideró que docentes, equipos de orientación, directivos y compañeros forman parte de una comunidad que puede acercarse cuando algo modifica la conducta habitual de un estudiante.


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La adolescencia también suma nuevas dificultades vinculadas con el mundo digital. Durante la entrevista se mencionaron el ciberbullying, el ciberacoso, el grooming, las apuestas online y la exposición permanente a las pantallas como fenómenos que merecen atención. La comparación constante con vidas mostradas en redes, sumada a la incertidumbre sobre el futuro, puede profundizar sentimientos de frustración o desesperanza, aunque los especialistas remarcaron que ninguno de estos factores explica por sí solo una conducta suicida.

Frente a esa complejidad, una de las mayores dificultades consiste en abandonar la idea de que quien sufre necesariamente va a pedir ayuda de manera evidente. Virginia Rizzardi, integrante del grupo Buenos Vínculos y madre de Jerónimo, quien murió por suicidio en agosto de 2022, contó que después de esa experiencia comenzó a buscar información y herramientas que antes no tenía. “El suicidio es prevenible, no es previsible pero sí es prevenible”, expresó al referirse a la importancia de conocer recursos y fortalecer los vínculos.


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Rizzardi convirtió esa experiencia personal en una tarea de prevención junto a otras familias y comenzó a participar en charlas y talleres destinados especialmente a adolescentes. El grupo también impulsó el Banco Amarillo, una iniciativa que busca instalar un símbolo vinculado con la prevención y, al mismo tiempo, representar un lugar para sentarse y conversar con otra persona. La propuesta nació en Puerto Madryn y luego encontró eco en distintas localidades del país.

El trabajo con adolescentes también permitió conocer qué esperan de los adultos. Virginia contó que una encuesta realizada en Puerto Madryn recibió 399 respuestas de adolescentes, con preguntas sobre pantallas, sueño y salud mental, y que muchas respuestas coincidieron en pedir algo sencillo: menos celular y más escucha. A partir de esa experiencia surgió un programa de streaming realizado por adolescentes, llamado “Estoy para el corchazo”, donde ellos mismos abordaron cuestiones relacionadas con las redes, el futuro, la autoestima y el sufrimiento psíquico.


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La necesidad de recuperar espacios de conversación apareció también como una preocupación compartida por los participantes. “No somos una sociedad que valide el estar mal, que valide la angustia, que nos deje llorar”, sostuvo Vanina Bota durante la charla. En esa misma línea, los entrevistados coincidieron en que escuchar no significa resolver inmediatamente lo que le pasa al otro, sino poder acercarse, validar lo que siente y facilitar la búsqueda de ayuda profesional cuando resulta necesario.

Para Zappa, la escuela puede aportar algo que trasciende los contenidos académicos. El docente no siempre cuenta con formación específica para intervenir frente a una situación de salud mental, pero sí puede convertirse en un adulto cercano capaz de registrar cambios y habilitar una conversación. “Sirve más el medio que enseña”, sostuvo al plantear que el vínculo, la comunicación y las habilidades sociales también forman parte de aquello que los jóvenes necesitan aprender.


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La prevención, entonces, aparece como una responsabilidad que excede a las familias y a los profesionales especializados. Requiere instituciones preparadas, acceso efectivo a la atención, adultos dispuestos a escuchar y comunidades capaces de reconocer que hablar sobre el suicidio con responsabilidad no significa promoverlo. También implica evitar la culpa posterior que muchas veces queda entre familiares, amigos, compañeros y docentes cuando ocurre una muerte.

En Puerto Madryn, la experiencia de Buenos Vínculos, el trabajo educativo y la participación de profesionales de salud mental muestran distintas formas de construir herramientas alrededor de una problemática que atraviesa a toda la sociedad. El propósito no pasa por encontrar una explicación única, sino por reducir el aislamiento y acercar a quienes sufren a otras personas y a los recursos disponibles. Como resumió Rizzardi al hablar de esa tarea colectiva, “tenemos que volver a esos contactos, a mirarnos a los ojos, a escuchar al otro, a ser más empáticos”.

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