
Gato y Mancha: el Día Nacional del Caballo celebra la hazaña que unió Buenos Aires y Nueva York
Enfoques20/09/2026
REDACCIÓNCada 20 de septiembre, Argentina conmemora a Gato y Mancha, los equinos criollos que hace casi un siglo completaron una travesía de más de 21.500 kilómetros.



El 20 de septiembre de 1928, los legendarios caballos criollos Gato y Mancha culminaron una de las proezas ecuestres más extraordinarias del mundo al llegar triunfantes a la ciudad de Nueva York. Recibidos con honores de Estado en la mítica Quinta Avenida, estos animales, junto a su jinete el profesor suizo Aimé Félix Tschiffely, pulverizaron el récord mundial de distancia y resistencia, manteniendo perfectas condiciones físicas. Esta gesta inspiró la instauración del Día Nacional del Caballo en Argentina, formalizada en 1999 a través de la Ley 25.125.
La épica travesía comenzó el 24 de abril de 1925, cuando la caravana partió desde la sede de la Sociedad Rural Argentina en Palermo, Buenos Aires. Por delante se extendían más de 21.500 kilómetros de territorio hostil y sin la asistencia logística moderna, con el objetivo final de alcanzar la gran ciudad estadounidense. Este periplo, considerado una "locura imposible" por el periodismo de la época, duró tres años, cuatro meses y seis días.


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Los protagonistas equinos de esta hazaña fueron Gato, un bayo gateado de unos 15 años de carácter fuerte, y Mancha, un overo manchado de 16 años, sumamente despierto y desconfiado. Ambos ejemplares poseían las características esenciales del caballo criollo, como baja estatura, pechos anchos y cascos extremadamente duros, que los hacían únicos para soportar condiciones extremas. Estos caballos rústicos y puros fueron recuperados por el doctor Emilio Solanet de los campos de la Patagonia, específicamente de las tierras del cacique tehuelche Liempichún en Chubut.
Durante la marcha, el trío enfrentó las geografías más disímiles y peligrosas del continente americano, desde el noroeste argentino y los Andes bolivianos, donde alcanzaron alturas superiores a los 5.900 metros sobre el nivel del mar con escasez de aire y frío extremo. Luego, debieron superar la desolación de los desiertos peruanos, con temperaturas que superaban los 50 grados a la sombra y sobreviviendo con raciones mínimas de agua salobre. En estas condiciones, la dureza de sus cascos y su capacidad pulmonar fueron puestas a prueba absoluta.
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Al adentrarse en Centroamérica, el desafío se transformó en los densos bosques tropicales de Colombia, Panamá y Nicaragua, donde lidiaron con ciénagas traicioneras, plagas de insectos, fiebres palúdicas y ríos caudalosos que cruzaron a nado. Durante todo el trayecto, Gato y Mancha alternaban la carga, mientras uno llevaba al jinete, el otro marchaba libre o cargaba el modesto equipaje.
Tras el rotundo éxito en Norteamérica, los caballos regresaron a Argentina en barco, volviendo a las amplias pasturas de la estancia "El Cardal", propiedad de Emilio Solanet en la provincia de Buenos Aires. Allí vivieron el resto de sus días en libertad, cuidados como héroes nacionales, alcanzando longevidades excepcionales para su especie, con Mancha falleciendo en 1944 a los 35 años y Gato en 1947 a los 36 años.
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