
Tras 22 años, la NASA anunció que el observatorio espacial Swift concluirá su misión. Sus restos caerán, pero se considera improbable que causen daños.



El telescopio espacial Swift deja un archivo público de unos 12 terabytes, que incluye más de 1,5 millones de imágenes capturadas durante casi 22 años de misión. Los datos recopilados por el observatorio sirvieron para la elaboración de unos 7.000 artículos científicos, según informó la agencia espacial estadounidense NASA.
La misión principal del Swift era detectar y localizar los estallidos de rayos gamma para luego comunicar su posición a otros observatorios. «Normalmente tardaba alrededor de un minuto», explicó en un comunicado el investigador principal de la misión, Bradley Cenko, al describir la rapidez con la que el telescopio giraba para captar el lugar de la explosión antes de que su resplandor se apagara.


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Esa capacidad de reacción le permitió al Swift un hito en 2005, cuando captó por primera vez el resplandor de un estallido corto de solo 0,03 segundos. Esta observación respaldó la teoría de que esas explosiones, las más potentes del cosmos, se originan a partir de la fusión de dos estrellas de neutrones.
El observatorio realizó su última observación el pasado 20 de octubre, cuando ya se encontraba a menos de 275 kilómetros de altura. A esa altitud, la resistencia del aire le impide mantener sus telescopios fijos en un objetivo, lo que marcó el fin de su vida útil operativa.
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La NASA confirmó en agosto que la reentrada del telescopio a la atmósfera será incontrolada y que se producirá en las "próximas semanas". La agencia prevé que la mayor parte de la estructura se desintegrará, y aunque algunas piezas podrían resistir, consideran improbable que los fragmentos causen daños a personas en la superficie.
Debido a la inclinación de su órbita respecto al ecuador, los restos del telescopio solo pueden caer en una franja del planeta que abarca desde el centro de México hasta gran parte de Sudamérica. Esta zona incluye amplias áreas oceánicas, lo que reduce aún más el riesgo de impacto en zonas pobladas.
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La caída del Swift se volvió inevitable en agosto, cuando la NASA y la empresa estadounidense Katalyst Space renunciaron a su plan de rescate. La misión consistía en que la nave robótica LINK, lanzada en julio, capturara el telescopio y lo empujara hacia una órbita más alta.
















