


La Asociación Hotelera y Gastronómica del Valle expresó su preocupación por el impacto de los nuevos cuadros tarifarios. El sector atraviesa un momento de incertidumbre. Las tarifas de energía subieron de forma abrupta. El contexto económico complica aún más la situación.
Germán Scandroglio, presidente de la entidad, fue claro. Afirmó que el aumento eléctrico golpea directo sobre la estructura de costos. “Para nosotros el tema de la energía es vital”, aseguró. Señaló que el consumo eléctrico en la hotelería no puede reducirse. Las instalaciones requieren servicios permanentes.
La energía no es un lujo para los hoteles. Es una necesidad diaria. Se usa para la climatización, el agua caliente, la refrigeración y la iluminación. La comodidad del turista depende de eso. Los niveles de exigencia no bajan. La rentabilidad sí.
“Representa un porcentaje muy alto en nuestros costos”, remarcó Scandroglio. Indicó que resulta imposible sostener precios competitivos con estos valores. No hay margen para trasladar aumentos al cliente. El consumo baja. El margen se achica. El problema crece.
El aumento en las tarifas llega en un mal momento. La temporada de verano no cumplió las expectativas. El flujo de visitantes fue menor que el año anterior. En todas las regiones hubo menos movimiento. Pero en la Patagonia el descenso fue más marcado.
“Ha bajado un poco más que el resto”, afirmó. Los factores que explican esta caída son diversos. La situación económica nacional es clave. La inflación afecta el turismo interno. El dólar oficial mantiene el interés en viajar al exterior. El sur se encarece.
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“El país está más caro”, dijo el referente del sector. Mencionó que incluso para el público local movilizarse se vuelve costoso. El transporte, el combustible y los peajes influyen en la decisión. El turismo nacional elige rutas más cortas. La Patagonia queda lejos.
“Internamente resulta caro movilizarse para el argentino”, expresó. Además, la llegada de turistas extranjeros también disminuyó. Las cifras no acompañan. Las reservas son bajas. Las expectativas, mínimas. El sector ya proyecta un año complejo.
Semana Santa aparece como una prueba clave. El feriado largo suele marcar tendencia. Sirve para medir la temperatura de la temporada baja. Las primeras señales no son buenas. Las reservas son muy inferiores a las habituales.
“Las reservas son muy bajas”, confirmó Scandroglio. Aseguró que la situación es generalizada. En la zona del Valle la ocupación no repunta. El flujo de turistas es escaso. El gasto promedio también se redujo. La estadía es más corta.
La Asociación se prepara para pedir soluciones. Buscan una reunión con el Ejecutivo Municipal. Quieren plantear el problema en persona. Consideran que el Municipio debe conocer la situación. La semana próxima intentarán el encuentro.
“Probablemente intentaremos reunirnos con el Ejecutivo”, anticipó. El objetivo es explicar con números el impacto de las tarifas. Mostrar con claridad la evolución de los costos. Pedir acompañamiento o medidas paliativas. Requieren una respuesta concreta.
La relación con la Cooperativa también preocupa. El sector no cuestiona la necesidad del aumento. Reconocen que la situación financiera afecta a todos. Pero insisten en que las subas no pueden aplicarse sin considerar el contexto. Piden diálogo.
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“Tal vez sea necesario”, admitió Scandroglio. Pero también dejó en claro que eso no reduce el problema. “Eso no quita que para nosotros sea un problema”, sostuvo. El reclamo apunta a una solución compartida. Nadie quiere conflictos.
El turismo necesita previsibilidad. Para planificar tarifas, inversiones y promociones. Los cambios bruscos perjudican esa planificación. Cada temporada requiere meses de trabajo previo. Las tarifas deben conocerse con tiempo. La improvisación daña.
Las reservas dependen de muchas variables. Pero el precio es decisivo. Si el costo de operar sube, el precio también. Si el precio sube, el turista duda. Así se rompe el equilibrio. Así se pierde competitividad. Así se retrae el turismo.
La Patagonia compite con otros destinos. No sólo dentro del país. También con países vecinos. Chile, Brasil y Uruguay son opciones. La devaluación en Argentina no alcanza para atraerlos. El problema ya no es el dólar. Es la estructura de costos.
El hotelero busca alternativas. Reduce servicios, limita horarios, cambia insumos. Pero no siempre alcanza. Hay una línea que no puede cruzar. El servicio no debe deteriorarse. El turista lo nota. La imagen se daña. El negocio se pierde.
El consumo energético no es flexible. No se puede bajar sin afectar la calidad. No se puede negociar con el clima. La calefacción en invierno no se discute. El confort debe mantenerse. Si no, la experiencia se resiente.
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La Asociación trabaja en estrategias. Promociones, acuerdos, descuentos. Pero la base sigue siendo la misma. El costo de operar marca el límite. Si no baja, no hay solución real. Los incentivos deben acompañar. No basta con la voluntad.
El turismo genera empleo. De forma directa e indirecta. Cada habitación ocupada activa una cadena. Gastronomía, transporte, comercios, servicios. El derrame es real. El impacto, también. Una temporada floja afecta a todos.
El municipio debe escuchar. No alcanza con el saludo de cortesía. Se necesita una política concreta. La tarifa debe analizarse con sensibilidad. La energía no es un bien más. Es esencial. El turismo también lo es.
El sector hotelero quiere ser parte del diálogo. Participar en las decisiones que lo afectan. Plantear su mirada. Sumar su experiencia. Las políticas públicas necesitan esa mirada. No pueden hacerse desde un escritorio.
La reunión con Merino puede ser clave. Será una oportunidad para exponer el escenario. Para buscar alternativas. Para frenar el impacto. Para construir una solución conjunta. Sin conflicto. Con responsabilidad.
El turismo no puede esperar. Las decisiones deben tomarse ahora. Semana Santa está cerca. El invierno se planifica hoy. Si no se actúa, las consecuencias serán mayores. El tiempo apremia.
La Asociación mantiene la esperanza. Pero sabe que el panorama es difícil. Que el contexto no ayuda. Que el año será largo. Que las soluciones deben llegar pronto.
Scandroglio cerró con una frase directa. “Va a ser un año complicado”, dijo. La frase resume todo. La realidad, la preocupación, la urgencia. El mensaje ya está dado. Falta la respuesta.






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