
Importaciones en alza y exportaciones primarias: el comercio exterior mueve el mapa productivo
Actualidad26/12/2025
Sergio Bustos
El cierre del segundo año de gestión de Javier Milei deja una señal fuerte en el frente externo: el comercio crece y, con él, cambia el perfil de la economía. La apertura importadora gana velocidad y presiona sobre un entramado industrial que vive del mercado interno, mientras las exportaciones se apoyan cada vez más en el agro y los hidrocarburos, con Vaca Muerta como motor.
Con datos acumulados hasta noviembre, las exportaciones de bienes suman US$ 79.592 millones y marcan un aumento de 9,5% en el año. Del otro lado, las importaciones llegan a US$ 70.235 millones y suben 26,8%. El resultado combina ambos movimientos: superávit comercial por US$ 9.357 millones, con un ritmo importador que crece bastante más rápido que las ventas externas.
Un dato de contexto muestra la magnitud del giro: durante el primer trimestre de 2025, las importaciones representaron el 32% del PBI, el valor más alto de los últimos 135 años, según el registro citado. Esa proporción deja una economía más integrada al comercio global, pero también más expuesta a la competencia externa, especialmente en sectores que no exportan.


En la lectura de Federico Vaccarezza, economista de IPA, el incremento exportador se sostiene, aunque no se distribuye de manera pareja entre rubros. “El crecimiento anual es muy bueno”, afirmó, y luego marcó una división interna de lo que empuja el número. “Productos primarios e hidrocarburos crecen de manera muy fuerte, muy rápido y a tasas muy altas. Lo que crece a menor velocidad son las manufacturas, tanto alimentarias como industriales”, detalló.
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El cambio más comentado, sin embargo, aparece del lado de las compras al exterior. Para Leonardo Park, economista del centro de investigación Fundar, el proceso actual destaca por su profundidad. “Es uno de los mayores procesos de apertura comercial” de los últimos años, sostuvo, y consideró que parte de las medidas apuntó a corregir trabas previas. “Muchas de las desregulaciones que se realizaron fueron necesarias”, dijo, al mencionar herramientas como la SIRA y el esquema de licencias.
Park también puso el foco en cómo se altera la canasta importadora y qué implica para el mercado interno. “Cambia mucho la composición de estas importaciones”, señaló, y agregó: “Estamos incorporando más bienes de consumo y menos bienes intermedios. Y eso tiene que ver un poco con la facilidad que tienen los consumidores ahora de comprar cosas de afuera”. En esa misma línea, describió un efecto directo sobre precios y disponibilidad: “Las empresas traen los productos afuera y esto beneficia al consumidor final”.
Los números de composición muestran ese corrimiento. Bienes intermedios, piezas y accesorios para bienes de capital y bienes de capital concentran 72,1% de las importaciones, con participaciones de 32,2%, 20,2% y 19,7%, respectivamente. A la vez, el peso de los intermedios baja frente a 2023 (de 38,5% a 32,2%) y los bienes de consumo suben de 10,7% a 14,9%, en un esquema donde también se destacan compras de vehículos automóviles para transporte de personas, con 6,3% del total.
En ese capítulo, Park trazó un paralelo político-económico con otra etapa reciente. “Lo que estamos viendo este año es parecido a las dinámicas que veíamos en los registros del segundo año de Macri: hubo récord en las importaciones de bienes de capital y bienes de consumo, y también cerquita estaban los vehículos automotores de pasajeros”, afirmó. Y dejó una advertencia sobre la velocidad del proceso: “A la vez que uno normaliza el comercio y empieza un proceso de apertura, hay que considerar que a qué velocidad uno lo hace y bajo qué condiciones”, con el tipo de cambio real como telón de fondo.
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Vaccarezza describió el efecto sobre la industria con una mirada más dura, al señalar que sube la sustitución de producción local por mercadería importada. “Lo que está sucediendo es que está creciendo de manera muy fuerte la importación y la sustitución de bienes industriales que antes se fabricaban localmente”, dijo, y vinculó ese fenómeno con el empleo. “Los empresarios industriales están cerrando parte de sus instalaciones industriales para convertirlas en galpones para copiar mercadería que se importa… lo que no se va a readaptar es el empleo”, afirmó.
El impacto no se reparte parejo por sectores ni territorios. El especialista en producción Daniel Schteingart sostuvo que, en aperturas de este tipo, sufren más las industrias protegidas y centradas en el mercado interno. “Normalmente en los procesos de apertura como estos les suele ir muy mal a las industrias protegidas, muy del mercado interno: textil, indumentaria, parte de la metalmecánica, calzado”, indicó, y agregó otro punto sensible: “El otro gran perdedor es la industria automotriz, que está andando bastante mal”.
Schteingart también mencionó regiones con mayor exposición. Dijo que Tierra del Fuego queda comprometida por el régimen electrónico, y sumó a Buenos Aires por el golpe en su zona industrial, además de San Luis, Córdoba y Santa Fe por sus perfiles fabriles. En esa misma lectura, planteó una tensión entre sectores que ganan participación externa y sectores que pierden empleo formal. “2025 es el primer año donde la economía va a crecer y se van a destruir empleos formales. No ocurría desde que se mide esto hace 30 años”, afirmó.
La discusión de fondo queda abierta: cómo se ordena una economía con más exportaciones primarias y energía, y con importaciones creciendo rápido, sin que el costo caiga sobre el trabajo industrial. Park lo formuló como pregunta hacia adelante, al hablar de firmas que cierran bajo el argumento de falta de competitividad: “Dado que el gobierno plantea que hay ciertas empresas que no son competitivas y deben cerrar, ¿cómo pensamos a reinserción laboral de los trabajadores que ya no están en más en sectores que antes estaban protegidos?”. Vaccarezza, por su parte, anticipó un panorama con actividad más estable pero con tensión social: “Esta va a ser una economía más calma, con una buena tasa de crecimiento, pero con un desempleo muy grande y con una capacidad adquisitiva de los trabajadores netamente erosionada”.














