
Río Negro se planta como base del GNL y empuja una meta exportadora para Argentina
Actualidad05/01/2026
Sergio Bustos
Río Negro volvió a ocupar un lugar central en la agenda energética con un mensaje directo del gobernador Alberto Weretilneck: la Provincia se muestra como pieza de un esquema que busca ampliar la capacidad exportadora argentina de GNL. El planteo incluye proyectos que, según la mirada oficial, permiten sostener una meta de posicionamiento global. La novedad no pasa solo por la energía, sino por cómo el gobierno provincial la enlaza con actividad productiva y trabajo.
En esa línea, Weretilneck remarcó que no habla de expectativas a largo plazo, sino de iniciativas en marcha. “No son promesas, sino realidades, es un gran orgullo para nosotros”, afirmó, al presentar a Río Negro como un punto de apoyo para el salto exportador. El gobernador insistió con que el dato territorial importa en el mapa nacional de inversiones y logística.
La referencia que buscó instalar apunta al ranking internacional del gas natural licuado. “Hoy la Argentina tiene la posibilidad de estar entre los 10 países exportadores de GNL del mundo, y que eso se haga en Río Negro no es un dato menor”, sostuvo el mandatario. En su mirada, la Provincia concentra proyectos que hacen posible ese objetivo y le dan volumen a una estrategia nacional orientada al comercio exterior.


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El mensaje también incluyó un intento de ampliar el encuadre más allá del sector energético. “Esto no es solo energía. Es una estrategia integral de desarrollo, con un rumbo claro y con impacto real en la economía y el empleo”, dijo Weretilneck. Ese tramo de su definición buscó asociar la agenda de GNL con efectos en la vida cotidiana, especialmente en términos de actividad y puestos de trabajo.
A partir de esa idea, el gobernador explicó que el crecimiento energético se conecta con el entramado productivo tradicional. “Si a la energía le sumamos la industrialización de la agricultura y de la ganadería como creadoras de empleo, de riqueza y de actividad económica, el modelo se fortalece”, afirmó. Con esa frase, intentó mostrar un esquema en el que la energía funciona como motor, pero no como único componente.
En el capítulo agropecuario, Weretilneck puso cifras sobre la mesa para respaldar su argumento. Mencionó 87.000 hectáreas dedicadas a la agricultura y destacó la horticultura bajo riego como parte del salto productivo. El eje, según su visión, pasa por sostener un sendero de mayor producción y mayor transformación industrial vinculada al campo.
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Dentro de ese paquete de datos, el gobernador enumeró cultivos que funcionan como base de la matriz provincial. Señaló 24.000 hectáreas de maíz, 27.000 de alfalfa y 7.000 de cebolla, como parte de un esquema diversificado. En el planteo oficial, esas cifras se conectan con empleo estacional, cadenas de valor y movimiento económico en distintas regiones.
El énfasis en el riego aparece como una condición para ampliar escala y estabilizar la producción. “El camino que estamos recorriendo tiene que ver con sumar más hectáreas bajo riego, producir más, industrializar más y generar más trabajo”, concluyó Weretilneck. La frase ubica al riego como herramienta de expansión y como parte de un enfoque que combina energía con producción de base territorial.
La discusión de fondo queda atada a dos planos que se mueven en paralelo. Por un lado, la pretensión de llevar al país a un lugar destacado en exportaciones de GNL, con Río Negro como sede de proyectos. Por otro, la necesidad de sostener un entramado productivo que traduzca esa agenda en empleo y actividad, con números concretos de agricultura y ganadería industrializada.














