
Las nuevas guías alimentarias ponen bajo revisión edulcorantes, ultraprocesados y consumo de lácteos
Actualidad12/01/2026
REDACCIÓN
La actualización de las Guías Alimentarias para la Población Argentina (GAPA) volvió a ponerse en marcha y apunta a 2027 como fecha de publicación, con tres ejes sensibles en revisión: el uso de edulcorantes, las definiciones sobre alimentos ultraprocesados y el consumo de leche entera o descremada. El proceso, relanzado a mediados del mes pasado, reemplazó una revisión iniciada en 2021 y demandará un año de trabajo técnico para redefinir recomendaciones destinadas a la población a partir de los dos años.


Desde el Ministerio de Salud de la Nación explicaron que la actualización permitirá luego que las provincias diseñen guías propias, adaptadas a realidades regionales. En ese marco, indicaron: “No existe una recomendación ideal para todos. Es por eso que, desde el Ministerio de Salud de la Nación, se invitará a las provincias, una vez presentadas las Guías Alimentarias para la Población Argentina (GAPA), que es nacional, a desarrollar las Guías Alimentarias para la Población Provincial (GAPP)”, con variables como acceso, precio y oferta.
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El equipo técnico trabaja con un horizonte definido y con búsquedas bibliográficas ya iniciadas. Según la cartera sanitaria, el proceso se encuentra en “una etapa técnica avanzada”, con objetivos y preguntas priorizadas, y con revisión de estudios publicados entre 2015 y 2025. La primera reunión formal ocurrió el 18 de diciembre y el trabajo depende de la Secretaría de Gestión Sanitaria, a cargo de Saúl Flores.
Las guías no se limitan a orientar consumos individuales. Inciden en comedores escolares, canastas de asistencia, programas de promoción o desincentivo y reformulaciones de productos por parte de la industria. En esta actualización, el Ministerio anticipó que “el nuevo documento incorporará recomendaciones actualizadas respecto del uso de edulcorantes, lineamientos sobre sostenibilidad ambiental en el marco de la evidencia sanitaria priorizada, nuevos criterios y definiciones sobre alimentos ultraprocesados y su impacto en la salud”. También reconoció que la evidencia sobre lácteos enteros versus descremados figura entre los puntos que quedaron más desactualizados desde la versión 2019.
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El debate local dialoga con cambios recientes en otros países. Tras la publicación de nuevas guías en Estados Unidos, el ministro Mario Lugones señaló en redes sociales que “están trabajando en la misma dirección”. Las recomendaciones estadounidenses limitan grasas saturadas y sodio, priorizan frutas, verduras, granos integrales y agua, y promueven consumos que despertaron cuestionamientos en organizaciones locales.
El proceso argentino reúne a múltiples actores: áreas nacionales de salud, el Instituto Nacional de Alimentos (INAL) de la ANMAT, la Secretaría de Agricultura, ministerios provinciales y entidades científicas y académicas como Federación Argentina de Graduados en Nutrición (Fagran), Sociedad Argentina de Obesidad y Trastornos Alimentarios (Saota), la Sociedad Argentina de Diabetes, la Sociedad Argentina de Medicina Familiar, Asociación Argentina de Licenciados en Nutrición (Aalen), Fundación Interamericana del Corazón (FIC Argentina), Centro de Estudios Sobre Nutrición Infantil (Cesni) y Centro de Estudios sobre Políticas y Economía Alimentaria (Cepea).
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La Organización Panamericana de la Salud participa como colaborador técnico, mientras que las provincias integran el panel durante todo el proceso. Desde Salud aclararon que cualquier convocatoria adicional dependerá de las preguntas priorizadas y del abordaje técnico requerido.
Las primeras GAPA se publicaron en 2000 y se actualizaron en 2019, cuando quedaron establecidas como marco nacional para políticas públicas mediante la Resolución N° 693. En aquel entonces, los datos ya mostraban aumento del consumo de ultraprocesados y bebidas azucaradas y caída en frutas, verduras y legumbres, con más obesidad y sobrepeso desde edades tempranas.
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El exministro Adolfo Rubinstein, firmante de la resolución 2019, sostuvo que “la evidencia cambia como producto de las investigaciones que se van haciendo” y que “no se puede estar atado a los datos” sin un análisis crítico. También subrayó la necesidad de reglas claras y transparentes: “El que tiene que poner las reglas es el Ministerio de Salud, que representa a los ciudadanos”, y advirtió sobre influencias indebidas en procesos regulatorios.
La discusión metodológica también atravesó el proceso. En 2024, la FAO difundió un informe con un enfoque de sistemas alimentarios sostenibles, pero el Ministerio decidió descartar esa metodología. Según explicó la cartera, “tenía un enfoque demasiado amplio sobre el sistema alimentario, con componentes político económicos y ambientales que no se alineaban con las prioridades sanitarias y metodológicas de la gestión actual”, y se optó por Grade, una herramienta validada para evaluar calidad de evidencia.
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Desde el ámbito académico, Andrea Graciano, de la Universidad de Buenos Aires y ex presidenta de Fagran, planteó que América Latina adoptó políticas para poner límites a ultraprocesados, especialmente para proteger derechos de niños, niñas y adolescentes, y afirmó: “La Argentina debería avanzar en esa línea”.
Fuente: LA NACION.





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