
Por qué se extinguieron los mamuts y los grandes mamíferos: los humanos
Actualidad15/01/2026
Sergio Bustos
Durante años, la desaparición de los mamuts, los rinocerontes lanudos y otros grandes mamíferos del pasado fue explicada como una consecuencia inevitable de los cambios climáticos. Sin embargo, la evidencia científica acumulada en las últimas décadas apunta en otra dirección. La extinción de estos gigantes no fue un accidente ambiental, sino el resultado de una combinación de factores donde la acción humana aparece como el motor principal.


Uno de los elementos centrales es la presión de caza ejercida por los humanos modernos. A medida que el Homo sapiens se expandió fuera de África y ocupó nuevos territorios, comenzó a interactuar con animales que nunca antes habían enfrentado a un depredador tan organizado. Los grandes mamíferos no solo eran una fuente de alimento: también aportaban huesos, pieles y grasa, recursos valiosos para grupos humanos en expansión.
La clave no fue una caza masiva en un solo momento, sino una presión sostenida en el tiempo. Los mamuts y otros gigantes tenían ciclos de vida largos y una tasa reproductiva baja. Una hembra de mamut tardaba años en alcanzar la madurez sexual y tenía pocas crías a lo largo de su vida. En ese contexto, incluso una mortalidad adicional relativamente pequeña bastaba para romper el equilibrio poblacional.
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La ciencia también destaca la selectividad por tamaño como una razón decisiva. Las extinciones del Cuaternario tardío no afectaron por igual a todos los animales. Las especies pequeñas, los insectos, los peces y la mayoría de las aves sobrevivieron. En cambio, desaparecieron sobre todo los animales que superaban los 45 kilos, y especialmente aquellos de más de una tonelada. Ese patrón encaja con la caza dirigida y no con un colapso ambiental generalizado.
Otro factor determinante fue la falta de experiencia evolutiva de estos animales frente a los humanos. En regiones como América o Australia, los grandes mamíferos llevaban millones de años sin convivir con un depredador bípedo, inteligente y cooperativo. No desarrollaron conductas de huida eficaces frente a la caza humana. En África, donde los grandes animales evolucionaron junto a homínidos durante más tiempo, las pérdidas fueron menores, aunque igualmente importantes.
La tecnología humana también jugó un papel central. Herramientas de piedra diseñadas para perforar pieles gruesas, lanzas, trampas y estrategias grupales permitieron abatir animales mucho más grandes y fuertes. La arqueología muestra que la caza de grandes mamíferos no fue improvisada: hubo planificación, conocimiento del terreno y aprovechamiento sistemático de las presas.
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El cambio climático, aunque presente, no explica por sí solo estas extinciones. Los mamuts ya habían sobrevivido a ciclos glaciales e interglaciares anteriores, con variaciones de temperatura incluso más extremas. Además, muchas extinciones ocurrieron en regiones donde el clima se mantuvo relativamente estable. La coincidencia temporal entre la llegada humana y la desaparición de la megafauna resulta mucho más consistente que cualquier curva climática.
La combinación de todos estos factores generó un efecto acumulativo. La caza redujo las poblaciones, la baja reproducción impidió la recuperación y la fragmentación de hábitats aceleró el colapso. En pocos miles de años, un lapso breve en términos evolutivos, especies que habían dominado los ecosistemas durante cientos de miles de años desaparecieron por completo.
La extinción de los mamuts no fue un hecho aislado, sino parte de un patrón global. Mastodontes, perezosos gigantes, tigres dientes de sable y grandes herbívoros siguieron la misma trayectoria. Allí donde el ser humano llegó por primera vez, los gigantes comenzaron a desaparecer. La repetición del fenómeno en distintos continentes refuerza la idea de una causa común.
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Hoy, la ciencia entiende que estas extinciones no solo eliminaron animales emblemáticos, sino que alteraron el funcionamiento de los ecosistemas. Los grandes mamíferos cumplían roles clave en la dispersión de semillas, el control de la vegetación y la dinámica del paisaje. Su desaparición dejó un vacío que todavía condiciona la biodiversidad actual.
Comprender por qué se extinguieron los mamuts no es solo una pregunta sobre el pasado. Es también una advertencia. Las mismas razones —caza, presión sostenida y desequilibrio ecológico— siguen amenazando a los grandes mamíferos actuales. La historia de aquellos gigantes funciona hoy como un espejo incómodo de nuestra relación con la naturaleza.








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