
Por qué aparece el sueño tras las comidas y qué procesos del cuerpo explican ese cansancio
Actualidad20/01/2026
REDACCIÓN
Sentir sueño después de comer es una experiencia frecuente y, según la evidencia científica, completamente normal. Lejos de asociarse con desinterés o desgano, esta respuesta del organismo surge de una combinación de procesos biológicos que se activan tras la ingesta de alimentos y regulan el nivel de alerta a lo largo del día.

Uno de los factores centrales es el ritmo circadiano, el sistema interno que funciona como reloj biológico. De acuerdo con la Fundación del Sueño de Estados Unidos, este mecanismo regula funciones como el metabolismo, la temperatura corporal y la producción de hormonas en ciclos de 24 horas. Durante la tarde, el cuerpo reduce de forma natural las señales que sostienen la vigilia, incluso en personas que descansaron bien durante la noche.
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En ese tramo del día, disminuye la liberación de hormonas vinculadas al estado de alerta, lo que facilita la aparición de cansancio. Este descenso fisiológico se combina con otros procesos que se ponen en marcha luego de comer y que amplifican la sensación de somnolencia.
La digestión cumple un rol importante. Tras una comida, aumenta el flujo sanguíneo hacia el intestino delgado, un ajuste necesario para procesar los nutrientes. Según explicó Tomonori Kishino, docente de la Kyorin University, este cambio puede reducir de manera transitoria el riego sanguíneo al cerebro, lo que contribuye al cansancio posterior a la ingesta.
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El fenómeno no depende solo de comer, sino también del tipo y la cantidad de alimentos. Investigaciones encabezadas por William Ja en modelos experimentales mostraron que el tamaño de la comida y ciertos nutrientes, como la sal y las proteínas, pueden actuar como detonantes del sueño posterior. Aunque esos resultados no se trasladan de forma directa a los humanos, aportan pistas sobre los mecanismos involucrados.
En estudios realizados en personas, se observaron patrones similares asociados a la alimentación. Los carbohidratos simples y los alimentos con alto índice glucémico presentan una relación directa con la somnolencia. El consumo de postres, jugos azucarados, pan blanco, arroz o pastas eleva con rapidez la glucosa en sangre y genera luego una caída abrupta, lo que intensifica la sensación de fatiga.
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También se identificó que algunos alimentos ricos en melatonina pueden favorecer el cansancio tras las comidas, al reforzar las señales internas que inducen al descanso. Este efecto no implica un problema de salud, sino una respuesta esperable del organismo ante determinados estímulos.
Comprender estos procesos permite desmitificar el cansancio postprandial y entender que responde a ajustes fisiológicos normales. El cuerpo prioriza la digestión, acompaña los ciclos del reloj interno y reacciona al tipo de nutrientes ingeridos, configurando una respuesta que, aunque incómoda para algunas rutinas, forma parte del funcionamiento habitual del organismo.
Fuente: LA NACION.















