Una terapia artística que fortalece la autoestima y libera emociones a través de la naturaleza

Actualidad20/01/2026REDACCIÓNREDACCIÓN
Terapia artística. Foto Freepik
Terapia artística. Foto Freepik

El arte terapia se consolidó como una práctica terapéutica que utiliza la creación artística para explorar emociones, aliviar tensiones y fortalecer la autoconciencia, con una particularidad: ofrece una vía de comunicación no verbal para expresar contenidos internos que muchas veces no encuentran palabras. Lejos de una moda reciente, esta disciplina recupera un vínculo ancestral entre el ser humano y los materiales que lo rodean.

Aunque su formalización clínica ocurrió en el siglo XX, su raíz se remonta a la prehistoria, cuando las personas dejaban huellas de su vida y creencias con elementos naturales. En esa línea, la vertiente que trabaja con materiales orgánicos y reciclables retoma esa conexión primigenia, donde la naturaleza no solo inspira, sino que se transforma en parte esencial del proceso terapéutico.


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En Argentina, uno de los referentes de este enfoque es Gonzalo Álvarez, creador del Proyecto BIO. Hace 25 años impulsa una propuesta basada en “enseñar a cuidar la naturaleza a través del arte, aprender a valorar los recursos naturales, conocer las especies nativas de Argentina y del mundo, conectar con las ecorregiones e integrar nuevos criterios pedagógicos”. Para Álvarez, se trata de una “maravillosa acción consciente” y un “enfoque terapéutico para fomentar una conexión sensorial y un bienestar emocional poderoso”.

A diferencia del arte terapia tradicional, centrado en pintura o arcilla, esta técnica incorpora ramas caídas, hojas secas, cortezas, semillas, pigmentos naturales y materiales reciclados como cartón, telas o botellas plásticas. La elección no es casual: invita a conectar con el ciclo de la vida, con lo imperfecto y lo efímero, y a repensar el valor de aquello que suele descartarse.


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Álvarez define su labor como “el arte de la nueva conciencia” y explica que busca “que las emociones y las capacidades que cada uno tiene guardada o dormida pueda ser expresada libremente”. En ese camino, destaca la reutilización de desechos cotidianos: “He logrado a su vez la reutilización de materiales inorgánicos como: cajas, cartones, telas, bolsas, tapitas y botellas de plástico”, una práctica que se vuelve eje de su propuesta pedagógica.

La mirada coincide con la de Verena Boehme, directora ejecutiva de la Fundación Manos Verdes, quien subraya que el proceso va más allá de lo estético. “Trabajar con materiales de descarte a través del arte es un proceso de recuperación de valores. Al darle identidad, tiempo y atención a algo que fue desechado, también se activa un proceso terapéutico interno: volver a reconocer valor donde parecía no haberlo”, afirmó.


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Desde esta perspectiva, el arte terapia potencia la autoestima y el autoconocimiento, al permitir que emociones y sentimientos bloqueados encuentren una forma de manifestarse. El rol del artista o facilitador apunta a despertar conciencia en niños, adolescentes y adultos, para que “se conviertan en los protagonistas de sus vidas y descubran sus propias capacidades”.

Boehme refuerza esa idea con otra definición: “Cuando un material descartado vuelve a servir y se transforma en una obra, ocurre algo muy similar a lo que pasa con la autoestima: se recupera el valor externo y, al mismo tiempo, el valor interno”. La experiencia en talleres con adolescentes mostró cómo el contacto con metales y objetos descartados funcionó como puerta de entrada al vínculo y a la expresión creativa.


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En el ámbito educativo, estas prácticas también encuentran lugar. Una clase puede comenzar con el análisis de obras, continuar con su recreación por parte de los estudiantes y culminar con el encuentro con el artista, cerrando un circuito que integra reflexión, creación y experiencia directa.

Además del impacto emocional, trabajar con lo orgánico y lo reciclable despierta una responsabilidad ambiental. “Al trabajar con lo que descartamos, reflexionamos sobre nuestro rol como consumidores y como parte de un ecosistema mayor. Es una práctica que conecta bienestar personal y responsabilidad ambiental”, concluyó Boehme.


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Así, crear con materiales naturales y residuales se convierte en una metáfora del propio proceso interno: soltar viejas estructuras, aceptar lo imperfecto y encontrar valor donde parecía no haberlo, reforzando el vínculo con la naturaleza y con uno mismo.

Fuente: LA NACION.

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