Menos lluvias y más calor reconfiguran el clima y tensionan la ganadería patagónica

Actualidad27/01/2026Sergio BustosSergio Bustos
ganaderia gaiman
La sequía afecta a la hacienda.

Los campos del norte patagónico muestran señales visibles de un escenario que se repite con mayor frecuencia. Arroyos con menos caudal, pastizales que no alcanzan a cubrir la demanda forrajera y productores que ajustan sus rutinas marcan un presente distinto al de años anteriores. En varias zonas rurales, la escasez de agua dejó de sorprender y pasó a formar parte de la planificación diaria.

En ese contexto, investigadores del INTA Bariloche y el Conicet describieron un proceso que excede una sequía puntual. El estudio, elaborado a mediados del año pasado, identificó un “cambio de régimen climático” en Neuquén y Río Negro, con precipitaciones que se ubican de manera persistente por debajo de los valores históricos. Los registros muestran acumulados anuales entre 15% y 25% inferiores a los promedios de los años noventa y mediados de los 2000.

Uno de los datos que más atención generó se observa en ríos y lagos. Según los especialistas, en pleno enero esos cursos de agua presentan niveles que antes se registraban hacia fines de febrero o comienzos de marzo, cuando los caudales suelen tocar su piso anual. Esa anticipación de los mínimos impacta sobre el uso productivo y ambiental del recurso hídrico.


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Manuela Fernández y Martín Calianno, doctores en ciencias ambientales y autores del trabajo, explicaron que el fenómeno se asocia a un período “muy seco” que se extiende en el tiempo. Calianno lo ilustró con un ejemplo concreto del área cordillerana: “Esto se puede ver, por ejemplo, con el cerro Catedral, que el último año tuvo muy poca nieve. Y los ríos y los lagos son dependientes de esa nieve para su alimentación. Aun en verano se veían cubres blancas y ahora no está pasando”.

El panorama ya se anticipaba complejo al cierre del último invierno. “Sabíamos que íbamos a tener problemas y desde el invierno hasta ahora casi no tuvimos lluvias”, señaló el investigador al repasar la evolución de la temporada. Esa falta de precipitaciones tempranas condicionó la primavera y dejó márgenes estrechos para la recuperación de la humedad en suelos y cuencas.

La información técnica también sirvió como respaldo para decisiones públicas. A pedido de la secretaría de Producción e Industria de Neuquén, el informe aportó datos actualizados que derivaron en la declaración de la emergencia agropecuaria por sequía, primero a nivel provincial y luego con reconocimiento nacional. “Con los insumos que brinda el INTA, se puede evaluar la pertinencia de la declaración de emergencia a nivel local y, con esa información, gestionar posteriormente su reconocimiento con el gobierno nacional, bajo el encuadre de la ley 26.509”, explicó Fernández.


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Entre los sectores más comprometidos aparece la ganadería en secano. El trabajo consideró mediciones en los ríos Limay y Neuquén y evaluó el estado de los pastizales naturales, base de la dieta de numerosos establecimientos. “Según el informe elaborado que integra datos de SENASA, el stock bovino de Neuquén se ha incrementado levemente entre los periodos 2023-2024. En este sentido, es difícil que esta tendencia se pueda mantener con la actual disponibilidad de pastizales y agua”, detalló la especialista.

Las consecuencias productivas se proyectan sobre varios indicadores. Una menor oferta forrajera puede derivar en reducción de cabezas o en animales con menor peso. “Es esperable que si los animales están en una condición mala o regular, el índice reproductivo también baje o que el destete sea menor”, agregó Fernández al describir posibles escenarios.

Desde el organismo técnico, el acompañamiento al sector apunta a prácticas de manejo acordes al contexto actual. Asesoramiento a cooperativas, empresas y gobiernos locales busca ordenar cargas animales y mejorar la eficiencia en el uso del recurso disponible. Para muchos productores, la preocupación se volvió evidente a la salida de la primavera, cuando la nieve en alta montaña ya no aparecía como reserva.


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Esa percepción se repite en distintos puntos de la región. “Hay que tomar acciones, la gente está viendo que sus arroyos traen cada vez menos agua y que los pastizales están cada vez más secos. Año tras año tienen que comprar más forraje, porque lo que proveen los pastizales no alcanza”, resumieron desde el equipo técnico.

Las proyecciones climáticas refuerzan esa lectura. Calianno recordó que la temperatura media del norte patagónico subió entre 0,5°C y 1°C, un cambio que favorece la lluvia en invierno en lugar de la nieve necesaria para recargar la cordillera. “Ya no tenemos esa nieve como stock”, afirmó, al explicar por qué los ríos llegan antes a sus mínimos y el agua disponible resulta cada vez más limitada.

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