
Vacaciones partidas y jornadas de 12 horas: el cambio laboral que empuja el Gobierno
Política01/02/2026
REDACCIÓN
Julio Cordero defendió la reforma laboral y habló de “seguridad jurídica”. Vacaciones fraccionadas, banco de horas y un fondo para reemplazar indemnizaciones.


La reforma laboral que impulsa el gobierno de Javier Milei volvió a instalarse en el centro de la discusión, pero esta vez por una serie de cambios concretos que apuntan a la organización del tiempo y al costo de las desvinculaciones. El Secretario de Trabajo, Julio Cordero, salió a defender el proyecto y eligió una palabra como paraguas: “seguridad jurídica”. En su exposición, el eje no pasó por promesas abstractas, sino por ejemplos puntuales que buscan mostrar un nuevo tipo de relación entre Estado, empleador y trabajador.
Cordero vinculó el proyecto a la orientación económica general de la gestión libertaria y lo presentó como parte de un paquete mayor. “El proyecto de reforma laboral que se ha presentado en el Senado enmarca la extraordinaria política económica que está haciendo Milei y que ha sido votada por todos los argentinos. La reforma busca ordenar elementos que se distorsionaron en el tiempo”, afirmó al hablar con Radio Splendid. La frase dejó dos señales: la defensa política del rumbo y la idea de “ordenar” un sistema que, según su visión, acumuló distorsiones.
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Uno de los puntos que más atención despierta en cualquier reforma laboral suele ser el descanso anual, y ahí el funcionario buscó desactivar temores desde el arranque. “La reforma laboral prevé las vacaciones exactamente igual que como estaban”, sostuvo, y luego marcó el cambio que considera central: “lo único que permite al trabajador, en conjunto con el empleador, sin que se lo sancione, es que se podrán partir las vacaciones”. En esa explicación, la novedad no se apoya en más días ni en menos, sino en la posibilidad de fraccionar el descanso sin castigo.
Para justificar ese giro, Cordero apuntó contra el rol del Estado como regulador de decisiones personales. “Hoy el Estado se mete en la propia voluntad del trabajador”, dijo, y remató con una formulación de sentido: “Lo que se busca es volver a darle una potestad al trabajador de decidir sobre su propia vida”. En su enfoque, la reforma intenta correrse de la tutela estatal y empujar acuerdos directos en el marco del vínculo laboral.
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La discusión sobre horarios aparece como el otro gran capítulo, sobre todo por la referencia a jornadas que pueden estirarse y reorganizarse. El secretario defendió los bancos de horas a través de convenios colectivos y explicó que esa herramienta habilita que la jornada diaria llegue hasta 12 horas. En esa lógica, el tiempo de trabajo deja de medirse solo por el día y empieza a correrse hacia esquemas más flexibles, siempre bajo la arquitectura de los convenios.
Cordero llevó esa idea a una consigna que mezcla libertad individual y mejora de ingresos. “El que quiera trabajar más, trabajará más y ganará más. Si quiero trabajar más, ¿por qué el Estado me lo va a impedir?”, planteó, y completó con una comparación sobre jornadas parciales: “Se regula el trabajo a tiempo parcial, el que quiere trabajar menos con su proporción correspondiente, trabajará menos”. En su lectura, el límite no debería venir de la norma, sino del acuerdo y la voluntad del trabajador.
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El funcionario también intentó correr el debate del tiempo trabajado hacia la productividad, con una frase que busca reubicar el eje del salario. “Hoy solo puede mejorar su remuneración si trabaja más tiempo, se va a poder mejorar si trabaja mejor”, señaló. Con esa afirmación, la reforma se presenta como un cambio cultural y no solo legal, aunque la fuente no desarrolla mecanismos específicos para medir “trabajar mejor”.
En medio de esos cambios, Cordero introdujo un argumento dirigido a desactivar el temor a una caída salarial por reordenamientos horarios. “Hay gremios que están entusiasmados con este tema, existen los bancos de hora y nadie va a cobrar menos por eso”, afirmó. Su planteo pone a los sindicatos dentro del mapa de la negociación, pero no incluye definiciones sobre qué gremios ni en qué convenios se aplicaría primero.
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Otro de los ejes más sensibles aparece en el terreno de las desvinculaciones, con la creación de un Fondo de Asistencia Laboral (FAL) como alternativa a la indemnización tradicional. Según la fuente, el fondo se alimentará del 3% del aporte obligatorio de los empleadores y busca funcionar como herramienta, especialmente para pequeñas y medianas empresas. Cordero lo explicó con una crítica al esquema de cargas y una defensa del mecanismo: “De esto se detrae simplemente un 3% de la contribución patronal que va un fondo que va a ser utilizado principalmente por las pymes”.
En esa misma respuesta, el secretario argumentó que el objetivo no pasa por recortar derechos sino por ordenar costos y prever escenarios de salida del vínculo laboral. “Está pensado para aquellas Pymes que no logran generar fondos para desvinculaciones que no siempre son por despido sino de común acuerdo con el trabajador”, sostuvo, y agregó una frase que buscó cerrar el punto: “Acá se ordenan las inmediaciones por despido no se reducen”. Con esa defensa, el Gobierno intenta presentar el FAL como una cobertura que evita litigios y sorpresas, aunque la fuente no incorpora la mirada de trabajadores, sindicatos o especialistas críticos.
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Cordero cerró su exposición con una definición de sentido sobre el espíritu general del paquete. Dijo que la modernización “fortalece los derechos de los trabajadores” y que busca fomentar la contratación, con una ley “a favor de todos, de los trabajadores, de los sindicatos y toda la Argentina”. Por ahora, la discusión pública se arma alrededor de esas promesas y de los cambios que mencionó: vacaciones fraccionadas, bancos de horas y FAL, tres piezas que, si avanzan, pueden reconfigurar acuerdos cotidianos en miles de empleos.
Fuente: LA NACION.

















