
Un préstamo récord de USD 2.000 millones puso a Vaca Muerta más cerca del Atlántico
Actualidad02/02/2026
Sergio Bustos
Un proyecto energético argentino volvió a meterse en la agenda grande del mercado financiero internacional, después de años en los que conseguir crédito para obras privadas parecía directamente imposible. El Oleoducto Vaca Muerta Sur (VMOS) consiguió un préstamo sindicado de USD 2.000 millones y esa operación terminó destacada por publicaciones especializadas. El dato no se lee solo como un premio: también marca un cambio de clima para inversiones de gran escala.


El reconocimiento llegó de la mano de LatinFinance, Global Banking & Markets y Project Finance International (PFI), tres medios que siguen de cerca las grandes operaciones de financiamiento a nivel global. En este caso, distinguieron el crédito utilizado para construir el VMOS como “Préstamo del Año”. Además, el financiamiento quedó señalado como el mayor crédito comercial para infraestructura en la historia del país y uno de los cinco más grandes del sector petróleo y gas en América Latina.
Detrás de ese número aparece un consorcio con peso propio. VMOS S.A. está conformada por YPF, Pluspetrol, Pan American Energy, Pampa Energía, Vista, Chevron Argentina, Shell Argentina y Tecpetrol como socios Clase A, y por Gas y Petróleo del Neuquén (GyP) como socio Clase B. La dimensión del grupo ayuda a entender por qué el proyecto se diseñó para resolver un problema que no impacta solo a una empresa, sino al corazón del sistema exportador.
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La obra busca descomprimir un cuello de botella clave: sacar más crudo desde Vaca Muerta hacia la costa atlántica rionegrina para exportarlo. El ducto conectará Allen (Río Negro) con una terminal portuaria en Punta Colorada, cerca de Sierra Grande, y el plan incluye plantas compresoras, una terminal marítima y una playa de almacenamiento. En el mapa energético, esa traza no es un detalle técnico: es la pieza que puede ordenar la salida del petróleo hacia el mundo.
La operación de financiamiento se oficializó en julio de 2025 y fue liderada por Citi, Deutsche Bank, Itaú, JP Morgan y Santander. También participaron 14 bancos e inversores institucionales internacionales, un número que en sí mismo funciona como termómetro del interés por el riesgo argentino. Para el mercado, el mensaje fue claro: el país volvió a ser mirado como un lugar posible para poner plata en infraestructura.
Los evaluadores que fundamentaron el premio apuntaron directo a una idea que se repite hace años en el sector. Señalaron que la Argentina produce petróleo desde hace más de un siglo, pero que “sus ambiciones de convertirse en un exportador relevante de crudo estuvieron durante años limitadas por déficits de infraestructura, escasez de capital y volatilidad macroeconómica”. Ese diagnóstico, sostuvieron, empezó a cambiar con la combinación de producción récord y mayor capacidad de exportación.
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En esa misma línea, la publicación destacó que “La combinación de producción récord en Vaca Muerta y un impulso decisivo a la capacidad exportadora transformó el panorama energético argentino”. No se trata solamente de sumar caños y estaciones: la mirada externa lo plantea como un giro en la posibilidad real de sostener exportaciones crecientes. Y esa expectativa es la que termina sosteniendo la confianza de quienes prestan.
El préstamo tiene un plazo de cinco años y pagará una tasa variable de referencia internacional (SOFR + 5,5%). Permitirá cubrir el 70% del capital necesario para la obra, mientras que el 30% restante lo aportarán los socios del consorcio. En otras palabras, el proyecto se apoya en una estructura mixta que reparte riesgo y obliga a los jugadores locales a poner parte importante de los recursos.
Otro punto que remarcaron los evaluadores fue el impacto del financiamiento más allá del oleoducto en sí. Subrayaron que la operación reabrió el acceso al project finance para la Argentina, un mercado que permanecía cerrado desde 2019. Y agregaron que el esquema también validó un nuevo régimen de inversiones, en referencia al RIGI, en un contexto donde los inversores miran con lupa cómo se garantizan los flujos de fondos.
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La ingeniería financiera tuvo un lugar central en la evaluación. El fallo resaltó estabilidad regulatoria, innovación contractual y una protección del flujo de caja diseñada al detalle, con acuerdos de transporte de “envío o pago” que sostienen el modelo de ingresos. También se valoró que el financiamiento se estructurara para sortear controles cambiarios mediante la elegibilidad del proyecto para el RIGI y un esquema de cuentas offshore vinculadas a exportaciones, reduciendo riesgos para los prestamistas.
Mientras tanto, la obra avanza con Techint–SACDE a cargo de la construcción, en un contexto donde el sector también atraviesa tensiones industriales. El reconocimiento al VMOS llegó en medio de la polémica por la adjudicación a la empresa india Welspun de la provisión de tubos para un gasoducto de 480 kilómetros, licitación en la que también compitió Tenaris, del grupo Techint. Ese cruce mostró que el detrás de escena de la infraestructura energética también se juega en decisiones sensibles.
El oleoducto ya se encuentra en ejecución y el cronograma oficial marca que empezará a operar hacia fines de 2026 con una capacidad inicial de 180.000 barriles diarios. El plan prevé una expansión hasta 550.000 barriles diarios en 2027, una escala que ubica al proyecto como pieza central del futuro exportador. En Río Negro, el trazado entre Allen y Punta Colorada ya no aparece como una promesa lejana, sino como una obra que empieza a cambiar el tablero.




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