
El pago al FMI llegó con auxilio de Washington y dejó otra cuenta en agenda
Actualidad02/02/2026
REDACCIÓN
Argentina cubrió intereses con el FMI tras una operación con DEGs desde el Tesoro de EE. UU. El giro evitó un golpe fuerte sobre reservas, pero asoma otro vencimiento cercano.


El vencimiento con el Fondo Monetario Internacional cayó en domingo y obligó a una ingeniería que buscó un objetivo simple: pagar sin vaciar la caja de dólares. En ese marco, el Gobierno evitó que un desembolso grande se lleve una porción decisiva de las reservas acumuladas en el arranque del año. La operación llegó desde Washington y se leyó como un gesto político, además de financiero.
La asistencia se canalizó a través del Tesoro de los Estados Unidos, bajo la conducción de Scott Bessent, mediante una venta/transferencia de Derechos Especiales de Giro. El monto fue de US$ 808 millones, con fecha de concreción 29 de enero, según los reportes citados por medios y agencias. Con esos fondos, Argentina cubrió el vencimiento de intereses, en torno de los US$ 833 millones.
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La clave técnica del movimiento no pasó por un ingreso de billetes, sino por el tipo de activo. Los DEGs (SDRs) funcionan como activo de reserva internacional del FMI y permiten convertirlos en monedas utilizables para pagos, sin necesidad de desprenderse de “dólares físicos” en el mismo grado. Se trata de un mecanismo para cumplir con el organismo sin drenar reservas. En términos domésticos, el beneficio buscado fue sostener aire en el balance del Banco Central.
El impacto aparece cuantificado con una advertencia concreta: sin ese auxilio, el pago al Fondo podía comerse buena parte de lo que se acumuló en enero. El Banco Central de la República Argentina compró US$ 1.100 millones en el mes y, sin la operación, las reservas netas quedaban prácticamente planchadas después del vencimiento. El punto no es menor porque la gestión económica juega su credibilidad día a día sobre la disponibilidad de reservas.
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El movimiento también dejó una etiqueta política: Argentina figura como el primer país en recibir fondos por esa vía en 2026. Esa singularidad refuerza la idea de una relación aceitada con Washington en un momento donde los pagos al FMI marcan el pulso de la estabilidad cambiaria. La lectura de “sintonía” se completa con los antecedentes de los últimos meses.
En esa lista, se recuerdan dos instancias previas asociadas a Bessent: una asistencia por US$ 1.185 millones en octubre y un swap por US$ 2.500 millones que ayudó a evitar una devaluación en el tramo de campaña en Estados Unidos. Esas operaciones no solo permitieron rolear deuda, sino también “blindar” el esquema cambiario frente a presiones inflacionarias recientes.
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En el plano local, Luis Caputo es el articulador de esa relación, ya que encontró en Bessent un aliado estratégico. La frase “aliado” describe una dinámica poco habitual: no se trata de una negociación técnica aislada, sino de una continuidad de gestos para atravesar vencimientos sin sobresaltos. Esa continuidad, sin embargo, no borra el hecho de que el calendario sigue cargado.
El próximo punto caliente: los compromisos de los bonos Bopreal hacia finales de febrero. La mención introduce un cambio de clima, porque ya no se habla solo del Fondo, sino de pagos asociados a instrumentos del Banco Central. En este contexto, Domingo Cavallo advirtió sobre la fragilidad de reservas si no se acelera la salida del cepo, una discusión que vuelve cada vez que el mercado mira el stock neto y la capacidad de pago.
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En paralelo, el cierre político ubica el respaldo en la Casa Blanca de Donald Trump y lo conecta con la gestión de Javier Milei. Más allá del encuadre, el efecto inmediato se resume en una palabra: oxígeno, para llegar a la revisión de metas con el FMI sin un golpe directo sobre reservas. El punto que queda abierto es cuánto dura ese aire cuando aparecen otros vencimientos en el mismo mes.
Fuente: NA.
















