Arnoldi puso números al cambio comercial y pidió que el alivio fiscal deje de ser promesa

Chubut02/02/2026REDACCIÓNREDACCIÓN
Santiago Arnoldi
Santiago Arnoldi

El titular de CAMAD describió un consumo más prudente, advirtió que el e-commerce crece aunque caiga el comercio tradicional y cuestionó el peso impositivo sobre empleo y producción.

El comercio local convive con un dato que se repite en distintas ciudades: la caja se achica, pero el movimiento no desaparece, se corre de lugar. En Puerto Madryn, esa tensión se traduce en ventas más cautelosas y en una competencia que ya no se da solo entre locales de una misma cuadra, sino contra plataformas que concentran oferta, logística y precios. Ese diagnóstico fue el eje que expuso Santiago Arnoldi, presidente de la Cámara de Comercio, Industria y Servicios de Puerto Madryn (CAMAD), en una entrevista propia realizada en el programa “El Quinto Poder” por #LA17.

Arnoldi sostuvo que su llegada a la institución no implicó un “borrón y cuenta nueva”, sino la continuidad de un trabajo previo. “No es que me encontré con algo nuevo, se fueron conformando equipos de trabajo que por suerte vienen perdurando en el tiempo”, afirmó, al describir una cámara con estructura armada y tareas en marcha. También ubicó su rol como parte de una transición planificada: “Ahora me tocó a mí encabezar el equipo”, dijo, sin presentar una ruptura interna.


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El foco, según explicó, está en el contexto económico más que en el recambio dirigencial. “Esto es raro”, resumió, al hablar de una etapa que no se parece a otras que ya había vivido desde el mercado inmobiliario y los ciclos económicos. En ese marco describió una realidad que se siente en el “metro cuadrado” del consumo: “La situación está realmente complicada, por lo menos en términos comerciales, la gente está tomando más precauciones de lo normal”.

En su lectura, el cambio no es solo de bolsillo: también es institucional. Arnoldi señaló que espacios como CAME ganaron peso en la agenda pública, aunque atraviesan transformaciones internas. “Hay instituciones con muchísimos años donde los cambios son más difíciles, pero creo que ahora empezaron a entender que la cuestión tiene que cambiar”, sostuvo, y agregó que el financiamiento de esas estructuras también entra en revisión por los cambios vinculados a INACAP y FAESYC.


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El dirigente ubicó a las cámaras del interior como parte activa de esa discusión. “Es una responsabilidad de las cámaras del interior empujar a que el cambio ocurra”, dijo, y describió un proceso de acumulación lenta: “De a poco es sumando voluntades”. En ese punto, reivindicó la necesidad de renovación generacional para acompañar a los comerciantes ante la reconversión tecnológica.

La transformación digital, para Arnoldi, dejó de ser un tema accesorio y pasó a ser el núcleo del problema comercial. “Creo que ese es el punto clave, más que la situación económica”, afirmó, al referirse al impacto de las plataformas y el comercio online. En su análisis, el e-commerce no solo compite: reordena la forma en que la demanda se expresa y explica por qué algunos rubros caen en el comercio tradicional mientras crecen en el canal digital.

Arnoldi aportó un contraste que, según dijo, se observa en estadísticas de fechas comerciales. “Ves caída del 10%, del 5%, jugueterías cayeron en su momento casi un 20 y pico”, enumeró, y en la misma línea agregó el otro dato: “El e-commerce subía casi un 50%”. Esa brecha, sostuvo, obliga a cambiar el enfoque: “Las plataformas no son el enemigo a vencer, sino una boca más de expendio”.


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El problema, según planteó, es que esa transición no se da en condiciones parejas. Arnoldi puso un ejemplo concreto al describir cómo operan algunas plataformas: “Hoy en una plataforma vos le comprás a Newsan directamente”, dijo, y recordó que se trata del proveedor de gran parte de las casas de electrónica. La pregunta que aparece, según su mirada, se repite entre comerciantes: “¿Cómo tengo mejor precio ahí? ¿Por qué?”, planteó, al señalar que detrás de la competencia digital también hay un entramado impositivo y de estructura de costos.

A esa distorsión se suma, según afirmó, un cambio cultural. Arnoldi describió una conducta que observa en la práctica diaria: “Tiene el mismo precio mi amigo o el vecino de toda la vida y voy y compro por internet porque me es más cómodo”, relató, al señalar que el comercio físico compite también contra la comodidad, no solo contra los precios. En ese contexto, dijo que desde la cámara se vienen realizando reuniones y capacitaciones para que el comerciante no quede afuera del nuevo mapa.


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La entrevista también abordó una preocupación que Arnoldi definió como “de fondo”: la apertura de importaciones y su impacto sobre producción y empleo. El dirigente reconoció el tema como una tendencia global, pero advirtió que en Argentina se combina con problemas locales. “Es difícil decirlo sin generar controversia”, anticipó, antes de plantear una crítica hacia parte del sector empresario. “Hay muchas empresas que venimos de muchos años jugando más con las cuestiones financieras que con las productivas”, sostuvo, al afirmar que esa lógica dejó a sectores “fuera de foco” frente al escenario actual.

Como ejemplo, habló del costo de construir y lo comparó con el mercado de usados. “El metro cuadrado de obra es casi un 20% más caro que comprar el usado”, dijo, y lo vinculó a un problema estructural que excede el comercio minorista. En su lectura, la discusión sobre productividad no se resuelve solo con eficiencia empresarial, sino con un marco general que acompañe.


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En ese punto, la carga impositiva ocupó el centro del planteo. “Cada empleador por cada empleado paga un sueldo y medio de impuestos”, afirmó, y agregó: “El costo laboral que tenemos en la Argentina es enorme”. También cuestionó la asimetría con productos importados: “¿Por qué algo chino entra con casi pocos impuestos y no debería pasar?”, se preguntó, al señalar que esas diferencias agrandan la desventaja del comercio y la industria local.

Arnoldi reforzó su visión con una comparación internacional basada en su experiencia durante la pandemia. Relató una conversación con un colega de Estados Unidos: “Al otro día me llevé un cheque del Estado diciendo ‘tomá, para que pagues los sueldos’”, recordó, para contrastarlo con el escenario argentino. Y concluyó con una frase sin rodeos: “Eso acá no pasa, nosotros pagamos casi otro sueldo más arriba, es una locura”.


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En el tramo final, buscó evitar que el debate se lea como un cruce entre sectores sociales. “No es responsabilidad ni del productor ni del trabajador”, afirmó, y reconoció que el salario también está ajustado: “No vivimos en un país donde un empleado de comercio pueda ahorrar todos los meses”. Según explicó, la tensión aparece cuando se pide aumento sin ver lo que paga el empleador: “Lo que muchas veces no se ve es todo lo que se paga del otro lado”.

Arnoldi planteó una expectativa ligada a las reformas que puedan discutirse con el inicio del año legislativo. “Vamos a empezar a poder leer realmente para dónde queremos ir”, dijo, y reclamó previsión para invertir y sostener empleo. En su síntesis, el pedido no se limita al comercio: apunta a reglas que permitan respirar a quienes producen y venden sin trasladar toda la carga al precio final o al recorte de personal.

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