
Un milodón en la vereda y un museo nuevo que cambia el paseo por San Martín de los Andes
Turismo04/02/2026
REDACCIÓN
El Museo de Historia Natural abrió en San Martín de los Andes con réplicas y paneles interactivos, y suma ciencia al circuito turístico con una mirada amplia del pasado.


Quien camina por San Martín de los Andes suele esperar lago, montaña y cocina patagónica, pero este verano puede encontrarse con un milodón plantado en la vereda como si fuera parte del paisaje. Esa postal, pensada para la foto y el recuerdo, funciona como puerta de entrada a una propuesta que busca algo más que impactar. La novedad es un Museo de Historia Natural que se instaló en la ciudad y propone mirar la Patagonia desde una escala de millones de años.
El recorrido no se limita a “ver dinosaurios” y seguir de largo, porque la muestra se apoya en paneles interactivos y en un armado que mezcla escenas, tiempos y especies. En una misma visita aparecen Lucy, un astrapotelio y un “ejército” de esqueletos dispuestos como para desfile, con la historia geológica corriendo en paralelo. En ese cruce, la sensación es que el museo arma un mapa completo de cambios, migraciones y transformaciones que no suelen entrar en la agenda típica de vacaciones.
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La instalación y la curaduría quedaron a cargo de la Fundación Félix de Azara, que montó una institución moderna en un punto donde, según la nota, faltaba una propuesta de este tipo en la Patagonia andina. La idea es contar el “lejano pasado” de la región, incluso cuando la escena remite a épocas en las que los dinosaurios se movían en ambientes muy distintos a los actuales. El museo apunta a explicar por qué el territorio cambió y cómo se reconfiguró la vida en el sur del continente.

Por eso no se presenta como un museo “más” dentro del mapa neuquino, asociado a una única figura estelar. La muestra no gira alrededor de un nombre propio local como Giganotosaurus en El Chocón o Argentinosaurus en Plaza Huincul, y tampoco se encierra en una sola era. En cambio, se describe como una muestra “5G”, capaz de hacer “desfilar” el tiempo y mostrar la aparición y desaparición de animales, paisajes y hasta continentes. Esa amplitud es parte de su gancho: no ofrece un solo gran título, sino una película larga del planeta.
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En los pasillos, la interpretación científica suma otra capa para quienes quieren ir más allá de lo evidente. El texto señala que cruzarse con Leonardo Leggeri puede convertir la visita en una explicación en vivo, porque dirige el museo y además investiga en Conicet y en la Fundación Azara. Su trabajo se centra en genética de especies patagónicas, pero en el marco del museo ese conocimiento se traduce en datos sobre mamíferos actuales, mesetas y estepa, y también en la lectura de nuevos hallazgos fósiles. La propuesta, así, intenta unir conservación presente con pasado profundo, sin separar ambos mundos.

La elección de San Martín, más asociada al turismo que a la ciencia, también forma parte del mensaje. Leggeri lo plantea como estrategia de alcance y lo dijo de manera explícita: “la decisión de instalar esta vitrina evolutiva lejos de los yacimientos clásicos de Neuquén, como Plaza Huincul o El Chocón, responde a una estrategia de democratización del conocimiento”. En esa misma línea, remarcó el peso del destino en términos de público: “San Martín es un centro turístico internacional y podemos alcanzar un público mucho más importante acá”. El museo, entonces, busca llevar un contenido sofisticado al lugar donde ya existe circulación constante de visitantes.
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La exhibición se organiza en dos plantas y recorre desde la historia terrestre hasta el Pleistoceno, una era que duró alrededor de 2,5 millones de años y terminó cerca del momento en que llegaron los humanos a la Patagonia, hace 12.000 años. No se exponen fósiles originales, sino réplicas de huesos y reconstituciones corpóreas, con dinosaurios de distintos linajes, épocas y tamaños. También aparecen megamamíferos, esas “bestias” que poblaron la Argentina y llegaron a convivir con los primeros humanos que colonizaron estas tierras. El texto subraya que el armado busca rigor científico, con el sello de la Fundación Azara y la Universidad Maimónides, y que la muestra inaugural demandó años de trabajo.

Otra diferencia es que el museo no queda reducido a una sala de divulgación, porque sostiene tareas de investigación conectadas con el presente. Leggeri trabaja sobre genética de grupos de guanacos y de una especie endémica de patos, y además monitorea la escasa población de huemules que sobrevive en ese rincón andino. Esos proyectos anclan la institución en la biología de conservación actual y le dan continuidad más allá del flujo turístico. La ciencia aparece como actividad diaria, no solo como exhibición.
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La visita también se extiende por fuera de las vitrinas, con una boutique de recuerdos y, sobre todo, con libros pensados para prolongar lo visto en sala. Leggeri describió el espíritu general con una frase que resume el objetivo institucional: “En este museo hemos querido implementar un experimento de divulgación y crear una institución que desafía la geografía fosilera tradicional para llevar la complejidad de la vida y la historia de la Tierra al centro del circuito turístico”. En la práctica, la apuesta busca que la Patagonia no sea solo un fondo de postal, sino también un lugar para entender procesos largos y preguntas que siguen abiertas. Y el milodón de la vereda, antes que un chiste escenográfico, termina funcionando como señuelo para entrar a esa conversación.
Fuente: LA NACION.
















