
Desde la ciencia detrás del nuevo avistaje a ballenas Sei piden bajar la ansiedad y respetar los tiempos
Chubut06/02/2026
REDACCIÓN
El biólogo del CONICET Mariano Coscarella analizó en #LA17 qué implica realmente abrir un nuevo circuito de avistaje y por qué el proceso científico marca los tiempos del turismo.


Mientras la expectativa pública crece alrededor del futuro avistaje de ballena sei en el Golfo San Jorge, el investigador del CONICET Mariano Coscarella planteó en el programa El Quinto Poder #LA17 una mirada menos urgente y más técnica sobre lo que viene. Lejos de presentar el fenómeno como una irrupción repentina, explicó que el camino hacia la actividad turística responde a años de estudios científicos y decisiones pensadas para evitar errores del pasado.
El especialista recordó que el trabajo comenzó mucho antes de que la temática llegara a la agenda pública. “Empezamos en el 2019 con un grupo de investigación analizando este fenómeno”, señaló, y destacó que la prioridad nunca fue generar anuncios rápidos sino construir información sólida sobre la presencia y comportamiento de la especie en la zona. Esa perspectiva, sostuvo, permitió avanzar con pasos secuenciales que hoy dejan al proyecto cerca de su etapa final.
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En ese marco, el investigador puso énfasis en la necesidad de entender que el turismo no nace automáticamente a partir de un descubrimiento biológico. La ciencia, explicó, busca primero comprender el ecosistema y establecer reglas claras antes de habilitar actividades comerciales. “Fuimos haciendo todos los pasos de manera correcta y secuencial hasta llegar a hoy”, resumió, en referencia al trabajo conjunto entre investigadores, prestadores náuticos y organismos públicos.
Uno de los puntos centrales de la entrevista fue la relación entre conocimiento científico y expectativas económicas en una ciudad que atraviesa cambios estructurales. Coscarella reconoció que la aparición de nuevas alternativas productivas genera entusiasmo, pero pidió evitar comparaciones con industrias históricas. “No es una industria que vaya a poder reemplazar al petróleo”, aclaró, aunque consideró que puede sumar oportunidades dentro de un esquema más diversificado.
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El investigador también abordó uno de los relatos más difundidos en redes y conversaciones informales: la idea de que las ballenas “regresaron”. Según explicó, esa frase simplifica una realidad más compleja. “Es un poco el eslogan de venta”, afirmó, y recordó que la especie siempre estuvo presente aunque durante décadas resultara difícil de registrar, lo que cambió con nuevos estudios y observaciones sistemáticas.
Desde su perspectiva, la diferencia principal con otros destinos de avistaje radica en el comportamiento del animal. La ballena sei pertenece a otro grupo de cetáceos y no ofrece el mismo tipo de interacción visual que la ballena franca. “No salta, no levanta la cola, no se acerca tanto a las embarcaciones”, describió, y sostuvo que el desafío consiste en diseñar una experiencia que respete esas características sin forzar comparaciones.
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El proceso también incluyó un aprendizaje compartido con operadores turísticos locales. Coscarella destacó que los prestadores participaron desde etapas tempranas para comprender cómo acercarse sin alterar a los animales. “Hemos aprendido juntos cómo acercarnos a las ballenas, cómo no disturbarlas”, explicó, y subrayó que ese trabajo previo busca evitar improvisaciones cuando la actividad se formalice.
Otro eje que atravesó la conversación fue el rol social de la ciencia. El investigador planteó que el conocimiento no debería quedar encerrado en publicaciones académicas sino traducirse en beneficios concretos para las comunidades. “¿Para qué hago esto?, ¿para que quede en un paper o para que tenga un impacto real para mejorar la vida de la sociedad?”, se preguntó, en una reflexión que conecta el trabajo científico con la realidad local.
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En ese sentido, destacó que el modelo elegido prioriza estudios previos antes de promover la actividad masivamente. Según explicó, el objetivo es evitar situaciones en las que el turismo crezca sin planificación y luego deba corregirse sobre la marcha. “Una de las cosas de las cuales estamos muy orgullosos” es haber logrado que instituciones públicas, empresas y organizaciones científicas acompañaran un proceso gradual y coordinado.
La mirada final del especialista apunta a un equilibrio entre conservación y actividad económica. Para Coscarella, el desafío no pasa por acelerar los tiempos sino por garantizar que el avistaje funcione con criterios responsables y sostenibles, de modo que el recurso natural se mantenga en el largo plazo y la región pueda sumar una propuesta distinta dentro del mapa turístico patagónico.
















