

La postal no es solo el crucero: entre poteros, camiones y obras en marcha, la Administración Portuaria sostiene una logística que busca evitar demoras y cuidar la operatoria.
El movimiento del muelle Storni se mide en turnos, accesos y decisiones rápidas. En una jornada fuerte, Martín Liendo, director operativo de la Administración Portuaria, describió un nivel de actividad que desborda lo habitual y obliga a coordinar cada eslabón para que el puerto no pierda ritmo. “Ayer entraron casi entre 500 y 700 personas”, dijo al aire, con la imagen todavía fresca de un muelle cargado de vehículos, descargas y personal en simultáneo.
La escena incluye rubros muy distintos conviviendo en el mismo espacio. Mientras se sostienen arribos que demandan protocolo y detalles, el puerto también empuja una dinámica industrial que se extiende hasta la noche. “Ayer fue terrible el trabajo que hubo hasta la 1 de la mañana”, contó Liendo, al repasar el flujo de contenedores y camiones en la zona de accesos.


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En esa intensidad, la temporada de calamar marca un pulso propio. Liendo señaló que, tras una “tanda grande” que se fue, “tenemos cuatro o cinco poteros”, y ya aparecen anuncios para los días siguientes. Ese dato no queda aislado: detrás, se activa una cadena que involucra estiba, grúas, autoelevadores, choferes y camioneros, con planificación diaria para sostener la salida y entrada de carga.
La referencia no es casual: la discusión sobre posición y volumen aparece atada a resultados concretos. En calamar, Liendo aseguró que el rendimiento reciente dejó a Puerto Madryn arriba en el ranking. “En la temporada de calamar, el año pasado fuimos el primero y este año venimos muy bien”, afirmó, y ubicó al sur como competidor activo, aunque con el muelle Storni sosteniendo un buen momento.
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El escenario cambia cuando se mira el langostino, donde la comparación se vuelve más pareja. Liendo ubicó a Madryn detrás del primer puesto, con margen para que el tablero se mueva según gestiones y contexto. “En langostino somos el segundo, primero estamos en Atlanta, pero todo puede cambiar”, expresó, y sumó que la continuidad del crecimiento depende de trabajo conjunto entre ámbitos privados y gubernamentales.
En paralelo, el puerto no se prepara solo para cargar y descargar: también debe intervenir sobre su infraestructura sin frenar la operatoria. En la entrevista, Liendo explicó cómo se organizan cuando se acercan obras o tareas que pueden recortar espacios de trabajo. “Siempre lo que hacemos es reunirnos con las agencias, armamos grupos de comunicación”, relató, y describió reuniones con área técnica, responsables de obra y empresas para anticipar cortes y reordenar sectores de uso.
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La clave de ese esquema está en el impacto económico de cada minuto. Liendo lo planteó de forma directa, con la lógica cruda de un muelle que no se puede detener. “Todo lo que demora en esta actividad es plata”, remarcó, y explicó que avisar con tiempo cambia la manera de acomodar operaciones, incluso cuando hay cuellos de botella y momentos de máxima exigencia.
Ese “hormiguero” también se ve en lo cotidiano, lejos de los escritorios. Liendo contó que en el centro se cruzó con embarcados que buscaban llegar al Storni para subir a un potero y salir a marea en poco tiempo. “Hay gente por todos lados preguntando, moviéndose y coordinando cosas”, dijo, y dejó una idea que se repite en cada tramo del puerto: la actividad no se sostiene solo con infraestructura, sino con coordinación fina y respuesta rápida.
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La postal final, entonces, no se explica con un único arribo ni con un solo producto. Entre cruceros, poteros, cargas, aluminio y obras, el muelle Storni funciona como un sistema donde la planificación se vuelve parte del trabajo diario. “Se coordinan, en ningún momento se suspende”, sintetizó Liendo, al describir una operatoria que busca sostener volumen sin resignar orden.

















