Por qué la panza cambia después de los 45, aunque la balanza no se mueva

Otros Temas06/02/2026REDACCIÓNREDACCIÓN
Medidor de grasa. Foto Freepik
Medidor de grasa. Foto Freepik

Un estudio en Science vinculó el aumento de cintura con un proceso del envejecimiento: ciertas células madre del tejido adiposo se activan y generan más grasa en el abdomen.

Después de los 45, muchas personas notan que la cintura se ensancha aun cuando el peso general no cambia demasiado. Esa escena cotidiana, que cruza a varones y mujeres, ahora suma una explicación desde la biología celular. Un trabajo publicado en la revista científica Science buscó responder por qué aparece esa barriga más flácida con el paso del tiempo.

La investigación, realizada por un equipo de investigadores estadounidenses, apunta a un mecanismo que se enciende con el envejecimiento. En el centro del hallazgo aparece un cambio doble: por un lado, el cuerpo tiende a perder músculo; por otro, aumenta la grasa corporal. La novedad es que el estudio propone un motivo puntual para lo segundo, con foco especial en la zona abdominal.


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La coautora del trabajo, Qiong Wang, lo explicó con claridad al presentar los resultados. “Las personas suelen perder masa muscular y ganar grasa corporal a medida que envejecen, incluso cuando su peso corporal permanece constante. Descubrimos que el envejecimiento activa la aparición de un nuevo tipo de célula madre adulta y provoca la producción masiva de nuevas células grasas, especialmente en la zona abdominal”, señaló. La frase concentra una idea fuerte: no siempre se trata de “comer más”, sino de producir más células grasas nuevas.

El equipo se metió con el tejido adiposo blanco, al que describe como el principal responsable del aumento de peso asociado a la edad. Para sostener la conclusión, combinó experimentos con ratones y validaciones en células humanas, un paso que le da mayor consistencia al resultado. Ese tejido, en términos simples, funciona como depósito de grasa y gana protagonismo cuando la regulación interna del cuerpo cambia.


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Uno de los puntos más interesantes del trabajo aparece en el comportamiento de las células progenitoras de adipocitos (APCs), un tipo de célula madre que vive dentro del tejido adiposo y puede dar origen a nuevas células grasas. En un experimento, APCs de ratones jóvenes y viejos se trasplantaron en ratones jóvenes. Las provenientes de animales mayores generaron rápidamente una cantidad muy alta de células grasas nuevas.

El contraste terminó de encender la alarma científica: cuando APCs jóvenes se trasplantaron en ratones viejos, esas células madre no produjeron tantas células grasas nuevas. La lectura del equipo fue directa: el “problema” no está solamente en el cuerpo que envejece, sino en que las APCs envejecidas cambian su conducta. En otras palabras, el envejecimiento modifica la fábrica, no solo el entorno.


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Ese cambio se nota, además, en el momento de activación. En ratones jóvenes estas células se mantienen poco activas, pero en los de mediana edad se encienden con fuerza y empiezan a producir grasa corporal nueva. Esa activación ayuda a entender por qué el abdomen se vuelve un lugar tan frecuente de acumulación a partir de cierta edad, incluso sin cambios drásticos en la balanza.

Otro de los investigadores, Adolfo Garcia-Ocana, subrayó el peso del dato. “Esta es la primera evidencia de que nuestras barrigas se expanden con la edad debido a la elevada producción de nuevas células grasas por parte de las APCs”, afirmó. La frase no habla de calorías: habla de células nuevas, y de una dinámica interna que se acelera con el tiempo.


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El trabajo también describe una transformación más específica: con el envejecimiento, las APCs se convierten en un nuevo tipo de célula madre llamado pre-adipocito comprometido específico de la edad (CP-A). Según los hallazgos, esta célula aparece en la mediana edad y produce activamente nuevas células de grasa, lo que explica por qué los ratones más viejos aumentan más de peso. Leída en clave cotidiana, la conclusión invita a mirar la panza no solo como “grasa acumulada”, sino como un tejido que cambia su modo de producirla.

Foto: LA NACION.

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