Siete cambios simples que frenan los picos de azúcar y ordenan el hambre todo el día

Actualidad06/02/2026REDACCIÓNREDACCIÓN
Glucemia
Glucemia

Cambiar el orden de la comida, mover el cuerpo 10 minutos y “vestir” harinas con fibra y proteína ayuda a aplanar la curva glucémica. El efecto puede verse también en el peso.

La discusión sobre el azúcar en sangre suele sonar lejana hasta que aparece en lo cotidiano: cansancio que cae de golpe, hambre pocas horas después de comer y un antojo que se instala como rutina. En ese punto, la “curva glucémica” deja de ser un concepto de laboratorio y empieza a explicar sensaciones muy concretas. La nota de base plantea que los picos frecuentes de glucemia se asocian con problemas de salud y también con acumulación de grasa, especialmente en la región abdominal.

En la práctica, el problema no es la glucosa en sí, porque el cuerpo la necesita como combustible. El problema aparece cuando sube y baja como montaña rusa, porque ahí entra en juego la insulina y el organismo intenta compensar a las apuradas. La fuente lo ilustra con un ejemplo claro: “comer un croissante en ayunas causará un pico de glucosa, seguido de una caída brusca”, justamente porque el cuerpo acelera la producción de insulina para bajarla.


OTRAS NOTICIAS:

Plantas de interior. Foto FreepikDiez plantas que bajan la sensación de calor en casa sin prender nada

Ese mismo alimento cambia su efecto si llega al final de la comida y no al principio. El texto lo explica con una comparación que se volvió casi un “experimento casero”: si antes hay proteínas y fibras, el pico se suaviza. En otras palabras, no se trata solo de qué se come, sino de cuándo y con qué se combina, porque esa mezcla ralentiza la absorción.

Por eso, uno de los movimientos más simples no pasa por eliminar carbohidratos, sino por reordenarlos. La fuente lo sintetiza en una regla práctica: “lo ideal en una comida es comenzar con fibras (verduras y vegetales), luego proteínas y grasas, y al final, almidones y azúcares”. Ese orden busca evitar que el azúcar “entre” de golpe y dispare el mismo ciclo de subidas y bajadas que después se traduce en hambre y ansiedad.


OTRAS NOTICIAS:

Muelle StorniEl muelle Storni a pleno entre poteros, camiones y obras en marcha

En esa misma línea aparece un concepto que suena informal, pero describe una estrategia concreta: “vestir” los carbohidratos. La idea es no comer almidones o azúcares solos, sino acompañarlos con proteína, grasas o fibra para frenar la velocidad de absorción. El texto da ejemplos cotidianos: “acompañar un brownie con yogur griego o el pan con jamón”, que en términos de curva glucémica puede cambiar la película.

Cuando se habla de “entrada verde”, la lógica vuelve a ser la misma: fibra primero para amortiguar lo que viene después. El artículo lo describe con una imagen útil: “la fibra en los vegetales actúa como un ‘escudo’ en el intestino”, que ralentiza la absorción de la glucosa de los alimentos posteriores. Ahí no hay magia, hay un cambio de secuencia que muchas veces entra fácil si se piensa como hábito y no como castigo.


OTRAS NOTICIAS:

Taxi DriverA 50 años de Taxi Driver, la escena que hoy ningún estudio se animaría a filmar

El desayuno es otro punto sensible porque marca el primer pico del día. La fuente propone un desayuno salado, con proteínas, grasas y fibras, en lugar de arrancar con carbohidratos. El argumento es directo: evitar el primer pico puede frenar el arranque de un ciclo de subidas y bajadas que después se arrastra durante horas, con esa sensación de “me da hambre a cada rato” que tanta gente reconoce.

También se resignifica el postre, algo que en la cultura cotidiana suele quedar pegado a la culpa. El texto sugiere un giro simple: “el mejor momento para consumir dulces es después de una comida con grasas, proteínas y fibras”, y no como snack suelto a mitad de tarde. No se trata de habilitar excesos, sino de elegir un momento en el que el cuerpo reciba el azúcar con menos violencia.


OTRAS NOTICIAS:

Alianza Fontana OesteAlianza Fontana Oeste nació de una fusión barrial y todavía sostiene su identidad

En paralelo, aparece una herramienta que genera curiosidad por lo específica: el vinagre antes de la comida más “glucémica”. Según la fuente, “una cucharada de vinagre antes de comer reduce el pico de glucosa de la comida”, al ralentizar la digestión y aumentar la sensibilidad a la insulina. Como todo consejo nutricional, pide criterio, pero se suma como una opción puntual que el artículo destaca.

Y hay un cierre práctico que no depende de la heladera: moverse después de comer. La fuente propone algo mínimo pero constante, como caminar 10 minutos o hacer movimientos suaves, para que los músculos consuman parte de esa glucosa circulante. En sus palabras, “caminar 10 minutos o hacer movimientos ligeros después de la comida ayuda a los músculos a consumir la glucosa de la sangre, reduciendo los picos”, y ahí se entiende por qué un paseo corto puede ordenar más de lo que parece.


OTRAS NOTICIAS:

Carnavales de DolavonDolavon abre tres noches de carnaval: conocé todos los detalles

Detrás de estas estrategias aparece una idea que corre el eje del “bajar de peso” como obsesión y lo pone como consecuencia. La bioquímica francesa Jessie Inchauspé lo plantea de forma explícita en el texto: “muchas personas pierden peso como un efecto colateral natural del equilibrio de la glucosa. Pero no es el objetivo principal, es una consecuencia de la mejora en su salud”. En esa mirada, el cambio no se sostiene por prohibición, sino por estabilidad: menos picos, menos caídas y un hambre más predecible.

Fuente: LA NACION.

Te puede interesar

Suscribite al newsletter de #LA17