Trump habilitó el ingreso de más carne argentina para bajar precios y las exportaciones se quintuplican

Política07/02/2026REDACCIÓNREDACCIÓN
Carne Vacuna
Carne Vacuna

El decreto eleva el cupo de 20 mil a 100 mil toneladas en 2026 y se activa por tramos desde el 13 de febrero. En EE.UU. lo venden como alivio para la góndola; productores lo rechazan.

En Estados Unidos, el termómetro que aprieta no está en Wall Street sino en la góndola del súper, y la carne picada se transformó en un dato político. En diciembre, el precio llegó a 6,9 dólares por libra y el Gobierno de Donald Trump lo usó como argumento para intervenir con un anuncio de impacto inmediato. Con ese telón de fondo, la Casa Blanca firmó un decreto que beneficia a la Argentina y, al mismo tiempo, abre un conflicto con ganaderos norteamericanos.

La medida amplía la cuota de importación de carne argentina de 20 mil toneladas a 100 mil, un salto de 80 mil toneladas “al menos por este año”, según el texto difundido en Washington. El decreto se presentó con un título bien dirigido al consumidor: “Garantizar carne vacuna a precios accesibles para el consumidor estadounidense”. En su explicación, Trump sostuvo que como Presidente tenía “la responsabilidad de garantizar que los estadounidenses que trabajan arduamente puedan permitirse alimentar a sus familias”.


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El argumento formal apunta a sumar “carne magra” para abastecer el mercado de carne picada, un consumo masivo que el oficialismo busca descomprimir. En el decreto, Trump explicó que tomó la decisión luego de “considerar la información proporcionada por la Secretaría de Agricultura”. También dejó por escrito su objetivo operativo: “aumentar temporalmente la cantidad de importaciones dentro del contingente arancelario de recortes de carne magra de res (…) con el fin de aumentar el suministro de carne picada para los consumidores estadounidenses”.

La letra chica es tan relevante como el anuncio, porque el incremento no entra todo junto, sino escalonado. El propio texto fija una apertura en cuatro partes trimestrales y con fechas precisas para el inicio de la ventana de ingreso. “El primer tramo de 20.000 toneladas métricas se abrirá el 13 de febrero y se cerrará el 31 de marzo; el segundo tramo será del 1 de abril al 30 de junio; el tercero, del 1 de julio al 30 de septiembre, y el cuarto, del 1 de octubre al 31 de diciembre”, detalla el decreto. En la lectura argentina, la expectativa es que el cupo pueda renovarse el año próximo.


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En Buenos Aires, el incremento se leyó como uno de los puntos más celebrados del acuerdo comercial firmado el jueves en Washington. La Cancillería informó que el salto de la cuota representaría 800 millones de dólares adicionales en exportaciones de carne vacuna argentina. En paralelo, el acuerdo comercial fue difundido por la Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos (USTR) y dejó explícito que el aumento rige solo por 2026. Ese límite temporal también funciona como mensaje hacia adentro de EE.UU., donde el tema promete resistencia.

Trump buscó blindar su decisión con una explicación larga sobre el contexto productivo estadounidense, anclada en los últimos años. El decreto menciona que en 2022 el país atravesó “una sequía generalizada y severa” que golpeó a estados ganaderos como Texas, Oklahoma, Missouri, Nebraska, Dakota del Sur y Kansas. El texto también subraya el impacto de incendios forestales en regiones productoras del oeste. En esa narrativa oficial, el aumento de importaciones aparece como un puente para evitar que los precios sigan trepando.


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Sin embargo, la reacción del sector ganadero mostró otra lectura: no ven alivio para el consumidor, sino castigo para el productor. Desde Montana, Bill Bullard, presidente ejecutivo de Ganaderos Unidos de América (R-CALF USA), resumió el malestar con una frase directa: “Esto no es lo que necesitábamos”. Al mismo tiempo, remarcó el dato que les permite, al menos, contener el impacto político: “Agradezcamos que 80 000 de estas 100 000 toneladas métricas asignadas van a expirar a finales de 2026, por lo que no será permanente”. En su advertencia, Bullard planteó que “nuestra industria se encuentra en estado de crisis y necesita protección contra las importaciones que deprimen los precios”.

La crítica también apareció desde otro perfil productivo, con un mensaje más personal y un reproche político sin vueltas. Christopher Gibbs, presidente de Rural Voices US, dijo que trabaja 220 hectáreas con maíz, soja y heno de alfalfa, y que junto a su hijo administra 85 cabezas de ganado vacuno. Desde Ohio, cuestionó el rumbo del acuerdo con una definición fuerte: “Como productor agrícola y ganadero de Ohio, la decisión del presidente de llegar a un acuerdo para bajar los precios de la carne vacuna es una bofetada para todos los ganaderos estadounidenses”. Y agregó, sobre su economía doméstica: “En mi empresa, la diversificación hacia el negocio ganadero es lo único que no está en números rojos. Y ahora el presidente también quiere arruinarlo”.


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En ese choque de objetivos, el Gobierno norteamericano apuesta a que más oferta en carne magra termine empujando hacia abajo el precio final, especialmente en un año con elecciones legislativas en noviembre. Del lado empresario rural, el diagnóstico es inverso: creen que el costo lo pagará el productor y que el consumidor no verá una mejora proporcional en la góndola. Bullard lo expresó con precisión al advertir que, aun si el objetivo es bajar el precio minorista, “lo más probable es que provoque una reducción de los precios del ganado para los ganaderos y granjeros estadounidenses”, sobre todo en los animales que producen el mismo tipo de carne que se importará. Con ese marco, la cuota argentina queda atrapada en una pulseada interna de EE.UU. que recién empieza, pero que ya tiene calendario: el primer tramo abre el 13 de febrero y, con él, el debate económico se muda al terreno real de las compras diarias.

Fuente: Clarín, La Nación, NA

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