El reclamo policial rompió la noche en Reconquista y expuso un malestar que ya no espera

Actualidad10/02/2026Sergio BustosSergio Bustos
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Reclamos de policías en Reconquista.

La madrugada en Reconquista dejó de ser silenciosa mucho antes del amanecer. Frente a la Unidad Regional IX, el ruido de sirenas, bocinas y palmas marcó una escena poco habitual que tuvo más de desahogo que de protesta organizada. El reclamo policial, que ya venía creciendo en distintos puntos de la provincia, encontró en la noche un nuevo modo de hacerse visible.

El horario no fue casual ni anecdótico. La convocatoria nocturna apareció como respuesta directa a lo ocurrido horas antes en Rosario, donde una manifestación terminó con empujones entre efectivos y denuncias de represión. Esa tensión viajó rápido por los grupos internos y redes sociales, y empujó a policías del norte santafesino a salir también a la calle.

En ese clima comenzó a repetirse una consigna que sintetizó el ánimo general: “Tocaron a uno, tocaron a todos!”. La frase circuló primero en mensajes privados y después se escuchó en la esquina de la central policial, donde se reunieron efectivos de civil, policías en servicio y familiares. La protesta se sostuvo incluso bajo la lluvia, con neumáticos encendidos y patrulleros que pasaban para acompañar.


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El reclamo salarial fue el eje, pero no el único. Lo que se expresó con fuerza fue el rechazo a los anuncios oficiales que, según los manifestantes, profundizan diferencias internas. La exigencia apuntó a un aumento incorporado al básico y para todos, sin plus sectorizados ni beneficios que se licúan con el tiempo.

Una mujer policía que participó de la manifestación lo explicó sin rodeos al hablar de una “manifestación pacífica” impulsada por la falta de representación gremial y por un “malestar económico” que, dijo, “no da para más”. También mencionó problemas internos no resueltos que empujaron a compañeros a tomar “ciertas decisiones”, en referencia a los suicidios recientes dentro de la fuerza.

Entre esos nombres apareció el del suboficial verense Chimi Valdéz, un caso que golpeó fuerte puertas adentro. La referencia no buscó generar impacto mediático, sino explicar por qué muchos policías sienten que el deterioro ya no es solo salarial. En palabras de la misma agente, el problema pasa por “no ser escuchados, el no ser valorados”.


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Otro efectivo, también de civil, explicó que su presencia tuvo un sentido colectivo. Dijo que salió a la calle por los que “ya no están” y por quienes “siguen luchando por un sueldo digno”, además de solidarizarse con los compañeros reprimidos “en Rosario y Santa Fe”. La idea de unidad atravesó cada testimonio.

Esa línea fue reforzada por una madre de un policía que presta servicio en Rosario. Visiblemente enojada, cuestionó los intentos de dividir a la fuerza y apuntó directamente contra las órdenes impartidas desde la cúpula. Calificó la situación en el sur como “jodida” y habló de “pobreza” y de cómo a los policías “le manosean el bolsillo”.

Para ella, los plus anunciados no resuelven nada porque se “desvalorizan al poco tiempo”. Por eso reclamó que ese “plus limosna” pase al sueldo básico y alcance a toda la provincia. La frase “el norte también se caga de hambre” resumió un malestar que no reconoce fronteras departamentales.


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Mientras tanto, el jefe de la Unidad Regional IX, Diego Constanzo, estuvo presente en la sede policial durante la madrugada, aunque evitó el contacto con los manifestantes. Consultado brevemente, optó por la cautela en un contexto cargado de tensión y enojo acumulado.

El miedo a posibles represalias también se hizo sentir. Varios policías decidieron no dar testimonio público, aun cuando acompañaron la protesta. Ese silencio forzado, sumado al ruido de la madrugada, terminó de exponer que el conflicto policial ya no se limita a números salariales, sino que atraviesa la estructura misma de la fuerza.

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