De olla y de laboratorio: por qué las legumbres volvieron al centro de la mesa

Actualidad10/02/2026REDACCIÓNREDACCIÓN
Legumbres. Imagen creada con IA generativa por #LA17
Legumbres. Imagen creada con IA generativa por #LA17

Lentejas, garbanzos y porotos ganan terreno por nutrición y por el impacto ambiental. Además, su proteína ya se usa en polvos y alimentos reformulados.

En un momento en el que la comida se discute por salud, costos y clima, las legumbres reaparecen como una respuesta concreta, lejos de las modas y cerca de lo básico. No se trata solo de una tradición de cocina hogareña, sino de un cultivo que vuelve a tener sentido por lo que aporta y por lo que evita. Lentejas, garbanzos, porotos y arvejas empiezan a ocupar un lugar que va más allá del plato: el de una herramienta útil frente a la seguridad alimentaria y la sostenibilidad.

El informe difundido por la Agencia Noticias Argentinas planteó que estos alimentos se revalorizan en un contexto global marcado por desafíos contemporáneos. La idea central es que combinan accesibilidad y densidad nutricional en un escenario donde la disponibilidad de alimentos y el impacto ambiental importan tanto como el sabor. El texto los ubica como parte de una solución integral frente al cambio climático, la pérdida de biodiversidad y la seguridad alimentaria.


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En el plano nutricional, la licenciada en Nutrición Silvina Ferrante (M.P. 7.723) aportó definiciones puntuales sobre lo que ofrecen. “Desde el punto de vista nutricional, las legumbres son una fuente excepcional de proteínas vegetales, fibra dietética, vitaminas del complejo B, minerales como hierro, zinc y magnesio, y compuestos bioactivos con efectos antioxidantes y antiinflamatorios”, señaló. Ese combo explica por qué aparecen en recomendaciones alimentarias que buscan mejorar calidad sin depender de productos caros.

Ferrante también vinculó su consumo con prevención de enfermedades crónicas y con estrategias de alimentación que ganan espacio. “Su consumo regular se asocia con la reducción del riesgo de enfermedades crónicas, así como también, su combinación estratégica con cereales integrales provee un perfil completo de aminoácidos esenciales, lo que las convierte en aliadas clave en dietas flexitarianas, vegetarianas y veganas”, agregó. En esa mirada, la legumbre deja de ser “acompañamiento” y pasa a ser parte estructural de una dieta.


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La discusión, sin embargo, no queda solo en nutrientes. El informe remarcó un beneficio ambiental muy concreto: la capacidad de fijar nitrógeno atmosférico, que reduce la necesidad de fertilizantes sintéticos. Eso impacta en la huella de carbono y en la contaminación del suelo y el agua, dos variables que condicionan cómo se produce y cuánto cuesta producir.

Esa misma lógica explica por qué se habla de sistemas agrícolas más resilientes y menos dependientes de insumos externos. Cuando el costo de los fertilizantes se vuelve un problema o cuando el ambiente se degrada, contar con cultivos que colaboran con el suelo cambia la ecuación. Además, el texto destacó que su diversidad genética aporta a la biodiversidad agroecológica, un elemento que sostiene estabilidad frente a plagas, enfermedades y variaciones climáticas.


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En materia de seguridad alimentaria, Ferrante puso el acento en el carácter estratégico de estos cultivos. “Las legumbres ofrecen una opción sostenible y asequible para alimentar a una población mundial en crecimiento”, explicó. También señaló que se adaptan a distintas condiciones agroclimáticas y que pueden almacenarse por largos períodos sin perder cualidades nutritivas, un dato que vale especialmente en regiones vulnerables.

La cocina, de todos modos, sigue siendo el punto donde todo se prueba. El informe remarcó su versatilidad para preparación casera e industrial, y ahí aparece un puente con otra tendencia: la transformación de legumbres en ingredientes funcionales. Esa transición está empujada por demandas del mercado y por la industria alimentaria, que busca proteínas alternativas con buena textura y desempeño tecnológico.


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En los últimos años, según el texto, se desarrollaron innovaciones para extraer y concentrar proteínas de legumbres y convertirlas en polvos proteicos funcionales. Esos ingredientes permiten enriquecer alimentos con proteínas de alta calidad y mejorar propiedades como textura y solubilidad. El informe mencionó aplicaciones concretas: panes, galletas, barras energéticas, bebidas vegetales y alternativas cárnicas.

Esa línea industrial se apoya en procesos biotecnológicos avanzados, con técnicas como microfiltración, ultrafiltración y métodos enzimáticos orientados a preservar funcionalidad de péptidos. El objetivo no es solo “sumar proteína”, sino influir en estructura, retención de agua y capacidad emulsificante, algo que define si un producto nuevo funciona o queda en promesa. Así, la legumbre aparece en dos mundos a la vez: la olla cotidiana y la reformulación de alimentos en planta.

Fuente: NA.

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