
Álvarez de Celis apuntó contra Linares y Luque por urbanizar una zona que ya tenía advertencias técnicas
Chubut10/02/2026
REDACCIÓN
Álvarez de Celis apuntó contra Linares y Luque por urbanizar una zona que ya tenía advertencias técnicas desde 2002. Pidió reubicar familias o comprar viviendas a valor de mercado.


El derrumbe del Cerro Hermitte dejó una imagen que Comodoro Rivadavia todavía procesa: familias afuera, casas destruidas y un barrio —Sismográfica— convertido en símbolo de una fragilidad que no empezó de un día para el otro. En ese escenario, el ex secretario de Planificación Territorial y Coordinación de Obra Pública de la Nación, Fernando Álvarez de Celis, puso el foco en una pregunta incómoda: cómo una zona advertida por informes técnicos terminó cargando con un riesgo multiplicado. Su lectura apunta a decisiones de gestión que, según sostiene, empujaron la urbanización hacia donde no debía.
El dato que el especialista usa como termómetro es el crecimiento del universo comprometido. Según recordó, el informe del SEGEMAR publicado en 2002 ubicaba en 45 las viviendas en riesgo en el área. Hoy, afirmó, esa cifra trepó a más de 600, un salto que describe como consecuencia directa de políticas territoriales que avanzaron a contramano de las advertencias. Para Álvarez de Celis, ese cambio de escala no se explica por azar ni por una sorpresa geológica repentina, sino por decisiones sostenidas en el tiempo.
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En ese punto aparece el señalamiento político más fuerte. Álvarez de Celis responsabilizó a los dos últimos intendentes, Carlos Linares y Juan Pablo Luque, por el rumbo que tomó la ciudad en esa zona, al afirmar que “desoyeron todas las voces técnicas” y que, incluso después de experiencias previas y advertencias acumuladas, eligieron profundizar el camino de urbanizar. La acusación no se limita a una omisión: describe una acción concreta de orientar crecimiento y recursos hacia un lugar señalado como de “altísimo riesgo”.
El ex funcionario, que se desempeñó en el Ministerio del Interior entre 2015 y 2019, habló desde la Fundación Tejido Urbano, entidad que preside. Allí enmarcó el problema dentro de un “desorden” territorial que, según explicó, se agrava cuando la política busca resultados inmediatos sin mirar el mapa completo de amenazas. En su planteo, Comodoro arrastra un patrón: advertencias técnicas que quedan en papeles, mientras la gestión empuja obras y consolidación urbana donde después el costo lo paga la gente.
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La crítica se vuelve más específica cuando describe el tipo de inversión pública que, según él, terminó consolidando el riesgo. Álvarez de Celis afirmó que la Municipalidad, bajo las gestiones de Linares y luego de Luque, no solo omitió crear un Código Urbanístico, sino que también impulsó obras de infraestructura “como conocemos, el tema de las cloacas, el tema del asfalto y demás, y propició urbanizaciones”. En su lectura, esa infraestructura no fue neutral: funcionó como ancla para poblar y expandir un área que ya tenía alertas técnicas previas.
El cuadro, además, vuelve más áspero por su costo social inmediato. Álvarez de Celis sostuvo que la consecuencia actual no es abstracta: habló de “más de 50 familias” afectadas por la destrucción de sus viviendas, a las que describió como personas que quedaron “literalmente en la calle”. El derrumbe del Hermitte, en su visión, expone el extremo de un proceso largo donde las decisiones administrativas se traducen en pérdidas domésticas, mudanzas forzadas y angustia cotidiana.
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En la entrevista radial citada en el texto fuente, el ex funcionario insistió con un concepto que atraviesa su análisis: la responsabilidad de quienes estuvieron al mando del Ejecutivo municipal. “La responsabilidad lisa y llana le cabe a estas dos personas… desoyeron todas las voces técnicas y políticas y avanzaron en el camino contrario”, afirmó, en referencia directa a Linares y Luque. Su frase apunta a una doble dimensión: no solo el saber técnico, sino también los debates públicos posteriores a eventos críticos, que —según él— no modificaron las decisiones.
El planteo también incluye una salida posible, con una exigencia hacia el Estado. Álvarez de Celis consideró que la solución definitiva debe sostenerse en una acción estatal firme para reubicar a las familias, o en su defecto para comprar las viviendas afectadas a valor de mercado. No lo presentó como una medida complementaria, sino como una resolución concreta frente a un daño que ya se instaló en la vida de las personas.
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Para el especialista, el problema no termina en el derrumbe ni en la emergencia del momento. Su advertencia es que, sin ordenamiento territorial real y sin reglas urbanas actualizadas, el riesgo se multiplica y la ciudad queda atrapada entre obras que empujan crecimiento y suelos que no lo toleran. En ese marco, sostuvo que decisiones tomadas en el pasado generaron “un mal mucho peor”, con un efecto que hoy se mide en familias afectadas y en un mapa urbano que —según su mirada— todavía arrastra cuentas pendientes.















