El miedo a elegir se cuela en las citas y cambia las reglas del vínculo amoroso

Actualidad14/02/2026REDACCIÓNREDACCIÓN

La lógica de “siempre hay algo mejor” ya no queda en redes: también se mete en la intimidad. Una psicóloga social explicó por qué muchos evitan profundizar y sostener.

Primera cita. Foto Freepik
Primera cita. Foto Freepik

En tiempos de pantallas infinitas, el amor también se vuelve una pestaña más. La ansiedad por no quedarse afuera, que antes se asociaba a eventos o tendencias, ahora aparece en escenas cotidianas: una cita que dura poco, una conversación que se corta por detalles mínimos, una relación que no llega a nacer porque la idea de elegir incomoda. En el Día de los Enamorados, el fenómeno del FOMO volvió a instalarse con fuerza, pero esta vez como una manera de relacionarse.

El FOMO, sigla de fear of missing out —miedo a perderse algo—, se alimenta de la inmediatez digital y deja marcas fuera de las redes. Según la mirada profesional, no se trata solo de comparar vidas ajenas o seguir modas, sino de trasladar esa lógica al plano afectivo. La sensación de que siempre hay una opción más disponible modifica la forma en que se construyen los vínculos y, muchas veces, frena el compromiso incluso cuando la conexión existe.


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La psicóloga social Gabriela Alesi lo explicó en diálogo con Noticias Argentinas desde una frase que resume el mecanismo: “como tengo miedo de perderme a alguien mejor o que me ofrezca algo diferente, no me arriesgo”. En esa idea aparece una trampa: la decisión se vive como pérdida, no como elección. Y entonces, en lugar de profundizar, se sostienen alternativas abiertas para no quedar “atados” a una única posibilidad.

Alesi advirtió que ese modo de vincularse se presenta como búsqueda de bienestar, pero en muchos casos termina dejando relaciones a medio camino. “Buscamos vínculos buenos”, señaló, aunque alertó que la búsqueda permanente puede impedir construir algo más sólido. Si la vara se mueve todo el tiempo, el vínculo no tiene espacio para crecer, equivocarse, acomodarse y volverse profundo.


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El análisis se apoya también en una idea conocida en el debate social contemporáneo: los “vínculos líquidos” del sociólogo y filósofo Zygmunt Bauman. Alesi retomó esa noción para describir relaciones “superficiales, al alcance de la mano, sin riesgo y sin implicación emocional porque tenemos miedo de esto”. La lógica no es nueva, pero hoy se potencia con herramientas que facilitan el descarte rápido y la ilusión de opciones ilimitadas.

En ese escenario, las aplicaciones y el scrolleo funcionan como un entrenamiento cotidiano para no sostener. La especialista lo tradujo en una frase directa: “En la inmediatez de scrollear, total tengo diez más o cinco más posibilidades abiertas”. La disponibilidad constante genera una idea de reemplazo fácil, y esa comodidad digital se filtra en decisiones que antes requerían más tiempo, presencia y tolerancia a la frustración.


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Alesi describió que, frente a la primera incomodidad, aparece un pensamiento que corta la escena antes de que empiece: “¿No me gustó? Ni siquiera pierdo el tiempo”. La frase no habla solo de gustos, sino de una relación con la paciencia y con el otro. Si todo se evalúa en segundos, el vínculo queda atrapado en la primera impresión, sin chance de complejizarse.

En la misma línea, la psicóloga social señaló cómo la comparación inmediata también ordena las expectativas desde el arranque. “¿Para qué voy a perder el tiempo en conocerlo o en verte? Si la imagen que me dio, o lo que me dijo en una primera cita no tiene relación con lo que yo venía hablando en la aplicación, ya está”, sostuvo. La idea de “coincidir” desde el minuto cero se vuelve un filtro rígido que deja poco margen para la sorpresa o para conocer más allá del guion.


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Para la profesional, el FOMO en pareja no expresa únicamente miedo a quedarse afuera de otra oportunidad, sino también un temor más profundo: involucrarse. La ilusión de opciones infinitas puede funcionar como refugio para no elegir, porque elegir implica sostener, negociar, atravesar momentos incómodos y aceptar que ninguna relación es perfecta. En ese marco, el desafío que planteó Alesi no pasa por apagar las pantallas, sino por revisar qué lugar ocupa el “por si acaso” en la vida afectiva.

El fenómeno también reordena algo que muchas parejas dan por hecho: la construcción del vínculo como proceso. Si todo se define por una imagen, un mensaje o una frase mal interpretada, el amor queda atado a la rapidez, no a la experiencia. Y ahí, más que el miedo a perderse algo, lo que se pierde es el tiempo necesario para que un vínculo exista de verdad.


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En un día atravesado por mensajes románticos y gestos de pareja, el FOMO aparece como una pregunta incómoda: ¿cuántas historias se cortan antes de empezar por miedo a elegir “mal”? La respuesta no está en la certeza, sino en animarse a sostener más allá del primer juicio. Porque cuando el vínculo se evalúa como catálogo, el riesgo no es quedarse sin opciones, sino quedarse sin profundidad.

Fuente: NA.

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