Vinchucas y viuda negra: qué encontró al recorrer Chubut un investigador del CENPAT

Enfoques18/02/2026REDACCIÓNREDACCIÓN

El biólogo Facundo Zaffaroni explicó en #MODO17 cómo funciona la vigilancia en ruta, por qué Chubut también convive con Chagas y qué cuidados simples evitan accidentes con arañas.

Vinchuca
Vinchuca

En Chubut, el mapa de riesgos sanitarios no se reduce a lo que pasa en las grandes ciudades ni a lo que “supuestamente” ocurre en el norte del país. Desde Puerto Madryn, el biólogo e investigador Facundo Zaffaroni, del IPEEC–CENPAT (CONICET), describió en #MODO17 el trabajo de vigilancia que recorre la provincia de punta a punta y se apoya en hospitales, vecinos y equipos de salud para identificar artrópodos de interés médico.

Su rutina de campo se parece más a una travesía que a un laboratorio. Contó que viaja por la Ruta 25 hasta Esquel, con paradas en localidades intermedias, y luego repite el esquema por la Ruta 3, con salida hacia Comodoro Rivadavia. En ese recorrido, dijo, no solo busca vinchucas: también estudia a la viuda negra, un arácnido que concentra la mayor preocupación por su potencial gravedad en caso de picadura.


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Zaffaroni ubicó a las vinchucas dentro de una realidad provincial que suele quedar fuera de conversación. Explicó que la problemática se asocia a otras regiones, pero insistió en que también aparece en territorio chubutense, aunque con un escenario distinto al de provincias con circulación vectorial estable. En su descripción, el insecto tiene un rasgo determinante: “es hematófago”, necesita sangre para completar su ciclo, y puede portar un parásito que causa Chagas.

La especie que aparece en Chubut, según detalló, es nativa y se llama Triatoma patagónica. El dato que aportó desde la vigilancia tiene peso sanitario: “hasta ahora todas las que hemos encontrado ninguna está infectada”. Esa afirmación se apoya en la experiencia de monitoreo y en la toma sistemática de registros cada vez que aparece un ejemplar reportado.


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En la entrevista, el investigador marcó una diferencia que cambia la forma en que se debe pensar la prevención. Mientras la vinchuca del norte suele anidar dentro de viviendas, la patagónica tiene hábitos silvestres: vive en el monte y la estepa, se alimenta de animales y se mueve en ese ambiente. Por eso, cuando aparece en casas, su hipótesis principal no pasa por colonias domiciliarias, sino por acercamientos puntuales, muchas veces atraídos por la luz.

Ese enfoque se traduce en un protocolo simple pero constante. Zaffaroni explicó que, cuando se reporta una vinchuca, el equipo se acerca al domicilio y, si la persona lo permite, realiza una búsqueda entomológica para detectar si hay más individuos o un nido. En su experiencia, la mayoría de los casos muestra hallazgos aislados: “solo en una encontramos una, pero no con nido”, dijo, y eso refuerza la idea de que el anidamiento se mantiene en ambientes naturales.


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El diálogo se corrió entonces del insecto a la enfermedad, con una aclaración central: Zaffaroni no habló como médico, sino como entomólogo, pero aportó información general que suele faltar en la difusión pública. Describió etapas posibles, con un inicio que puede parecerse a un cuadro fuerte, a veces sin síntomas, un período intermedio que puede durar décadas y una fase crónica donde aparecen las complicaciones más severas. En ese tramo lanzó una frase que incomoda por su sentido práctico: “Puede ser que haya alguien viviendo entonces en este momento con el mal de Chagas y que no lo sepa.”

También señaló que en Chubut hay muchas personas con Chagas, en parte por migraciones desde otras regiones y en parte por transmisión maternoinfantil. Al referirse al contagio entre personas, aclaró límites concretos para cortar miedos y estigmas: no se transmite por mate, besos o relaciones sexuales, y la transfusión de sangre queda bajo control sanitario. Ese dato, sin dramatismo, sostiene una idea fuerte: la prevención exige información clara, no alarmas.


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La entrevista mostró además el entramado institucional que sostiene el trabajo de campo. Zaffaroni definió su tarea como un esquema conjunto con salud pública y áreas provinciales de ciencia y tecnología, con capacitaciones para personal sanitario y respuestas a consultas de vecinos sobre insectos, arañas, escorpiones y mosquitos. En una frase, resumió el sentido del plan: “es un trabajo colaborativo” y se orienta a actuar antes de que el problema escale.

En ese mismo bloque, conectó la vigilancia con otra frontera sanitaria que se mueve año a año: el dengue. Contó que monitorean en Puerto Madryn y Trelew y definió el rol regional con una línea que busca poner a Chubut en el mapa del seguimiento: “somos la frontera sur del monitoreo del dengue en el mundo.” La idea, explicó, es observar cómo se desplaza el mosquito y qué implicancias tiene más allá de la provincia.


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Al hablar del territorio, el investigador mostró una escena frecuente pero poco contada: dormir en hospitales durante las campañas. Relató que en varios pueblos se queda en espacios preparados para recibir personal itinerante y que ese apoyo le permite sostener muestreos, charlas y trabajo de campo. En la ruta, dijo, aparecen también los saberes de la gente que vive en cada lugar, un intercambio que le sirve para definir sitios y optimizar tiempos cuando la agenda se vuelve ajustada.

La última parte del diálogo se concentró en un tema que suele aparecer cuando hay movimientos de suelo, incendios o cambios ambientales: si eso puede empujar riesgos por insectos y arañas. Zaffaroni contextualizó que, en comparación con otras regiones, Chubut tiene pocos artrópodos de importancia médica. Aun así, puso el foco en la viuda negra como el principal riesgo potencial y dejó una recomendación simple: el animal no es agresivo, pero los accidentes ocurren cuando se mete la mano en lugares con tela o recovecos sin revisar, por eso sugirió usar guantes antes de mover cajones, ladrillos o elementos guardados.


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Sobre Comodoro y situaciones geológicas, evitó caer en certezas que no tenía y señaló que el movimiento puede movilizar insectos, aunque la mayoría no representa peligro grave. Respecto a la cordillera, explicó que busca medir cómo varía la abundancia de viuda negra según el gradiente ambiental: indicó que en el noreste provincial puede haber “el triple” que en Esquel, aunque también existe presencia en distintos puntos. Y ante la consulta por incendios, mencionó trabajos de investigación específicos dentro del equipo, sin adjudicarse conclusiones ajenas.

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