El satélite argentino que irá a la Luna durará 20 horas y ya tiene fecha posible

Actualidad21/02/2026REDACCIÓNREDACCIÓN

ATENEA viajará en Artemis II y llegará a 75.000 km de la Tierra, un récord local. La NASA completó pruebas con combustible y el despegue se proyecta para el 6 de marzo.

Satélite. Imagen ilustrativa Freepik
Satélite. Imagen ilustrativa Freepik

Argentina sumará una pieza propia en una misión que vuelve a poner a la Luna en el centro de la agenda espacial, pero lo hará con una paradoja: un satélite preparado durante años que, una vez liberado, vivirá menos de un día. El microsatélite ATENEA está listo para volar en Artemis II y, según la información difundida en las últimas horas, el lanzamiento se mueve hacia una ventana concreta. El dato entusiasma por el salto tecnológico y por el lugar que ocupa el país en una travesía internacional de alto impacto.

La proyección de fecha la planteó el secretario de Innovación, Ciencia y Tecnología, Darío Genua, al señalar que “todo apunta al 6 de marzo como la fecha probable para el lanzamiento”. La misión despegaría desde el Centro Espacial Kennedy, en Florida, con el cohete SLS y la nave Orión como protagonistas. La presencia del microsatélite argentino se integra a una operación de diez días que incluye un sobrevuelo lunar tripulado.


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La NASA, por su parte, comunicó avances técnicos que acercan la misión a un escenario operativo real. En pruebas recientes, la agencia destacó resultados positivos en la carga de combustible para el sistema de lanzamiento. En conferencia de prensa, la jefa de desarrollo de sistemas de exploración, Lori Glaze, sintetizó el clima interno con una frase que mezcla prudencia y expectativa: “esto ya se está volviendo muy real, y que es hora de ponerse serios y empezar a emocionarse”.

La validación de esas pruebas también quedó en palabras del administrador de la NASA, Jared Isaacman, que comparó ensayos y marcó un salto entre uno y otro. Según el texto, el primer ensayo de cuenta regresiva se interrumpió por fugas de hidrógeno a principios de mes, mientras que el segundo se completó con una filtración “excepcionalmente baja”. Isaacman lo definió como “un avance importante”, y ese cambio de desempeño técnico es el que empuja a pensar en marzo como horizonte posible.


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En Argentina, el anuncio se leyó como una confirmación de trabajo cumplido y como una oportunidad política para mostrar resultados. Genua celebró la participación local con un mensaje directo en redes, ligado a la idea de pertenencia a un proyecto mayor. “Nuestro satélite argentino ATENEA ya está listo para este hito. Miremos al cielo con orgullo: somos parte de este viaje histórico”, escribió, con una frase que buscó traducir una operación compleja a un orgullo fácil de comprender.

Desde la CONAE también hubo pronunciamiento con el mismo eje, pero en tono institucional y con foco en el hito técnico alcanzado por la agencia estadounidense. “La NASA finalizó con éxito las pruebas con tanques llenos del cohete SLS, que llevará la misión tripulada a la Luna junto con nuestro microsatélite ATENEA. En conferencia de prensa, autoridades de la agencia espacial de USA confirmaron marzo como fecha más probable de lanzamiento”, comunicó el organismo. En ese texto, la relevancia se corre del anuncio político y se apoya en el avance de un proceso de ingeniería que condiciona todo el cronograma.


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La misión, además, tiene un elemento que suma tensión logística: el equipo de astronautas ya empezó a prepararse como si la ventana fuera inminente. Para sostener opciones abiertas, los tres estadounidenses y un canadiense se alistaron para iniciar la cuarentena sanitaria obligatoria de dos semanas en Houston, Texas. Ese detalle habla de un calendario que no espera confirmaciones eternas, porque cada movimiento previo al lanzamiento arrastra costos y coordinaciones difíciles de reprogramar.

Artemis II tiene un peso simbólico que excede el detalle del satélite argentino, porque se presenta como la primera misión tripulada a la Luna desde la década del 70. También aparece como una novedad histórica por su tripulación: viajarán cuatro personas, y no tres. En ese marco, ATENEA queda asociado a una misión que busca reactivar una narrativa de exploración que había quedado congelada en otra era, pero con tecnología y objetivos de este tiempo.


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El salto argentino se expresa en números concretos: el microsatélite alcanzará 75.000 kilómetros de la Tierra, la órbita más lejana lograda por el país según la información difundida. En comparación, el texto recuerda que un satélite que geolocaliza teléfonos celulares opera a unos 400 kilómetros de altura, una distancia totalmente distinta a la que se propone esta misión. Esa cifra no es un adorno técnico: es la medida del riesgo, de la precisión necesaria y del valor científico de lograr operar tan lejos.

La contracara de esa ambición es la vida útil: ATENEA tendrá un recorrido breve una vez que se desprenda de Orión. El texto fuente lo define con claridad: el microsatélite “expirará” a las 20 horas de su separación de la nave. Así, la participación argentina combina dos extremos en una misma imagen: llegar más lejos que nunca y, al mismo tiempo, hacerlo en un lapso mínimo, como una pieza diseñada para cumplir una tarea rápida dentro de un viaje mucho más largo.

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