La tasa de interés pega saltos y deja efectos que se siente en pymes y consumo

Actualidad22/02/2026REDACCIÓNREDACCIÓN

El tironeo por pesos entre Tesoro y Banco Central empuja picos de tasa que atraen al carry. El mercado festeja, pero el crédito queda en zona incómoda.

BCRA
Banco Central de la República Argentina (BCRA).

El dato que no entra en un gráfico de traders aparece en la calle: los adelantos en cuenta corriente promediaron 44,1% TNA en enero y 40,2% al 13/02, niveles que tensan el capital de trabajo pyme. En un escenario de actividad que, según la fuente, queda estancada en valores similares a abril, esa referencia deja de ser técnica y pasa a marcar decisiones concretas. La discusión sobre tasas “overnight” puede sonar lejana, pero el costo del financiamiento no espera a que el mercado se ordene.

Detrás del sube y baja hay un forcejeo por liquidez que la nota ubica con nombre y apellido institucional. Por un lado, el Tesoro absorbe pesos con su esquema de licitaciones; por el otro, el Banco Central vuelve a inyectar cuando compra reservas sin esterilización, de acuerdo con el texto. Esa combinación no se lee como una estrategia única, sino como un ida y vuelta que impacta en el precio del dinero.


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El mecanismo, además, toma ritmo propio y se repite con una lógica quincenal. La fuente describe un circuito en el que la licitación imprime un sesgo contractivo y, dos días después, el día de liquidación (T+2), el mercado “se seca” y las tasas tocan máximos transitorios. Luego, con la recomposición de liquidez, las tasas vuelven a comprimirse hasta la próxima subasta y el ciclo reinicia. Ese recorrido importa tanto como el resultado final.

En el agregado, la nota plantea que la combinación Tesoro + BCRA deja un efecto relativamente neutro sobre la cantidad total de pesos, pero no sobre el camino. La autora incluso lo marca con una advertencia: lo transitorio no resulta inocuo cuando el instrumento central es el precio del dinero. En esa ruta, la volatilidad crea oportunidades para algunos y frenos para otros.


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El ejemplo que aporta la fuente apunta directo al corazón financiero del asunto. En enero, la base monetaria bajó solo $0,14 billones, pero los picos de tasa funcionaron como un “imán” para el carry trade. Esa atracción incentiva el desarme de posiciones en dólares para capturar rendimiento en pesos, con un efecto que luego se traslada a la dinámica cambiaria.

El texto vincula esa dinámica con el movimiento del tipo de cambio oficial. Según la fuente, el retroceso ronda casi 5% desde la última licitación de enero, en un contexto con oferta de divisas por cuenta financiera y corriente. La tasa, entonces, no actúa solo como precio del crédito: también reordena incentivos de portafolio y tiempos de cobertura.


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La particularidad es que el salto de la tasa a un día no viaja completo hacia la economía real, pero deja una huella igual de pesada. El mercado mira el carry; las empresas miran el costo de girar la rueda mensual y sostener stock, salarios y pagos. Ahí aparece el contraste: volatilidad operativa arriba, incomodidad sostenida abajo.

En esa tensión, el crédito muestra señales frías. La fuente indica que el financiamiento a empresas cae 2% desde fin del año pasado y que el crédito al consumo acumula seis meses planchado. El resultado no necesita épica: con tasas activas altas y demanda sin impulso, el sistema se vuelve más selectivo y el margen de maniobra se achica.


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La nota resume ese clima con una frase que funciona como síntesis del impacto: “Lo que para el mercado es carry, para la producción es un cuello de botella”. Y agrega otra imagen que explica por qué el tema excede el microclima financiero: estas tasas operan como “termómetros del porvenir” cuando la actividad no muestra reacción. En ese compás, el costo de la volatilidad se paga lejos de la pantalla, en decisiones que postergan consumo e inversión.

Fuente: LA NACION.

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