
Más familias caen en mora y el dato que inquieta a los bancos supera el 9%
Actualidad22/02/2026
REDACCIÓNEl BCRA cerró 2025 con morosidad general de 5,5%, pero en préstamos a personas subió a 9,3% y se siente en el consumo cotidiano.

El número que más ruido mete en el sistema financiero no aparece en el total, sino en el detalle: la mora en préstamos a personas físicas llegó a 9,3% al cierre de 2025. La cifra contrasta con la de las empresas y obliga a mirar el endeudamiento familiar con otra lupa. El dato surge de información oficial del Banco Central (BCRA) relevada para el sector privado.
En términos generales, la irregularidad de pago en créditos al sector privado terminó el año con un índice de morosidad de 5,5% y una trayectoria ascendente durante 2025. Ese promedio, por sí solo, no explica el cambio de fondo que aparece cuando se separan segmentos. La dinámica se vuelve asimétrica: los hogares muestran el mayor deterioro en la capacidad de cumplir con sus compromisos.


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La comparación con el mundo empresario expone esa diferencia con claridad. Mientras la irregularidad en empresas quedó en 2,5%, el salto en familias empuja el promedio y concentra el riesgo en otro lado. Ese desbalance también altera el pulso del consumo, porque el atraso en cuotas recorta margen para gastos esenciales. En el día a día, la mora empieza a reflejarse en decisiones básicas: qué se posterga, qué se recorta y qué se financia.
El BCRA identifica que el atraso crece, sobre todo, por créditos personales y prendarios. Durante el año, el financiamiento a familias ganó peso en los balances bancarios y esa expansión, a la vez, amplió la exposición al riesgo. Con más préstamos colocados, el sistema queda más sensible a cualquier tensión en ingresos. En ese contexto, el dato de mora deja de ser una estadística fría y pasa a marcar estrés financiero en hogares.
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Las causas que empujan el ahogo aparecen vinculadas a variables conocidas, pero con efectos acumulados. Tasas de interés todavía elevadas, inflación y falta de una recomposición sólida de salarios presionan sobre la capacidad de pago, según el esquema de factores recogidos en la información del Banco Central. Cuando la cuota se vuelve pesada, el atraso entra como salida involuntaria, no como estrategia. Esa presión también condiciona el crédito nuevo, porque la familia que se atrasa queda más lejos de refinanciar en condiciones razonables.
En paralelo, el crédito al sector privado igual creció con fuerza y dejó un contraste incómodo: más expansión y, a la vez, más atraso. El dato oficial marca un crecimiento real del 36,9% combinando pesos y dólares. Esa suba agranda el mercado, pero también amplifica el tamaño del problema cuando se deteriora la cobranza. En otras palabras, el sistema presta más y queda más expuesto al riesgo de incobrabilidad.
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Dentro de los bancos, los especialistas del BCRA señalan que el nivel de mora todavía se ubica por debajo de picos de crisis anteriores. Esa referencia funciona como marco de comparación, aunque no elimina la señal de tendencia ascendente. La trayectoria importa porque anticipa tensiones futuras si el ingreso real no recupera aire. Además, el problema se concentra en un segmento que arrastra consumo y actividad, lo que vuelve más sensible el termómetro.
Fuera del circuito bancario tradicional, el panorama cambia de forma brusca y golpea a los sectores con menos alternativas. En cooperativas, mutuales o financieras orientadas al crédito de consumo, la irregularidad alcanza 22,8% según los datos citados. Esa cifra refleja un nivel de fragilidad mayor, asociado a población que no accede a bancos o que cae en opciones más caras y riesgosas. Allí, el atraso se vuelve una trampa, porque el costo de refinanciar suele crecer cuando la mora aparece.
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El telón de fondo es un giro en el modelo de balance del sistema financiero, impulsado por la administración económica de Javier Milei. Hoy, el crédito a empresas y familias representa 43,9% del activo total de las entidades y desplaza a la rentabilidad que antes predominaba con financiamiento al sector público. Durante el gobierno de Alberto Fernández, instrumentos como Leliqs, pases y bonos del Tesoro ocuparon un lugar central en la estructura de ganancias. Con el cambio, el riesgo vuelve a estar atado con más fuerza al desempeño real de empresas y hogares, y la mora familiar queda en el centro de la escena.
Fuente: NA.
















