Preocupa el crecimiento sostenido de la miopía en niños y adolescentes

Actualidad22/02/2026REDACCIÓNREDACCIÓN

Especialistas advierten que pantallas, lectura sin pausas y poca luz natural aceleran la miopía. Recomiendan aire libre, descansos y controles anuales.

Miopía en niños y adolescentes. Foto Freepik
Miopía en niños y adolescentes. Foto Freepik

El arranque de clases vuelve a poner un tema incómodo sobre la mesa: la miopía en niños y adolescentes sube de manera sostenida y ya no aparece como un problema aislado. La dificultad para ver de lejos se mete en la rutina escolar y en la vida cotidiana, con un combo que se repite en consultorios y aulas: más visión cercana, menos tiempo afuera. En ese escenario, médicos y equipos de salud piden sumar cuidados simples para evitar que la tendencia siga corriendo.

Los datos que circulan entre especialistas dibujan un fenómeno global que crece desde los años 90 y se proyecta a futuro. Desde el Hospital de Clínicas de la UBA advirtieron que “a nivel global, análisis recientes estiman que aproximadamente 1 de cada 3 niños y adolescentes de las grandes ciudades es miope, con un incremento sostenido desde la década de 1990 y una proyección cercana al 40% para 2050”. Esa cifra, que se apoya en análisis recientes, explica por qué la preocupación dejó de limitarse a casos puntuales. También pone en foco que el cambio no se resuelve con un solo hábito, sino con una rutina distinta.


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En Argentina y en buena parte de América Latina, los porcentajes informados entre adolescentes todavía se ubican por debajo de otros grandes centros urbanos del mundo. En esa comparación, el oftalmólogo y presidente de la Sociedad Argentina de Oftalmología Infantil (SAOI), Leonardo Fernández Irigaray, planteó que “la miopía es hoy una de las principales causas de discapacidad visual prevenible y de ceguera en todo el mundo” y que “su prevalencia está aumentando en muchos países”. También marcó contrastes fuertes: en Singapur, explicó, la prevalencia entre jóvenes rondaba menos del 30% hace 40 años y ahora se acerca al 85%, con fenómenos similares en ciudades y países de Asia. En Estados Unidos y Europa, señaló, la miopía ya llega al 50% de los jóvenes, mientras que en Argentina y la región se reporta entre 10% y 20%.

La discusión suele caer en una explicación rápida: “es la pantalla”. Los especialistas no lo plantean así, aunque sí apuntan al uso intensivo de visión cercana como factor que empuja. El oftalmólogo del Hospital de Clínicas Esteban Travelletti separó el problema en dos partes y ordenó el diagnóstico con una frase directa: “los factores de riesgo pueden dividirse en dos grandes grupos: los que no se pueden modificar y los que sí”. Y precisó el punto de partida familiar: “el principal factor no modificable es la genética: los hijos de padres miopes tienen mayor probabilidad de desarrollar miopía y, además, de que aparezca a edades más tempranas”.


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En el terreno que sí permite intervención, Travelletti ubicó lo que hoy domina el día a día de muchos chicos. Según explicó, los factores modificables más importantes son “el exceso de actividades de visión cercana, como pantallas, lectura o tareas prolongadas sin pausas, y la escasa exposición a la luz natural”. La idea no excluye la escuela, pero sí pide otra lógica dentro y fuera del aula: pausas, distancias y recreos con luz real. A la vez, los especialistas coinciden en que los hábitos y el entorno modulan la aparición y la progresión de la miopía.

La recomendación que más se repite no viene en forma de medicamento ni de dispositivo, sino de tiempo afuera. Fernández Irigaray lo sostuvo con énfasis: “Sabemos a ciencia cierta desde hace ya varios años que estar al aire libre expuesto a la luz natural algunas horas por día retrasa la aparición de la miopía en los niños, y recientemente se demostró que el aire libre también logra retardar la progresión de la miopía”. En esa línea, mencionó el programa del Ministerio de Educación de Taiwán que fijó dos horas diarias al aire libre en escuelas, y remarcó que el screening anual mostró una disminución de prevalencia en la última década. La lectura que dejan esos ejemplos es concreta: sumar luz natural no reemplaza controles, pero ayuda a correr el problema.


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Travelletti también ubicó esa pauta como un eje preventivo que se puede practicar sin costos grandes. Para el especialista, “la evidencia científica muestra que la exposición diaria a la luz natural es uno de los factores protectores más importantes”. Y completó con una recomendación medible: “Pasar al menos dos horas por día al aire libre ayuda a reducir la probabilidad de desarrollar miopía y, en quienes ya la tienen, puede enlentecer su progresión”. El mensaje no pide heroicidades, sino incorporar una rutina que compita con la lógica de encierro y pantalla.

En paralelo, la tecnología mete otra discusión: no sólo por la miopía, sino por el malestar ocular y físico que aparece con el uso extendido. Fernández Irigaray describió un cuadro que ya tiene nombre propio en consultorios: “Hoy hablamos del síndrome visual informático caracterizado por: fatiga ocular, irritación conjuntival, ojo seco, visión borrosa, visión doble, cefaleas, mareos, vértigo, dolor de cuello, espalda, hombros, brazos y manos”. Para bajar ese impacto, los especialistas recomiendan reglas simples como la “20-20-20” (cada 20 minutos, mirar 20 segundos a lo lejos, a 6 metros) y la “30-40-50” para distancias entre el cuerpo y los dispositivos. Además, desde la SAOI sugieren límites por edad: “los niños de 0 a 2 años deben evitar el uso de pantallas y dispositivos electrónicos, los niños de 2 a 5 años deben limitar su uso a una hora por día y a los niños mayores a 6 años se les debe establecer límites de exposición”.


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En la previa del inicio escolar, el control visual aparece como una herramienta concreta para no llegar tarde. Travelletti recomendó una pauta general para la etapa escolar: “en general se aconseja un control oftalmológico anual durante la etapa escolar. El examen debe evaluar agudeza visual, graduación y estado del fondo de ojo para detectar miopía y otras alteraciones en forma temprana”. También sugirió un esquema de chequeos desde el nacimiento y, si ya hay diagnóstico o tratamiento, controles cada seis meses para ajustar estrategias y detectar cambios rápidos. En el Hospital de Clínicas también subrayan mitos frecuentes y remarcan que la corrección no acelera el problema: “La corrección mejora el rendimiento y la comodidad visual y no acelera su progresión”.

El punto final no pasa por estética ni por comodidad, sino por riesgos a largo plazo cuando el seguimiento falla. Travelletti explicó que, a medida que sube la miopía, el ojo se alarga y eso estira estructuras internas, en especial la retina. Y advirtió: “a medida que aumenta, el ojo se alarga y eso produce un estiramiento de las estructuras internas, especialmente de la retina”, con un aumento del riesgo de enfermedades como desprendimiento de retina, alteraciones maculares, glaucoma y cataratas tempranas. Antes de que ese escenario se instale, los especialistas insisten con una línea simple: prevención, hábitos y control sostenido para cuidar el aprendizaje, la vida diaria y la salud visual en el tiempo.

Fuente: Infobae.

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