
Bombas en Kabul desataron una guerra entre Pakistán y los talibanes de Afganistán
Actualidad27/02/2026
REDACCIÓNPakistán atacó Kabul y otras ciudades y habló de “guerra abierta”, mientras los talibanes piden diálogo; China e Irán se ofrecen a mediar ante cifras cruzadas.

China e Irán salieron a ofrecer mediación en un momento de máxima tensión entre Pakistán y Afganistán, con una escalada que ya dejó bombardeos sobre Kabul y ataques en varios puntos de la frontera. Beijing dijo estar “profundamente preocupada” y reclamó a ambos gobiernos “mantener la calma y actuar con moderación”, mientras Teherán se puso a disposición para acercar posiciones. La reacción internacional buscó frenar un choque que, por horas, tomó forma de guerra declarada en redes y comunicados.
En Kabul, el gobierno talibán confirmó que los aviones paquistaníes golpearon la capital y otras ciudades, pero insistió en una salida política. Su vocero Zabihullah Mujahid sostuvo: “Hemos insistido repetidamente en una solución pacífica y todavía queremos que el problema se resuelva a través del diálogo”. En la misma conferencia, advirtió que aviones paquistaníes seguían “sobrevolando el espacio aéreo de Afganistán”, una señal de presión sostenida más allá de los ataques puntuales.


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Del lado de Islamabad, la comunicación pública subió el tono y combinó mensajes operativos con definiciones políticas. El ministro de Información Attaullah Tarar afirmó en X: “Objetivos de la defensa del talibán afgano fueron atacados”, al enumerar los blancos de la ofensiva. La narrativa paquistaní buscó enmarcar la acción como respuesta a ataques previos y como parte de una campaña contra extremistas en territorio afgano, un argumento que sostiene desde hace tiempo en su disputa con Kabul.
El vocero del ejército paquistaní, Ahmed Sharif Chaudhry, aportó cifras y detalles que colocaron el foco en la “precisión” del operativo. Dijo que las fuerzas armadas atacaron 22 objetivos militares seleccionados por inteligencia y que evitaron deliberadamente apuntar contra civiles. También aseguró que 274 funcionarios y combatientes del régimen talibán murieron en los ataques, además de destrucción de puestos en la frontera y captura de posiciones, datos que marcaron una diferencia fuerte con lo que informó Afganistán.
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La dimensión humana del impacto apareció en los relatos desde la propia capital afgana, con explosiones que se escucharon durante la madrugada. Un residente de Kabul contó, bajo anonimato: “Las dos primeras fueron más lejos. Las últimas estuvieron muy cerca y sacudieron la casa”. Ese testimonio se sumó a lo observado por equipos periodísticos que registraron detonaciones y el sonido de aviones de combate en distintos puntos de la ciudad.
En la disputa, las palabras empezaron a pesar casi tanto como los proyectiles, sobre todo cuando desde Islamabad se habló directamente de guerra. El ministro de Defensa paquistaní, Khawaja Mohammad Asif, escribió: “A partir de ahora, es una guerra abierta entre nosotros y ustedes”, y acusó al gobierno talibán de convertir Afganistán en una “colonia de la India” y de “exportar terrorismo”. Pakistán repite que militantes armados usan suelo afgano para atacar su territorio y también apunta contra India por un supuesto respaldo a insurgentes, algo que Nueva Delhi niega.
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La otra cara de esa batalla discursiva aparece en las cifras de víctimas y daños, que muestran versiones incompatibles. El Ministerio de Defensa afgano dijo que 55 soldados paquistaníes murieron, que hubo capturados con vida y que se destruyeron 19 puestos y dos bases del rival, mientras Islamabad rechazó ese relato. Tarar informó dos soldados paquistaníes muertos y tres heridos, y el vocero del primer ministro Mosharraf Ali Zaidi negó capturas, al tiempo que desde Pakistán circularon números propios sobre muertos y heridos del lado afgano sin verificación independiente.
Además del bombardeo sobre Kabul y otras ciudades como Kandahar, el conflicto se estiró a zonas sensibles de cruce como Torkham, donde ambas partes reportaron intercambios de disparos. Pakistán trasladó a lugares más seguros a refugiados afganos que esperaban cruzar la frontera, por el riesgo de nuevos enfrentamientos. En paralelo, funcionarios de seguridad paquistaníes citaron episodios en los que fuerzas afganas izaron banderas blancas en algunos puestos, un gesto que interpretaron como pedido de cese del fuego, aunque el dato tampoco tuvo confirmación independiente.
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Detrás de la escalada asoma un conflicto histórico por la Línea Durand, una frontera de 2.640 kilómetros trazada en 1893 por el Imperio Británico, reconocida por Pakistán como límite internacional y rechazada por Afganistán como división colonial que separó comunidades pastunes. Pakistán cercó buena parte de esa línea desde 2017 y las tensiones se mantuvieron con choques esporádicos incluso después de que Islamabad celebrara, años atrás, la llegada de los talibanes al poder. A ese mapa se suma una presión migratoria que agravó la relación: tras la campaña paquistaní para expulsar migrantes sin documentación iniciada en octubre de 2023, millones cruzaron hacia Afganistán, y 2,9 millones regresaron el año pasado, con casi 80.000 en lo que va del año según datos de Naciones Unidas.
Fuente: LA NACION.
















