Asia busca gas de emergencia mientras Ormuz frena cargamentos de Qatar

Actualidad02/03/2026REDACCIÓNREDACCIÓN

La tensión alrededor de Irán ya corta la ruta más sensible para el GNL: el Estrecho de Ormuz. Compradores asiáticos sondean cargamentos alternativos y el riesgo de precios más altos crece.

Yacimiento de Gas imagen ilustrativa
Yacimiento de Gas imagen ilustrativa

Los teléfonos suenan de apuro en Asia por un motivo simple: el corredor por donde viaja buena parte del gas del Golfo se volvió incierto. Con el tránsito de metaneros alterado, importadores y traders revisan disponibilidades y ventanas de carga para cubrir necesidades inmediatas. En el centro del problema aparece el Estrecho de Ormuz, un paso angosto que condiciona el pulso del mercado energético global.

La señal más concreta llega desde el seguimiento de buques: el comercio de GNL por esa vía quedó prácticamente paralizado. Al menos once metaneros vinculados a Qatar interrumpieron o modificaron trayectos para evitar el estrecho, según datos de tracking citados en la fuente. Esa reacción logística, aunque parcial, alcanza para empujar expectativas y reordenar decisiones de compra.


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La vulnerabilidad se concentra en Asia por su dependencia de Qatar, el segundo mayor exportador mundial de GNL. Los compradores de la región obtienen cerca de una cuarta parte de ese combustible desde el país del Golfo y, además, más de cuatro quintas partes del GNL qatarí terminó el año pasado en mercados asiáticos. En ese mapa, China figura como principal destino al absorber casi un tercio de sus importaciones desde Qatar, mientras India aparece como el segundo importador.

En el mercado, el temor no se limita a la navegación, porque cualquier episodio en la zona se traduce en expectativas de suba. “Cualquier actividad naval en el Estrecho de Homuz será particularmente alcista, al igual que cualquier desarrollo en la producción de GNL de Qatar”, advirtió Tom Marzec-Manser, director de GNL y gas para Europa en Wood Mackenzie. La frase resume la lógica del momento: en un punto de estrangulamiento, la percepción de riesgo vale casi tanto como el corte real.

La comparación inevitable remite a 2022, cuando la invasión rusa a Ucrania desordenó el comercio mundial del gas y disparó volatilidad y precios en Europa y otros destinos. Ahora el foco se traslada al Golfo, donde no solo está el gas, sino también el cuello de botella por el que pasa cerca del 20% de las exportaciones globales de GNL. En esa ecuación, la incertidumbre se contagia rápido porque la oferta necesita continuidad operativa y rutas seguras para sostener embarques.


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Europa aparece menos expuesta que Asia, pero no queda afuera del efecto dominó. “No hay sustituto”, planteó Anne-Sophie Corbeau, investigadora del Centro de Política Energética Global de la Universidad de Columbia, y sumó un interrogante directo: “¿Se dispararán más los precios en Asia o en Europa? Europa está menos expuesta, pero tiene bajos niveles de almacenamiento. También depende de cuánto se desvíe a Asia”. Esa lectura pone el foco en la competencia por cargamentos en un contexto donde cada desvío altera el balance regional.

Del lado de la oferta qatarí, el dato duro marca volumen, pero también sensibilidad ante cualquier fricción. Qatar exportó 82,2 millones de toneladas de GNL en 2025, y el complejo Ras Laffan atravesó mantenimiento programado en una de sus unidades, según operadores citados en la fuente. Con flujos más ajustados y barcos evitando Ormuz, el margen para absorber sobresaltos se achica.

A la tensión por el gas se suma un canal de transmisión adicional: el precio del petróleo. Los contratos de GNL de largo plazo suelen atarse a referencias de crudo, por lo que un salto del Brent también encarece el gas para consumidores asiáticos, incluso más allá del mercado spot. En Japón, Jera Co. anticipó el enfoque operativo con una frase que refleja cautela: “Si las tensiones en Medio Oriente se intensifican o se prolongan, las restricciones a la navegación de los buques cisterna y otros factores podrían afectar el suministro a Japón”, y completó: “Seguiremos esforzándonos al máximo para garantizar un suministro flexible de combustible”.


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En paralelo, la crisis abre presiones cruzadas en países que miran el gas por tubería y podrían volcarse al GNL si cae el flujo. La fuente menciona a Turquía, que importa gas desde Irán bajo un contrato de 9.600 millones de metros cúbicos anuales, aunque con entregas recientes por debajo de ese nivel, y recuerda que Teherán aportó menos del 15% de las importaciones turcas en 2024 según datos citados del Instituto de Estudios Energéticos de Oxford. Si esa canilla afloja, la demanda adicional de GNL suma más competencia por cargamentos y refuerza el sesgo alcista.

La dimensión petrolera del conflicto también pesa por geografía: Irán se ubica sobre Ormuz, por donde navega cerca de una quinta parte del crudo mundial desde proveedores como Arabia Saudita e Irak. Aunque la vía se mantiene abierta, algunos petroleros evitan la zona tras ataques y represalias mencionados en la fuente, y el mercado sigue cada señal de logística y seguridad. En ese clima, los operadores miran no solo instalaciones y producción, sino el comportamiento de los barcos, porque ahí suele aparecer primero el freno real.

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