
En Puerto Madryn, tenés la posibilidad de terminar la Escuela Primaria en tres años
Enfoques02/03/2026
REDACCIÓNEn un aula de Puerto Madryn, una mujer de 77 años dejó de poner la huella y escribió por primera vez su nombre completo. El gesto, que para muchos resulta automático, para ella significó recuperar algo más profundo que una firma: la posibilidad de decidir por sí misma. Esa escena ocurre en la Escuela 617 para Jóvenes y Adultos, donde cada historia rompe con la idea de que estudiar tiene fecha de vencimiento.

“Empezó con su nombre a escribir y esa es su firma hoy en día y ella está pero supercontenta porque aprendió, dejó de hacer la huella y empezó a firmar con su nombre y apellido”, contó Rosana Escobar, una de las docentes. La emoción no quedó solo en el aula. La docente admitió que cada avance se vive como propio, porque detrás de cada alumno hay trayectorias interrumpidas por trabajo, distancia o responsabilidades familiares.
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La escuela primaria para adultos funciona en distintos puntos de la ciudad de manera libre y gratuita y permite terminar en tres años lo que el sistema común distribuye en seis. El requisito es simple: ser mayor de 18 y querer estudiar. “Lo único, el único requisito es querer estudiar, terminar, ponerle ganas, pilas y nada más”, explicó Escobar, al detallar que no existe edad máxima para inscribirse.
El esquema combina materias tradicionales —lengua, matemática, ciencias sociales y naturales— con educación sexual integral y contenidos trabajados de forma transversal. La asistencia es obligatoria y se toman evaluaciones, como en cualquier primaria. Pero el diferencial aparece en el acompañamiento cotidiano, en esa mezcla de docente y orientadora que se vuelve necesaria cuando los estudiantes llegan con inseguridades acumuladas durante décadas.
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“Hay un montón de anécdotas, situaciones que los han hecho dejar la escuela primaria y hoy la retomo con esas ganas de poder terminar y querer avanzar con sus estudios”, señaló Escobar. Muchos dejaron en primer grado porque debían trabajar o vivían en zonas rurales alejadas. Otros simplemente no pudieron continuar. Ahora regresan con hijos grandes, con más tiempo y con una meta pendiente.
La dimensión social pesa tanto como el aprendizaje. Algunos estudiantes asisten también por el espacio de encuentro y pertenencia. Comparten biblioteca, educación física y hasta natación. “Es su espacio, es su espacio, salen de su hogar para estar en su espacio y en su momento que es la escuela”, describió la docente, sobre un ámbito que funciona como contención frente a la soledad.
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A la propuesta académica se suman talleres que abren otras puertas. En el Centro Profesional, ubicado en Rosales 695, se dictan clases de computación y corte y confección. Allí trabaja Carolina González, quien aprendió el oficio de grande y hoy lo enseña con una convicción clara: nadie llega tarde. “No voy a aceptar un no puedo, no lo voy a aceptar porque si pueden, sí pueden”, les dice a sus alumnos.
El taller de costura mezcla creatividad, reciclaje y autoestima. Con jeans en desuso confeccionan bolsos materos, individuales o adornos navideños. El aprendizaje incluye desde enhebrar una aguja hasta diseñar moldes propios. “El día que una alumna de 75 años se sentó en la máquina y cosió por primera vez, te digo que para mí fue re emocionante”, relató González.
La computación completa el círculo. Los estudiantes aprenden a usar el teléfono, enviar mensajes, manejar redes sociales e incluso explorar herramientas de inteligencia artificial. La alfabetización ya no se limita al papel. Una de las historias que más impactó al equipo docente fue la de una abuela que decidió volver a estudiar para escribirle una carta a su nieto universitario. “Quería aprender a escribirle una carta a su nieto que se iba a recibir y se la quería leer”, recordó Escobar.
Las inscripciones permanecen abiertas durante todo el año y se puede comenzar en cualquier momento. Solo se solicita DNI y se completa una ficha de salud. Las clases funcionan en el Centro Pujol 2 (Escuela 219), en la biblioteca del barrio 630, en la sede de la Escuela 150 frente a La Anónima y en el Centro Roque González del barrio Perón, en distintos horarios de tarde y noche.
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Además, la comunidad puede colaborar con donaciones de telas, hilos, tijeras y máquinas de coser en buen estado, que se reciben en la Escuela 150 a partir de las 18 horas. El teléfono de contacto es 280 4369 760. Mientras tanto, en cada aula alguien traza su primer rectángulo perfecto con regla y escuadra, otro se anima a leer en voz alta y alguien más escribe su nombre completo por primera vez. Y en ese gesto sencillo, la historia vuelve a empezar.







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