
Derrota, FBI y algoritmos: cómo nacen las teorías sobre la final Argentina
Enfoques22/07/2026
REDACCIÓNDiego Núñez de la Rosa analizó en #LA17 por qué la frustración, los algoritmos y los rumores convierten indicios aislados en relatos creíbles.

La derrota de la Selección argentina no terminó con el pitazo final. En redes sociales, programas de radio y conversaciones cotidianas comenzó otra disputa, dedicada a explicar por qué el equipo no pudo cerrar el Mundial con un nuevo título. El FBI, la dirigencia de la AFA, Gianni Infantino, Donald Trump, España, Inglaterra y las apuestas aparecieron unidos dentro de relatos que presentaron el resultado como consecuencia de una maniobra externa.
El licenciado Diego Núñez de la Rosa analizó ese fenómeno en el Consultorio de Comunicación de modo 17 por #LA17. Su planteo no consistió en negar la influencia del poder político y económico sobre el fútbol, sino en diferenciar los hechos comprobados de las conexiones construidas sin evidencia suficiente. “Para que una teoría conspirativa exista tiene que haber un ellos”, explicó.


Ese “ellos” funciona como responsable de una frustración que resulta difícil de procesar. La Selección había atravesado el torneo acompañada por una narración de heroísmo, revancha y destino, con Lionel Messi como figura central de una historia que parecía conducir necesariamente a la victoria. “Cuando el triunfo no se da, la desilusión es tanta que, en lugar de asumir la derrota, lo que hacemos es decir: perdimos por algo”, sostuvo Núñez de la Rosa.
Las teorías comenzaron a reunir elementos diferentes y a presentarlos como partes de una misma operación. La bandera de las Malvinas exhibida después del partido con Inglaterra, la supuesta hostilidad de dirigentes internacionales, la investigación sobre autoridades de la AFA y algunas declaraciones extranjeras quedaron incorporadas a una explicación global. La acumulación produce una sensación de coherencia, aunque no demuestre que los hechos estén relacionados.
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Las redes sociales aceleran ese proceso porque seleccionan contenidos según los intereses y las reacciones anteriores de cada usuario. Quien mira un video sobre una supuesta maniobra contra Argentina probablemente reciba otros con argumentos semejantes, mientras disminuye la presencia de versiones contradictorias. El algoritmo no verifica la información: prioriza aquello que consigue atención, permanencia e interacción.
Núñez de la Rosa comparó esa velocidad con los tiempos del periodismo de investigación. Una pesquisa seria necesita documentos, fuentes, testimonios, contrastación y una espera que las plataformas digitales suelen considerar excesiva. “Los tiempos de constatación casi que ni nos sirven ni los queremos”, afirmó al describir una circulación dominada por conclusiones inmediatas.
La sospecha suele instalarse mediante preguntas y no mediante afirmaciones directas. Expresiones como “¿qué sabía Messi?”, “¿por qué intervino el FBI?” o “¿a quién beneficiaba que Argentina perdiera?” permiten insinuar una operación sin asumir la obligación de demostrarla. El procedimiento consiste en “anudar, muy flojito de papeles, una serie de indicios” hasta transformar la duda en una aparente certeza colectiva.
Durante la conversación radial se incorporó la noticia de una investigación estadounidense sobre Claudio “Chiqui” Tapia y otros dirigentes de la AFA. Para el especialista, la existencia de actuaciones judiciales o financieras merece atención y puede revelar irregularidades reales dentro del negocio del fútbol. Sin embargo, ese expediente no demuestra por sí mismo que el rendimiento de los jugadores o el resultado de la final hayan sido manipulados.
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“No es que estamos diciendo que no existe el poder, que no existen las conspiraciones”, aclaró. El FIFA Gate constituye un antecedente concreto de corrupción descubierta mediante investigaciones, testimonios y documentación, mientras que el caso Watergate mostró cómo el periodismo pudo comprobar una operación política. La diferencia está en las pruebas capaces de establecer quién intervino, qué hizo y con qué propósito.
La arenga de Messi antes del partido también quedó atrapada en esa búsqueda de mensajes ocultos. Su pedido de tranquilidad y la frase “olvidémonos de todo” fueron interpretados como una señal de que el plantel conocía presiones externas. Una lectura más directa indica que el capitán intentó apartar los rumores, reducir la ansiedad y concentrar a sus compañeros en el juego.
El análisis volvió entonces a situaciones concretas de la final. Un remate de Giuliano Simeone pudo modificar el resultado y un control fallido de Nico González —no Nico Domínguez— interrumpió una llegada peligrosa luego de un pase de Messi. Pensar que ambos movimientos formaron parte de un acuerdo obliga a suponer que futbolistas sometidos a máxima exigencia aceptaron cometer errores deliberados en acciones que podían convertirlos en campeones.
Esa hipótesis también necesitaría incluir al cuerpo técnico, a los suplentes y a numerosos actores capaces de revelar el acuerdo. Cuantas más personas requiere una conspiración, más difícil resulta sostenerla en secreto y mayor es la posibilidad de que aparezcan documentos, grabaciones o arrepentidos. “De ahí a que todo eso haya llevado a que un equipo como el argentino juegue para atrás es difícil”, resumió Núñez de la Rosa.
Los jugadores argentinos, además, compiten durante todo el año en clubes europeos enfrentados por títulos, contratos y prestigio. En Inglaterra, Italia y España conviven rivalidades deportivas, empresarios, gobiernos y grupos económicos sin que cada resultado pueda atribuirse automáticamente a una orden superior. La existencia de intereses alrededor del fútbol no elimina los errores técnicos, las malas decisiones ni la superioridad ocasional de un rival.
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El especialista también cuestionó el papel de medios y cuentas que amplifican una supuesta campaña internacional contra Argentina. Declaraciones de escritores, actores o comentaristas extranjeros pueden separarse de su contexto para alimentar indignación y conseguir audiencia. “Darle tanta manija a eso solamente por enganchar a la audiencia o ganar likes es bastante cuestionable desde un punto de vista moral, ético y comunicacional”, advirtió.
El problema deja de ser una discusión pintoresca cuando la misma lógica se aplica contra personas dentro de comunidades pequeñas. Un audio de WhatsApp, una acusación sin fuente o datos falsos pueden instalar culpables y provocar consecuencias personales graves. Núñez de la Rosa recordó que la plataforma limitó los reenvíos luego de episodios internacionales en los que rumores masivos derivaron en ataques contra inocentes.
Aceptar una derrota deportiva no obliga a ignorar los negocios de la FIFA, las investigaciones sobre la AFA ni la influencia política que atraviesa al fútbol. Exige separar cada discusión, buscar pruebas y evitar que una coincidencia sea presentada como causa de otra. La pregunta útil no es solamente quiénes serían “ellos”, sino qué evidencia permite afirmar que realmente hicieron aquello que se les atribuye.














