
"Los verdaderos 80 para los argentinos tuvieron Malvinas, hiperinflación y saqueos, muy lejos de la idealización fluo de la IA"
Enfoques09/09/2026
REDACCIÓNEspecialistas advierten que las aplicaciones que transforman fotos actuales a la estética de los años 80 utilizan la imagen facial de las personas para entrenar algoritmos de escaneo biométrico sin pagar por los datos.



La participación masiva en desafíos digitales que transforman retratos personales mediante algoritmos esconde un mecanismo no remunerado de recolección de datos personales. Cada vez que un usuario sube una fotografía para adaptar su fisonomía a la estética de décadas pasadas o a formatos de animación, está entregando de manera voluntaria el mapa geométrico de su rostro. Este proceso alimenta sin costo a las plataformas de desarrollo tecnológico que requieren volúmenes masivos de información visual para perfeccionar sus modelos de aprendizaje automático.
La cesión irrestricta de rasgos físicos como el arco superciliar, la estructura nasal o la textura cutánea entraña riesgos que exceden el mero entretenimiento digital. A diferencia de las redes sociales tradicionales, que preservan la privacidad para evitar fugas comerciales hacia competidores, las herramientas basadas en inteligencia artificial utilizan las imágenes para entrenar redes neuronales profundas. Esta acumulación masiva de patrones faciales en bases de datos privadas vulnera la protección biométrica necesaria para validar identidades en sistemas bancarios y trámites del Estado.


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Durante su columna en #LA17, el licenciado Diego Núñez de la Rosa analizó la dimensión económica detrás de estos fenómenos de consumo masivo. "Nos están haciendo trabajar de data entry graciosamente y sin cobrar un salario por ingresar nuestros propios datos biométricos, lo cual es no solamente escandaloso sino peligroso para el futuro", advirtió el especialista. Respecto a las consecuencias en la seguridad digital, precisó: "La inteligencia artificial usa nuestra cara, nuestros pocitos, la forma de la nariz y todo con nuestro consentimiento para entrenar modelos de aprendizaje que mañana podrían derivar en una suplantación de identidad".
El atractivo de estos filtros apela frecuentemente a la reconstrucción nostálgica de la década de 1980, aunque las representaciones generadas por software suelen distorsionar la moda de la época. Los motores de procesamiento gráfico mezclan tonos fluorescentes con marcas o accesorios característicos de los años 90, pasando por alto prendas reales como los pantalones nevados o las botas tejanas. Esta imprecisión histórica expone cómo los algoritmos recombinan clichés visuales sin una comprensión real de los contextos culturales que intentan imitar.
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Sobre la reconstrucción estética que realizan las aplicaciones, Diego Núñez de la Rosa remarcó en #LA17 las inconsistencias de los resultados digitales. "Iba a buscar el pantalón nevado pero en las fotos de IA vi cosas que mezclan fluo con marcas de canales que son más noventosos que ochentosos; hay un delirio donde la inteligencia artificial mezcla todo", observó el analista. En esa línea, contrapuso la imagen idealized con la realidad histórica argentina: "Los verdaderos 80 para los argentinos tuvieron la Guerra de Malvinas, la hiperinflación y los saqueos, muy lejos de esa idealización fluo".
La inclinación constante por buscar refugio en la estética de periodos pasados refleja una dificultad de la sociedad contemporánea para consolidar un lenguaje cultural propio. La estandarización de las producciones industriales provocó un estancamiento en la renovación de las vanguardias artísticas, empujando al público a consumir reciclajes periódicos de estéticas históricas. Esta falta de impronta propia se evidencia en la ausencia de una paleta cromática distintiva para la década en curso.
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Profundizando sobre la lectura sociocultural de este fenómeno de consumo, Diego Núñez de la Rosa reflexionó ante los micrófonos de #LA17 sobre el vacío estético del presente. "Esta época no tiene su paleta de colores propia porque no hay una impronta de vanguardia cultural hoy en día, y eso hace que nos anclemos en un pasado que soñamos y creemos recordar que era perfecto", sostuvo el docente. Para finalizar, sugirió una postura preventiva: "Necesitamos perder un poco la ingenuidad y ser conscientes de que cuando jugamos con estas cosas en el celular nos están haciendo trabajar y nos pueden robar los datos biométricos".
La evaluación consciente de las condiciones de servicio de las plataformas digitales representa la primera barrera de contención frente a la apropiación de la identidad gráfica personal. Reducir la ansiedad por sumarse a las tendencias virales permite resguardar los activos biométricos frente a un ecosistema tecnológico que avanza sobre la privacidad sin regulaciones claras.















