
Las violaciones se multiplican en Haití y las pandillas las usan para controlar barrios
PODCASTS Radio Francia Internacional03/03/2026
REDACCIÓNUn podcast de RFI reconstruye testimonios crudos y explica cómo la violencia sexual se volvió un método de dominio en Puerto Príncipe, con impunidad y miedo.

El podcast “Grandes Reportajes de RFI” de Radio Francia Internacional retrató en Haití una escalada de violencia sexual que crece al ritmo del poder territorial de las pandillas, con barrios enteros bajo control armado y víctimas que llegan al sistema de salud buscando atención urgente, muchas veces en silencio y con temor a represalias.
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El recorrido arranca en Cité Soleil, uno de los sectores más castigados de Puerto Príncipe, donde el hospital Drouillard de Médicos Sin Fronteras (MSF) funciona como un refugio sanitario en medio del miedo cotidiano. Allí, las consultas son gratuitas y existe una unidad dedicada a sobrevivientes, con un circuito especial para proteger la confidencialidad. En los pasillos, un cartel en criollo resume la gravedad: “La violencia sexual es una urgencia médica”.
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La directora del hospital, Anne-Sophie Morel, explicó que la institución implementó mecanismos para que las mujeres puedan ingresar sin exponerse y recibir asistencia rápida, idealmente dentro de las 72 horas posteriores a una agresión, para tratamientos preventivos. En el reportaje, describe un sistema de “clave” que conocen los guardias y que se difunde en campañas comunitarias para que las pacientes lleguen sin dar explicaciones frente a otros. El objetivo, según relata, apunta a reducir el riesgo, evitar estigmas y garantizar secreto médico.
Entre esos casos aparece el testimonio de Elina —nombre modificado para resguardar su identidad—, una joven de 26 años y madre de dos hijos, atacada en noviembre de 2025. El relato es directo y muestra cómo el control armado convierte un trayecto cotidiano en una emboscada. “Me apuntó con su arma”, contó sobre el momento previo a la violación.
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Elina también habló del impacto que sigue después del ataque, con marcas físicas y un daño que no se borra con el tiempo. “Tengo secuelas psicológicas, no puedo olvidarlo”, dijo, y agregó: “Y también tengo secuelas físicas, cicatrices en mis partes íntimas”. Su decisión de no contarle a su familia se vincula a un clima social que, según describe, todavía tiende a minimizar o culpar a la víctima.
En el reportaje, la joven puso en palabras esa presión que empuja al silencio y a la vergüenza, incluso cuando el agresor forma parte de un grupo armado. “Porque aquí, a menudo, se minimiza este tipo de violencia”, explicó, y detalló reacciones frecuentes: “O te dicen que eres una puta, que te lo has buscado, que no deberías haber salido a ciertas horas”. En su propia defensa, lo planteó con una frase que expone el absurdo: “Pero estoy en mi país, ¡se supone que tengo derecho a caminar por la calle a cualquier hora si me apetece!”.
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El podcast vincula estos testimonios con un diagnóstico más amplio de MSF: desde 2022, los casos se dispararon y la brutalidad aumentó. La jefa de misión en Haití, Diana Manilla Arroyo, afirmó que el salto no solo se mide en cantidad, sino en la forma en que se ejecutan las agresiones. “No solo hay un aumento de los casos, sino también una creciente brutalidad”, señaló al describir lo que registran en las clínicas especializadas.
El informe también marca un cambio en el perfil de los agresores y en las modalidades: las pandillas aparecen como responsables principales y las violaciones grupales crecen, alcanzando a distintas edades. MSF reporta que los grupos armados concentran una porción significativa de los ataques, por encima de parejas o familiares, y que se repiten escenas con múltiples atacantes. En ese marco, el cuerpo de las mujeres se transforma en un instrumento de control territorial.
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La abogada Abigail Derolian, de la asociación feminista Nèges Mawon, aportó una explicación política de esa violencia: no se trata de hechos aislados, sino de un mecanismo para imponer dominación. “Es un arma de control”, afirmó al describir lo que ocurre cuando un barrio cae bajo un nuevo grupo armado. Y fue más específica al explicar la lógica de poder: “Utiliza la violación como una forma de decirles a las niñas y mujeres que han ‘cambiado de amo’ y para controlar sus movimientos”.
La impunidad aparece como el combustible de esa repetición, con un Estado debilitado y un sistema judicial que no ofrece garantías reales. El podcast remarca que muchas víctimas no denuncian porque no esperan justicia y temen quedar más expuestas, mientras la ciudad se fragmenta entre zonas tomadas y corredores relativamente seguros. Así, la violencia sexual se vuelve una amenaza permanente que regula horarios, trayectos y hasta la posibilidad de salir a la calle.
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En el cierre del reportaje, Elina deja un mensaje que funciona como orientación práctica para otras víctimas, más que como consigna: “Hagan todo lo posible por seguir viviendo y no dejen de ir al hospital”. En su testimonio, el personal de salud aparece como contención y como único espacio de escucha en un contexto donde la violencia no termina cuando termina el ataque. El podcast de RFI deja una imagen nítida: en Puerto Príncipe, la guerra por los barrios también se libra sobre los cuerpos.
Material publicado por gentileza Radio Francia Internacional

















