
El calor extremo mete presión en 2.000 escuelas con termómetros que marcan 43º
PODCASTS Radio Francia Internacional23/06/2026
REDACCIÓNCasi 2.000 centros escolares ajustan horarios o piden no llevar chicos a clase por aulas sin aire, pocos ventiladores y calor extremo sostenido.

El lunes a las ocho de la mañana, París ya marcaba 26 grados a la sombra y las familias empezaban el día con una decisión incómoda: llevar a los chicos a la escuela o reorganizar la jornada para evitar aulas sofocantes. De acuerdo con un informe de Enfoque Internacional de RFI, Francia atraviesa una ola de calor que golpea a 49 departamentos, alcanza a 35 millones de personas en nivel rojo y afecta a casi 2.000 centros escolares. El calor dejó de ser una molestia estacional y pasó a ordenar la vida de escuelas, familias y espacios públicos. En Burdeos se esperan 43 grados a la sombra, mientras París y Toulouse rondarían los 40.
La presión sobre las aulas aparece en el tramo final del curso, cuando docentes, alumnos y familias ya arrastran cansancio acumulado. En el distrito 19 de París, Isabel, madre de dos chicos escolarizados en un establecimiento de la calle de la Villette, describió el clima con una frase directa: “Es insoportable, la verdad”. La canícula llegó a las escuelas en un momento sensible, con chicos expuestos a jornadas largas y edificios que no siempre ofrecen condiciones mínimas para sostener la actividad. El problema no se reduce al termómetro exterior, porque dentro de muchas aulas el calor se concentra durante horas.


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La respuesta de algunas escuelas fue modificar la rutina antes que sostener el esquema habitual a cualquier costo. Algunos centros pidieron a las familias no llevar a los niños a clase, mientras otros restringieron horarios y concentraron los aprendizajes durante la mañana. La escuela francesa quedó obligada a funcionar con una lógica de emergencia, aun cuando el calendario escolar todavía no terminó. La medida ayuda a reducir exposición en las horas más duras, pero desplaza parte del problema hacia los hogares, donde muchas viviendas tampoco cuentan con condiciones adecuadas para pasar una tarde entera con temperaturas extremas.
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El cuidado de los chicos se volvió un problema logístico para padres y madres que trabajan. Isabel contó que recibió un correo con recomendaciones para ponerles gorra, hidratarlos y retirarlos a las 13.30 si era posible, pero también marcó el límite de esa solución al señalar: “No es la solución”. La indicación escolar puede ser razonable desde lo sanitario, aunque choca con horarios laborales que no se adaptan con la misma velocidad que la ola de calor. Esa tensión deja a muchas familias entre la necesidad de proteger a sus hijos y la imposibilidad de ausentarse del trabajo.
La escena dentro de las escuelas muestra un modo precario de atravesar la jornada. Los chicos contaron que los dejan usar botellas para mojarse, buscar hielo y ponérselo en la camiseta. El recurso infantil para refrescarse expone una infraestructura escolar que no alcanza para enfrentar temperaturas cercanas a los 40 grados. La imagen de alumnos mojándose en patios o aulas no funciona como anécdota liviana, sino como señal de una adaptación improvisada. Con menos asistencia que otros días, muchos hogares pudieron dejar a los chicos en casa, pero otros no tuvieron alternativa y los llevaron igual.
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Las maestras también quedan en el centro de una jornada difícil de sostener. Jessica, docente y madre, planteó que no rechazaría terminar antes el año escolar y repartir mejor las vacaciones para que el curso no llegue hasta la primera semana de julio. En una clase con 25 alumnos, el calor altera la atención, el movimiento y la convivencia cotidiana. El problema pedagógico se vuelve también físico: enseñar y aprender en aulas recalentadas exige un esfuerzo que excede la planificación escolar. La docente resumió esa dificultad con otra frase breve: “Es muy complicado de gestionar”.
La falta de aire acondicionado y ventiladores suficientes aparece como una de las fallas más concretas. Magalie, madre de un chico de 11 años y trabajadora de una guardería, contó que en su lugar aplicaron una restricción horaria y pidieron a los padres retirar a los bebés una hora antes. La misma ola de calor golpea a escuelas, guarderías y hogares con una pregunta común: quién cuida a los chicos cuando los espacios públicos reducen horarios. En el caso de los más pequeños, el margen de tolerancia al calor resulta menor y obliga a decisiones más rápidas.
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La infraestructura urbana también quedó expuesta por la canícula. Magalie señaló que en la escuela de su hijo anularon la fiesta de fin de curso y explicó el trasfondo con dos frases que sintetizan la dificultad material: “No hay el material necesario” y “Hay cada vez más edificios con vidrios”. El calor extremo vuelve visibles decisiones arquitectónicas y urbanas que antes parecían menores, pero que ahora condicionan la permanencia de niños y adultos dentro de los edificios. Aulas vidriadas, poca ventilación y ventiladores insuficientes forman una combinación difícil cuando las temperaturas se sostienen durante varios días.
La ciudad ofrece salidas limitadas para quienes intentan refugiarse del calor. Las piscinas se llenan, las plazas con agua concentran familias y muchos terminan encerrados en casa, como si el verano obligara a una rutina de invierno. La vida cotidiana queda reducida a buscar sombra, hidratación y espacios frescos, sin que esas alternativas alcancen para todos por igual. En barrios densos, con viviendas pequeñas o mal preparadas, quedarse adentro durante la tarde tampoco resuelve el problema. La canícula convierte cada decisión simple —ir a clase, volver antes, salir a una plaza— en una elección condicionada por el calor.
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El límite pendiente está en la capacidad de adaptar escuelas y espacios públicos a episodios que ya no aparecen como excepcionales. Francia enfrenta una ola de calor intensa, con 2.000 centros escolares afectados, temperaturas de hasta 43 grados y familias que ajustan horarios día por día. La canícula deja una conclusión operativa: el calendario, los edificios escolares y la organización familiar tendrán que responder a veranos cada vez más duros. La emergencia actual puede durar varios días, pero el problema de fondo seguirá después del descenso del termómetro si las escuelas continúan sin aire, ventilación suficiente y protocolos estables.
Material publicado por gentileza Radio Francia Internacional
















