
“Fui perseguida” dijo y llevó al juicio una herida que sigue abierta por el ARA San Juan
Actualidad07/03/2026
REDACCIÓNLucía Zunda Meoqui volvió a apuntar contra uno de los oficiales juzgados en Río Gallegos, habló del espionaje a las familias y pidió ir a fondo con las pruebas técnicas.

A ocho años del hundimiento del ARA San Juan, el juicio que se desarrolla en Río Gallegos sigue dejando algo más que testimonios procesales y tecnicismos navales. En la cuarta jornada, una de las voces que volvió a romper esa capa fría del expediente fue la de Lucía Zunda Meoqui, hermana de Adrián Zunda Meoqui, uno de los 44 submarinistas muertos en 2017. Su presencia en la sala no sumó solo el peso de una familiar, sino también una acusación personal y política que volvió a poner sobre la mesa el dolor, la desconfianza y la sensación de persecución que acompañó a muchos allegados desde aquellos días.
La mujer siguió las declaraciones de los imputados en el Tribunal Oral Federal de Río Gallegos y apuntó de manera directa contra Hugo Miguel Correa, exjefe de operaciones de la Armada. Lo hizo sin rodeos y con una lectura muy crítica sobre lo que escuchó en la audiencia. “Hoy declaró Correa, que era el jefe de operaciones. Y la verdad es que la declaración, obviamente, no cambió de su parte: supuestamente no tiene ningún tipo de responsabilidades”, dijo al evaluar el testimonio del oficial.


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El señalamiento no quedó limitado a una diferencia de interpretación sobre lo dicho en el juicio. Para Lucía Zunda, el lugar que ocupaba Correa dentro de la estructura operativa de la Armada lo ubicaba en una posición central frente a la emergencia que atravesaba el submarino. En su reconstrucción, lo que ocurrió durante esas horas críticas no puede separarse del rol de quienes estaban en condiciones de decidir una respuesta. Por eso insistió en que el análisis judicial no debe quedarse en las excusas ni en los descargos de los imputados, sino meterse de lleno en lo que cada uno podía hacer y no hizo.
En esa línea, recordó que la tripulación había pedido ayuda en medio de una situación cada vez más grave dentro del submarino. “Los chicos pidieron auxilio. Preguntaron si había buques cerca en medio de todo lo que estaba sucediendo: tenían olas gigantes, un principio de incendio y les había entrado agua”, expresó. Esa frase coloca el foco en el instante más dramático del caso: el momento en que el pedido de asistencia existió, la emergencia ya estaba declarada y la respuesta, según la acusación, no estuvo a la altura de lo que la situación exigía.
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Sobre Correa, su planteo fue todavía más específico. “En medio de ese caos, ellos se comunican para preguntar si había barcos cercanos. Y este hombre, Correa, era el encargado, la única persona capaz de mandar algún buque de la Armada para acompañarlos o poder auxiliarlos”, sostuvo. El juicio intenta justamente determinar si hubo omisiones de deberes y una minimización de las consecuencias técnicas del siniestro en esas horas previas a la implosión, y la mirada de la familiar se apoya en esa misma pregunta de fondo: quién estaba en condiciones de actuar y qué hizo realmente.
La crítica a los acusados también alcanzó el modo en que vienen declarando durante las audiencias. “Los acusados… toda mentira. De eso se trata el juicio justamente. Lo que necesitamos es que los jueces y los fiscales trabajen en profundidad en esta causa que es muy compleja”, señaló. En esa frase aparece una doble tensión: por un lado, la desconfianza de los familiares frente a los descargos de los imputados; por el otro, la necesidad de que el proceso no se limite a un intercambio formal de versiones, sino que incorpore una lectura técnica seria y profunda.
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Esa complejidad, según remarcó, no es un detalle menor dentro del expediente. “Tiene todo el lenguaje marítimo y específico de un submarino y toda la complejidad del sistema militar. Por eso es importante que los jueces y los fiscales investiguen en profundidad”, advirtió. La observación revela uno de los nudos más duros del proceso: la distancia entre el dolor de las familias y un universo técnico-militar que muchas veces vuelve opaco lo que debería esclarecerse con precisión.
Por eso, una de las mayores expectativas está puesta en lo que todavía falta escuchar. “La semana entrante no, la otra, van a empezar a venir los técnicos a declarar. Eso nos va a dar muchas pruebas técnicas fehacientes sobre lo que ellos dicen: que el submarino estaba en condiciones de navegar”, afirmó. Para los familiares, esa etapa puede resultar decisiva, porque permitirá contrastar con elementos más concretos la versión de los acusados y revisar si el estado real del ARA San Juan coincidía con lo que se sostuvo oficialmente.
Zunda también dejó ver su preocupación por el resultado final del juicio y por el alcance real que podrían tener las eventuales condenas. “Si este juicio termina dándoles tres años de prisión a estos sujetos por 44 muertes en democracia, eso no es menor. La verdad es que nunca van a ir presos”, planteó. La frase no solo apunta a la magnitud de la tragedia, sino a la distancia que muchas veces existe entre el daño sufrido y la consecuencia penal efectiva para quienes llegan a juicio.
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Pero su intervención no se agotó en el debate sobre responsabilidades navales. También volvió sobre otro capítulo que para las familias nunca quedó del todo cerrado: el espionaje ilegal durante los reclamos por la desaparición del submarino. “Sí, fui perseguida con el teléfono celular. Todas las aplicaciones se cambiaban de lugar, iba a escribir algo y se escribía solo, no podía acceder a mi Facebook”, denunció. Y agregó que no se trató de una experiencia aislada: “Bueno, así como me pasó a mí, nos pasó a muchos de los familiares”.
Ese recuerdo vuelve a unir dos dolores distintos, pero conectados entre sí. Por un lado, la pérdida de quienes “fueron a trabajar y nunca volvieron”. Por el otro, la sospecha de que, mientras pedían respuestas, varios familiares también eran vigilados o seguidos. Aunque la Corte Suprema dejó firmes los sobreseimientos del expresidente Mauricio Macri, de Gustavo Arribas, Silvia Majdalani y exagentes de la AFI en esa causa, el tema sigue vivo en la memoria de quienes atravesaron aquellos reclamos desde adentro.
Antes de cerrar, Lucía Zunda Meoqui dejó un mensaje dirigido a las otras familias que siguen el juicio desde distintos puntos del país. “Sigamos con mucha paciencia porque esto es largo. Pero se puede, hay casos que sí se pudieron, y esperamos que este sea el caso”, dijo. No fue una frase de consuelo fácil ni una salida emocional armada para el final, sino la síntesis de una pelea que lleva años y que todavía busca algo básico: saber qué pasó, quién respondió mal y cuánto de esa verdad puede sostenerse en una sentencia.
Fuente: La Opinión Austral
















