
Economía quiere cambiar una regla sensible del FMI y ganar aire con las reservas
Política07/03/2026
REDACCIÓNEconomía busca que el Fondo mida la acumulación de dólares por año y no por trimestre, en una jugada que apunta a darle más margen al Banco Central.

La discusión con el Fondo Monetario Internacional sumó en las últimas horas un punto técnico que, aunque parezca específico, puede tener impacto directo sobre el manejo de la economía argentina durante 2026. El Gobierno quiere modificar la forma en que se evalúa una de las variables más sensibles del acuerdo: la acumulación de reservas internacionales netas. En lugar de sostener el esquema habitual de metas trimestrales, el equipo de Luis Caputo empuja un criterio anual que le daría más flexibilidad al Banco Central en un contexto atravesado por volatilidad cambiaria, estacionalidad exportadora y movimientos difíciles de anticipar.
La revisión técnica del programa con el organismo ya terminó, según el texto fuente, tras el viaje del viceministro José Luis Daza a los Estados Unidos, y ahora el foco está puesto en la aprobación del directorio. Esa instancia es la que habilitaría el desembolso de USD 1.000 millones, además de dejar por escrito en el staff report cuáles serán las nuevas metas que deberá cumplir la Argentina este año. Allí se sabrá también si el planteo oficial logró torcer una lógica que el FMI suele aplicar de manera bastante rígida en sus programas.


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El argumento del ministro parte de una dificultad concreta para proyectar el ingreso de divisas en lapsos cortos. Caputo sostuvo que la dinámica de las exportaciones y el comportamiento de los actores del sector externo vuelven poco realista comprometer compras de dólares con fechas demasiado precisas. “Para mí decir vamos a comprar más o menos dólares en tal fecha sería arrogante, eso incluso lo hablamos con el Fondo. Normalmente, tenemos que poner metas trimestrales, y nosotros le decimos: ‘Podemos poner metas trimestrales, pero lo lógico sería una meta anual, porque yo, realísticamente, no puedo decirles con certeza que puedo comprar más en esta fecha que en esta’”, explicó.
Ese razonamiento se apoya en una característica estructural de la economía argentina: buena parte de la entrada de dólares depende de factores externos, decisiones privadas y ritmos estacionales que no siempre se acomodan a los calendarios de supervisión del Fondo. El propio Caputo lo planteó al señalar que los exportadores pueden retener, adelantar o luego compensar operaciones, alterando cualquier pronóstico fino de corto plazo. Lo que busca Economía, entonces, no es borrar el compromiso de acumulación, sino evitar quedar atado a exámenes parciales en momentos del año donde el flujo de divisas puede moverse por razones ajenas a la voluntad del Gobierno.
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Esa lectura encontró respaldo en economistas citados por la fuente. El presidente de Analytica, Ricardo Delgado, consideró que una meta anual le daría más margen al equipo económico y evitaría que el mercado esté pendiente cuatro veces por año de si se cumplió o no con cada corte. “Para una economía como la de Argentina, que tiene alta volatilidad cambiaria y en la capacidad de oferta y compra de reservas por parte del Banco Central, una meta anual te da mayor flexibilidad. No estás todo el tiempo dando examen y eso mejora las expectativas porque sacas de la cancha el cumplimiento o no”, sostuvo, aunque advirtió que hacia fin de año esa atención volverá con fuerza sobre el número final.
La directora de C&T Asesores Económicos, María Castiglioni, también valoró la conveniencia del cambio de criterio. Según planteó, la estacionalidad del comercio exterior argentino hoy convive con nuevos factores que alteran los patrones conocidos, entre ellos el crecimiento de las exportaciones energéticas y un escenario internacional cada vez más inestable. En esa línea señaló: “Me parece muy lógico porque uno puede anticipar cierta estacionalidad en el comercio exterior ex ante en Argentina. Pero la estacionalidad está cambiando porque hay otros factores que van creciendo en términos de las exportaciones, como la energía, además de tener un mundo cada vez más volátil y eso impacta en Argentina”.
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Castiglioni agregó además que condicionar la política de compra de reservas a una meta trimestral puede terminar interfiriendo con otras decisiones de política monetaria. “Es más sensato plantear una meta anual y que después, en la planificación, el Banco Central vaya a mirar cuánto va comprando, pero con una perspectiva que no condicione”, afirmó. Su análisis suma otro elemento al debate: no se trata solo de facilitarle la tarea al Gobierno frente al FMI, sino también de evitar que la obligación de cumplir con una fecha puntual empuje decisiones menos convenientes para la administración diaria de la política cambiaria.
Mientras esa discusión sigue abierta, el Banco Central viene mostrando un ritmo de compras que, según el texto fuente, supera incluso el sendero pactado. Con la llamada “Fase 4” del programa económico, la autoridad monetaria se fijó el objetivo de sumar USD 10.000 millones a sus reservas durante 2026, un desafío que el presidente del BCRA, Santiago Bausili, aseguró que cuenta con aval del organismo. Hasta ahora, la entidad ya incorporó más de USD 3.000 millones desde enero, es decir, más del 30% de la meta anual.
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Ese recorrido reciente le da al Gobierno un argumento adicional para insistir con su planteo. El último jueves, siempre según la fuente, el Central sumó USD 124 millones, la cifra más alta desde mediados de febrero, y mantiene un ritmo de intervención superior al originalmente consensuado. Sin embargo, la posición oficial no es que las metas sean innecesarias, sino que conviene medirlas con una lógica más compatible con la forma real en que ingresan los dólares a la economía argentina, sobre todo cuando la estacionalidad ya no explica todo y el contexto internacional agrega más ruido que previsibilidad.
En el fondo, la negociación con el FMI sobre las reservas expone algo más amplio que una discusión metodológica. Lo que está en juego es cuánto margen tendrá el Gobierno para administrar una variable crítica sin quedar atado a vencimientos intermedios que puedan complicar expectativas, mercado y política cambiaria. Si el Fondo acepta el cambio, Economía ganará aire para recorrer 2026 con menos presión trimestral. Si lo rechaza, el Banco Central seguirá obligado a rendir examen varias veces al año en uno de los terrenos donde la Argentina suele caminar con menos margen de error.
Fuente: Infobae.
















