
Científicos estudian una estrella de mar que incuba a sus crías dentro del cuerpo
Otros Temas11/03/2026
REDACCIÓNEl hallazgo surgió tras años de buceo y trabajo de laboratorio. Lo que descubrieron en una especie casi desconocida abrió una escena tan rara como frágil.

La imagen no aparece a simple vista ni forma parte de las escenas habituales del mar patagónico. Sin embargo, detrás de una especie pequeña y casi desconocida, un grupo de investigadores encontró un mecanismo de reproducción que no tenía registros previos dentro de su familia biológica. La estrella de mar Asterina fimbriata guarda a sus crías primero dentro del estómago y después las desplaza hasta la zona de la boca, donde terminan su incubación antes de salir al exterior.
El trabajo forma parte de la tesis doctoral de Ariana Alarcón Saavedra, becaria del Instituto de Biología de Organismos Marinos e integrante del Laboratorio de Reproducción y Biología Integrativa de Invertebrados Marinos. La investigación comenzó en 2021 y exigió campañas mensuales de muestreo hasta 2023, con recolección de ejemplares en Bahía Camarones y posterior análisis en Puerto Madryn. Esa combinación de campo y laboratorio permitió reconstruir una secuencia reproductiva que hasta ahora no se conocía en esta especie.


La investigadora explicó que la rareza no radica solamente en que la hembra cuide a sus crías, sino en el modo en que ese proceso ocurre dentro de su cuerpo. “Es una madre poco común porque bueno, primero que son las hembras las que se encargan de retener y cuidar a las crías”, señaló al describir el hallazgo. Luego precisó el mecanismo que sorprendió al equipo: “Las hembras, digamos, retienen a las crías primero dentro del estómago y a medida que esos embriones se van desarrollando como estrellas, van pasando desde el estómago hacia la boca”.
Ese comportamiento no era conocido dentro del grupo al que pertenece esta estrella de mar. De hecho, el hallazgo no solo aporta una curiosidad biológica, sino también una base nueva para entender la reproducción de una especie sobre la que casi no existían datos. “Es la primera vez que se registra ese comportamiento de incubación dentro de la familia a la que pertenece esta estrella”, afirmó Alarcón Saavedra.
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La especie estudiada vive a lo largo de la costa patagónica y también en parte de Chile, aunque su presencia suele asociarse a aguas profundas. En la zona de Camarones, donde se realizó la recolección, comienza a aparecer desde unos ocho metros, pero existen registros mucho más abajo. “Está reportada hasta 300 metros”, detalló la investigadora al ubicar a este animal dentro del ecosistema marino del sur.

El trabajo también permitió medir un dato que refuerza la idea de fragilidad. De acuerdo con la investigación, solo una porción muy baja de las hembras logra reunir la energía necesaria para reproducirse cada año. “Son muy poquitas, es el 8% que cada año logra poder reproducirse en el invierno”, explicó Alarcón Saavedra, y agregó que ese porcentaje equivale a “solamente 23 hembras” dentro del total estudiado.
La vulnerabilidad no pasa solo por cuántas hembras se reproducen, sino también por el esfuerzo biológico que demanda ese proceso. Durante meses, la madre no se alimenta y las crías dependen de reservas energéticas acumuladas con anterioridad. “La mamá no se alimenta, se alimenta previamente”, explicó la becaria, al tiempo que remarcó que “es muy muy costosa la reproducción” en esta especie.
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El tiempo también juega un papel importante en este ciclo. En el caso de Asterina fimbriata, el desarrollo de las crías dentro de la madre se extiende desde mayo hasta septiembre, aunque en otras estrellas de mar puede prolongarse mucho más. Esa diferencia obliga a estudiar cada especie durante períodos largos para evitar conclusiones apuradas o incompletas sobre su biología.
La cantidad de embriones tampoco es uniforme y varía de manera marcada entre una hembra y otra. El equipo encontró ejemplares con apenas cinco crías y otros con una carga mucho mayor. “Nosotros contamos en una hembra cinco embriones, en otras 99, o sea, ese fue el máximo”, indicó la investigadora, una cifra que ayuda a dimensionar la exigencia que supone sostener ese proceso reproductivo.

La investigación se apoya en campañas de buceo, trabajo de laboratorio y análisis prolongados, pero también en una red de colaboración mucho más amplia que la firma final de un paper. Alarcón Saavedra realiza su doctorado en la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco y explicó que detrás del proyecto hubo estudiantes, colegas, amistades y familiares acompañando cada etapa del muestreo y procesamiento. Esa trama silenciosa sostiene un tipo de ciencia que necesita tiempo, recursos y continuidad para convertir una observación extraña en conocimiento verificable.
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En paralelo, la difusión de la vida marina a través de transmisiones en vivo también ayudó a despertar interés social por especies que hasta hace poco quedaban fuera de la conversación cotidiana. La investigadora valoró ese fenómeno y remarcó su impacto en la curiosidad pública por los invertebrados del fondo marino. “Gracias a ese streaming fue como un boom”, resumió, y sostuvo que esa visibilidad resultó todavía más importante en un contexto atravesado por recortes y falta de financiamiento.
El estudio sobre esta estrella de mar no se cierra con este resultado. La intención de la investigadora es continuar con una beca posdoctoral y profundizar una línea que recién empieza a mostrar todo lo que todavía falta conocer bajo el agua patagónica. Mientras tanto, el hallazgo deja una escena difícil de olvidar: una madre diminuta, casi invisible para la mayoría, que convierte su propio cuerpo en refugio para que una nueva generación logre salir al mar.















