De motel a terreno baldío: la promesa incumplida del ACA frente al mar

Mi Archivo15/03/2026Sergio BustosSergio Bustos

Durante décadas, el Automóvil Club Argentino mantuvo un predio clave en la costanera de Puerto Madryn. Hoy, ese terreno valioso sigue sin destino mientras la ciudad mira al mar con un hueco urbano que nadie se anima a cerrar.

Puerto Madryn cambió radicalmente en los últimos treinta años. Pasó de ser una ciudad costera de paso a convertirse en un destino turístico nacional. Sin embargo, en el corazón de su zona más valiosa, a metros del muelle y frente a la rambla, hay un terreno vacío que simboliza más que abandono: refleja una deuda institucional. Se trata del predio del ACA, otrora ocupado por un motel que supo alojar viajeros en los años dorados del club. Hoy, ese lugar es apenas una postal de lo que no fue.

Durante buena parte del siglo XX, el Automóvil Club Argentino mantuvo en Madryn un motel con servicios básicos, pensado para sus afiliados y turistas. Las habitaciones eran sencillas, pero estaban frente al mar, con acceso directo a la playa y cerca del centro. Combinado con la estación de servicio, el complejo tenía una lógica integral: alojar y asistir al automovilista. Funcionaba como una posta moderna, en tiempos donde viajar por la Patagonia aún era aventura.

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El motel cuando estaba en funcionamiento.

La marca del ACA tenía peso. Representaba seriedad, previsibilidad, servicio. En Madryn, como en otras ciudades patagónicas, la institución ofrecía respaldo a los viajeros y empleaba personal técnico y administrativo. Muchos recuerdan al viejo motel como parte del paisaje habitual, con los autos estacionados y los carteles azules con el logo del club flameando en el viento costero.

Pero con el tiempo, la estructura quedó vieja, el mantenimiento se volvió escaso y el turismo cambió de escala. La ciudad empezó a atraer otro tipo de visitante, con nuevas exigencias de confort y conectividad. El ACA abandonó progresivamente el lugar y en los años 90 el motel dejó de operar. La ciudad crecía, la costanera se transformaba, y el predio del ACA se convertía en un espacio deteriorado, a la espera de definiciones.


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Fue entonces cuando el municipio propuso una solución. Durante la gestión de Victoriano Salazar, se concretó un acuerdo histórico: el ACA cedía el predio costero al municipio y, a cambio, recibía otro terreno enfrente, sobre la Avenida Rawson, de casi 13.000 metros cuadrados. En el espacio original, el Centro de Veteranos de Guerra construyó el Monumento a los Caídos en Malvinas. Fue un gesto de consenso: recuperar un lugar emblemático y preservar la memoria.

Del otro lado de la calle, el nuevo predio entregado al ACA parecía ideal para un desarrollo moderno. Durante años, se prometió allí un hotel de nivel medio-alto, con servicios integrales para afiliados y turistas. Se anunciaron concursos, se encargaron anteproyectos, hubo viajes de autoridades del club y visitas técnicas. Pero nada se concretó. “Estamos en proceso de evaluación del mejor modelo de inversión para Madryn”, repiten desde Buenos Aires cada vez que se reactivan las preguntas.

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El motel tenía ubicación privilegiada.

Pasaron tres gestiones municipales, varias presidencias en el ACA y múltiples planes turísticos para la ciudad. Pero el terreno sigue vacío. Ni hotel, ni estructura provisoria. Apenas un baldío cerrado con alambre, en uno de los corredores más cotizados de la ciudad. En el medio, rumores, especulaciones inmobiliarias y negociaciones trabadas.

El caso genera malestar. “Es incomprensible que el ACA, una institución con historia y recursos, mantenga inutilizado un predio tan estratégico. Le hace un daño directo a la ciudad”, señalan desde sectores ligados al turismo. La crítica no es solo urbanística: también es simbólica. Porque el ACA tuvo en Madryn presencia institucional fuerte, con empleados, camping, talleres y servicios. Hoy, eso quedó reducido a un camping en Punta Cuevas, con dormis, carpas y una proveeduría.

Además del impacto visual negativo, el baldío genera un efecto de estancamiento en una zona que podría dinamizarse con infraestructura, empleo y servicios. Varios empresarios locales han planteado que si ese espacio estuviera en manos de un inversor activo, ya se habría convertido en hotel, centro de convenciones o emprendimiento turístico. En vez de eso, permanece en estado de latencia crónica.

El municipio, por su parte, ha sido prudente. Aunque en off muchos funcionarios admiten la frustración, no han avanzado en medidas más duras. El predio pertenece al ACA por un convenio legítimo, pero el reclamo ciudadano se acumula. “Ese lugar no puede seguir vacío. El turismo crece, la ciudad avanza, y ese baldío es una afrenta a la planificación urbana”, afirman desde sectores profesionales.

En 2025, las autoridades del ACA volvieron a visitar Madryn. Aseguraron que el proyecto “sigue vigente” y que buscan un socio privado para ejecutarlo. Pero no dieron fechas, ni planos, ni señales concretas. El expediente se apila en algún archivo porteño, mientras el pasto sigue creciendo en la esquina más valiosa de la ciudad.

La historia del viejo motel del ACA es, en parte, la historia de una oportunidad desaprovechada. Una postal que simboliza lo que pudo ser y no fue. Un actor institucional que prometió inversión, pero dejó abandono. Y una ciudad que mira hacia el mar con orgullo, pero con una mancha sin resolver.

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Una vista maravillosa.
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