
Hay compradores esperando, pero la Patagonia todavía no tiene con qué responder
Chubut25/03/2026
REDACCIÓNLa visita de empresarios kuwaitíes entusiasmó al campo, pero también dejó a la vista un límite incómodo: sin stock, sanidad y planificación, el negocio no despega.

La posibilidad de exportar animales en pie volvió a meter expectativa en la ganadería patagónica, pero también dejó expuesta una verdad menos vistosa que el anuncio inicial. Hay demanda, hay contactos y hay un mercado que podría crecer, aunque del otro lado todavía falta reconstruir buena parte de la base productiva necesaria para sostenerlo. En ese punto puso el foco Osvaldo Luján, presidente de la Federación de Sociedades Rurales, al advertir que la oportunidad no vale demasiado si la región no logra recuperar primero los animales, los campos y las condiciones que perdió en los últimos años.
El dirigente planteó que la Patagonia no está frente a una discusión comercial aislada, sino ante una exigencia mucho más profunda y prolongada. Explicó que el stock ganadero viene cayendo desde hace 15 o 20 años y que, en esas condiciones, pensar sólo en el primer envío sería una forma rápida de frustrar cualquier horizonte de continuidad. Por eso sostuvo que “el primer embarque se estimaba en mil animales, pero eso podría dar continuidad”, aunque enseguida remarcó que para llegar a ese escenario primero hace falta una planificación conjunta con los gobiernos provincial y nacional que permita recomponer la capacidad productiva.


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La discusión, además, no se agota en criar más animales, porque el propio sector rural viene señalando obstáculos que se acumularon durante años y hoy condicionan cualquier intento de expansión. Luján vinculó esa recuperación con el trabajo sanitario, con proyectos hídricos, con mayor intervención frente a la sequía y con decisiones concretas sobre el deterioro de numerosos establecimientos. En ese marco, celebró la inversión anunciada por la provincia para combatir la sarna, superior a mil millones de pesos, y la describió como una herramienta necesaria para ordenar un frente que ya estaba en tratamiento dentro de la Coprosa y que resulta central si la Patagonia quiere vender más sin quedar atrapada por sus propias debilidades sanitarias.
El problema productivo tampoco aparece separado del estado real de los campos. Luján habló de establecimientos despoblados, de aguadas eliminadas, de alambres levantados y de zonas que quedaron muy lejos de un funcionamiento razonable después de años de abandono o de intervenciones que desplazaron la lógica ganadera. A eso le sumó otro dato que pesa cada vez más en la ecuación: el crecimiento de los predadores y la competencia del guanaco sobre el ovino, un escenario que volvió más difícil sostener niveles estables de producción y que, según dijo, exige recuperar equilibrio antes de prometer respuestas rápidas al mercado externo.
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La señal de entusiasmo que detecta entre los productores no alcanza, por sí sola, para revertir ese cuadro. El presidente de la Federación reconoció que en las rurales hay interés y optimismo porque apareció una oportunidad concreta, pero al mismo tiempo dejó claro que nadie desconoce la fragilidad de la estructura actual. Por eso puso como ejemplo que en algunos campos la predación pasó de 8% a 20%, una variación que vuelve inviable la rentabilidad del establecimiento y que muestra hasta qué punto la mejora del negocio no depende sólo del precio o del comprador, sino de una serie de condiciones previas que hoy siguen sin resolverse del todo.
En esa lectura, la exportación deja de ser el centro de la historia y pasa a ser apenas una consecuencia posible de un proceso más largo. Luján fue explícito al señalar que “no nos sirve un embarque inicial para después no poder cumplir con posibles mercados futuros”, y esa frase resume mejor que cualquier anuncio el clima que atraviesa al sector. Lo que está en juego no es solamente aprovechar una ventana comercial antes de que Kuwait deje de abastecerse en Australia, sino evitar que un negocio prometedor se convierta en una experiencia breve, sin escala y sin continuidad.
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La mirada del ruralismo, además, no se queda en los límites de Chubut ni plantea una salida provincial aislada. Luján recordó que desde 2022 las federaciones patagónicas vienen unificando posiciones y sostuvo que el trabajo debe pensarse a escala regional, con participación de Chubut, Santa Cruz, Río Negro y el resto de las provincias del sur que todavía tienen margen para integrarse a una estrategia común. En esa lógica, el repoblamiento ganadero, la sanidad, la infraestructura y la defensa de la actividad no aparecen como piezas sueltas, sino como parte de una agenda patagónica que necesita coordinación sostenida y no reuniones espasmódicas cada vez que aparece un comprador.
Otra parte del debate pasa por lo que ocurrió con la tierra durante los últimos años y por las actividades que desplazaron o desordenaron la producción. En la entrevista, Luján introdujo una observación importante sobre los parques eólicos: no negó su expansión, pero planteó que deben convivir con la ganadería y no reemplazarla ni vaciar campos como, según recordó, ocurrió en experiencias anteriores. En ese punto sostuvo que la producción ovina puede convivir con esas instalaciones igual que lo hizo con la actividad petrolera, y defendió un criterio de uso compartido del territorio para evitar que la renta de corto plazo vuelva a dejar establecimientos improductivos y sin plan posterior.
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También aparece una discusión económica que el campo patagónico viene empujando desde hace tiempo y que, para Luján, resulta decisiva si se pretende atraer inversores y reconstruir stock. El dirigente insistió en que Patagonia no es la pampa húmeda, que producir en el sur implica mayores costos, exigencias climáticas y una adaptación mucho más delicada de la carga animal a cada campo. Por eso reclamó incentivos, menor presión fiscal y créditos compatibles con la actividad, bajo la idea de que sin rentabilidad razonable no habrá repoblamiento ni productores dispuestos a volver sobre tierras que hoy quedaron afuera del circuito.
La oportunidad comercial existe y el propio sector la reconoce sin rodeos, pero la entrevista dejó algo más áspero que el entusiasmo inicial. Luján advirtió que, si la demanda externa se intentara cubrir con la estructura actual, “nos quedaremos sin animal en Patagonia”, una frase que corre el eje del anuncio y obliga a mirar el problema desde otro lugar. El negocio puede abrir una puerta importante para la región, pero sólo si antes se construyen las bases para que esa puerta no se cierre al primer embarque y deje, otra vez, la sensación de que la promesa fue mucho más rápida que la capacidad real de sostenerla.
















